Alimentos, mitos y ecología humana

2 de julio 2020

En un Apunte anterior me ocupé de los aspectos más estrictamente físicos de la alimentación. Una alimentación que cambiará mucho en las próximas décadas, como todo en la constante aceleración cultural en la que estamos inmersos.

Foto: Projecte Burden

Foto: Proyecto Burden

En el mundo hay gente que pasa tanta hambre que Dios sólo se le puede aparecer en forma de pan.

Mahatma Gandhi

Tu stesso ti fai grosso

Col falso imaginar, sí che non vedi

Ció che vedresti si l’avessi scosso

(A ti mismo entonteces, con tanto fantasear que no te deja ver lo que verías si no lo hicieras)

Dante, Divina Comèdia, Paradís, Cant I, 90

Introducción: mitos y alimentos

En un Apunte anterior me ocupé de los aspectos más estrictamente físicos de la alimentación. Una alimentación que cambiará mucho en las próximas décadas, como todo en la constante aceleración cultural en la que estamos inmersos. Buena parte del consumo de carne será sustituido por proteínas fabricadas industrialmente y la ingeniería genética tendrá un impacto creciente en lo que comemos. La adaptación al cambio climático obligará a modificar la distribución territorial de muchos cultivos y esto afectará a poblaciones rurales importantes que tendrán que cambiar de vida y, en algún caso, incluso, de país. El riesgo de pandemias puede modificar algunos hábitos alimentarios. Se requiere cierta desglobalización que reduzca el transporte y favorecezca la autonomía alimentaria y los productos de proximidad.

Mercat. Foto: Peter Wendt CCBY

Mercado. Foto: Peter Wendt CCBY

No creo, sin embargo, que se pueda entender nuestra ecología sin tener presente que está muy condicionada por el peculiar funcionamiento de nuestra mente, que genera productos inventados que nos organizan el comportamiento, las relaciones sociales e individuales y las interacciones con el entorno físico y biológico. Tal vez por eso, Wilson (2007) hizo su llamamiento a los líderes religiosos para que se unieran a la lucha por la defensa ambiental.

Los cazadores-recolectores no se consideran superiores a otros animales y elementos del entorno, mientras que en las sociedades agrarias se estableció muy pronto un "diálogo" entre humanos y divinidades que marginó al resto de seres vivos, ya considerados como propiedad de los humanos y parte de su trato con los dioses.

En aquel Apunte, decía que la existencia de conjuntos compartidos de lenguajes y de mitos que dan explicaciones del mundo cohesionan grupos humanos cada vez mayores (Harari, 2016). Muchos mitos se relacionan con el tema de la alimentación. En culturas animistas o religiosas, politeístas o monoteístas, han sido habituales las ofertas de alimentos a los espíritus de los muertos, a los de la naturaleza o a las divinidades más poderosas, como si estos “entes” estuvieran siempre hambrientos. La comida, escasa y valiosa, era una oferta digna. Pero no era a cambio de nada, se esperaban recompensas: buenas cosechas, muchas crías de ganado, victorias guerreras o calmar las iras del cielo. Los cazadores-recolectores no se consideran superiores a otros animales y elementos del entorno, mientras que en las sociedades agrarias se estableció muy pronto un “diálogo” entre humanos y divinidades que marginó al resto de seres vivos, ya considerados como propiedad de los humanos y parte de su trato con los dioses. Los humanos, al esclavizar parcialmente a la naturaleza (por la domesticación de plantas y animales) se apartaban de ella.

Fragment de paret de la tomba de Satbahetep i Neferkhau, calcària, 2100-1940 a.C., Egipte, ofrenes

Fragmento de pared de la tumba de Satbahetep y Neferkhau, calcárea, 2100-1940 a.C., Egipto, ofrendas. Foto: Manel M.V CCBY

Las ofertas sacrificiales estaban en consonancia con la red trófica de los humanos: se ofrecía lo que se valoraba. Cuando las proteínas eran muy escasas, como ocurría entre los aztecas (que no tenían animales domésticos productores de carne), se podían hacer sacrificios humanos. El canibalismo permitía superar las carencias de proteínas (Harris, 1991), y los mitos lo justificaban: al comer la carne, el corazón o el cerebro de los enemigos, se adquiría la fuerza, el valor y la sabiduría de ellos. Los sacrificios fueron desapareciendo en las grandes religiones, pero hay una relación trófica simbólica en la consagración y comunión de la misa. Ingerir la hostia, presentada como el cuerpo de la divinidad, requiere que el creyente se haya purificado por la confesión y el perdón de los pecados. La costumbre de bendecir la mesa obedece a la creencia de que es la benevolencia de Dios la que nos da de comer, más que la naturaleza. Las normas sobre qué, cómo y cuando hay que comer (y sobre el ayuno) tienen la función de cohesión, identitaria, para los miembros de las comunidades de cada cultura, y la de limitar el abuso de los placeres de la carne en bien del espíritu. El ayuno o la abstinencia de ciertos alimentos en algunos periodos del año tiene también un significado de purificación espiritual.

En culturas de todo el mundo es habitual creer que las plantas presentan "signaturas" con las que las divinidades indicaron a los humanos cuáles eran las virtudes de estas plantas para curar afecciones.

Muchas explicaciones de la realidad resultan pintorescas. En culturas de todo el mundo es habitual creer que las plantas presentan “signaturas” (en formas, color, disposición de los órganos, hábitat, etc.) con las que las divinidades indicaron a los humanos cuáles eran las virtudes de estas plantas para curar afecciones. Todos nuestros naturalistas deberían leer la extraordinaria introducción de Las plantas medicinales, de P. Font Quer, donde este tema es desarrollado con tanta erudición como gracia. Allí encontrarán ejemplos magníficos. Que la nuez recuerde algo un cerebro no significa que cure las enfermedades del cerebro. Pero las hierbas medicinales han sido muy importantes y aún lo son, porque muchas funcionan.

Portada del Llibre

Portada del Libro

Para aprender sus virtudes, más que las “signaturas” divinas han servido la observación del comportamiento de los animales, que comen determinadas plantas para combatir desde trastornos intestinales a picaduras de serpiente, nuestra experiencia y más recientemente los estudios farmacológicos. Los organismos contienen muchos principios activos que la química a menudo extrae o sintetiza en el laboratorio a partir de la larga experiencia de los herbolarios. Entre las razones para proteger la biodiversidad, una es el potencial curativo de productos que no se han podido sintetizar y otra es que hay muchos organismos que nunca se han estudiado para saber si producen sustancias de aplicación medicinal. El tema se aprovechó en un filme de 1992, Los últimos días del edén (original Medicine Man), dirigida por John McTiernan, con Sean Connery. Un científico y su ayudante buscan un principio activo en una planta epífita que vive en las ramas altas de un bosque lluvioso, con cuyos extractos han obtenido buenos resultados contra cánceres. Desgraciadamente, el principio activo no se halla en la planta, sino en unos insectos que viven en la misma y que ellos no han detectado. El bosque en cuestión es destruido por un incendio provocado en el afán de cambiar el uso del suelo. Es el mensaje ecologista del film: al destruir la biodiversidad, existe el riesgo de perder conocimientos benéficos. Sobre este tema hay no pocos conflictos, y también intentos interesantes ligados a la conservación (fue pionero el convenio Merck-INBIO para la diversidad biológica, de 1991), relacionados con la explotación de patentes de laboratorios extranjeros hechas a partir de organismos de países pobres, que no tienen la capacidad científica para estudiar las propiedades farmacológicas de su flora y fauna.

 

Alimentos, religión y organización social

En la Epopeya de Guilgamesh, de hace 4700 años, el rey Guilgamesh, con el fin de acceder a la inmortalidad, ha de comer una planta que crece en el fondo del mar: la saca pero, agotado, se duerme, y una serpiente le roba la preciosa planta. Esta serpiente viene a ser el destino: no era voluntad de los dioses que los humanos fuesen inmortales. En el Génesis, la serpiente era el diablo que tentó a Eva para que comiese el fruto prohibido del árbol del conocimiento. Una vez Adán y Eva expulsados ​​del paraíso, se habla de sus hijos Caín y Abel. Abel no dejó descendientes, pero Caín tuvo, con su mujer (que el texto no explica de dónde había salido) un hijo, Enoc, que fue el primero que construyó una ciudad (¿para qué gente?). La transición cultural desde Adán y Eva hasta el establecimiento de poblaciones en ciudades se explica en tres generaciones de una familia, aunque el proceso real necesitó muchos miles de años. Una serpiente sirvió de disfraz al diablo para tentar a Eva a comer el fruto prohibido. Los mitos se propagan, con pequeños cambios entre culturas y la científica no es una excepción. En ciencia, el mito más conocido es el de la manzana que cae sobre la cabeza de Newton y le hace descubrir la ley de la gravedad. Hay un árbol, un fruto y el conocimiento en el Génesis, un árbol, un hombre a su sombra y la Iluminación en el budismo. Mitos, religión y magia tienen un futuro garantizado mientras exista el Homo sapiens, mucho más emocional que racional.

Las divinidades más antiguas son el Sol y la Tierra, ésta a menudo representada por una mujer fértil o por un personaje hermafrodita.

La complejidad de los ciclos estacionales, los calendarios para los trabajos, la germinación y el crecimiento de las plantas, la producción de frutos, los utensilios para arar y trillar, etc., han sido asociados a intervenciones divinas, favorables (el sol, la lluvia, etc.) o adversas (la sequía, el rayo, etc.), y las divinidades más antiguas son el Sol y la Tierra, ésta a menudo representada por una mujer fértil o por un personaje hermafrodita.

Demeter és la deesa grega de l'agricultura i la fertilitat

Demeter es la diosa griega de la agricultura y la fertilidad

La Tierra como madre que nos alimenta está presente en muchas culturas. En Mesopotamia, la madre de todos los dioses es Anat que, en la mitología egipcia, es Hathor, esposa de Osiris, hijo de Geb, la Tierra, y de Nut, el Cielo, quien introduce la agricultura y el derecho en el valle del Nilo. En China, esto lo hizo Shennong, el Granjero Divino. En Grecia, esta función la representan Deméter y su hija Perséfone, Ceres y Proserpina para los romanos. Para cartagineses, fenicios e ibicencos, es Tanit, Devi para los hindúes, Aine y Anu para los celtas, K’wahil para los mayas, Xochipilli para los aztecas. La agricultura es un regalo de los dioses y, a la vez, la consecuencia de un castigo (ganarás el pan con el sudor de tu frente): por más que se agradezcan los dones divinos de las artes agrícolas, en el paraíso o en la Edad de oro bastaba con cosechar los frutos de la tierra, sin tener que trabajar para que crecieran, mientras que el agricultor debe labrar, cuidar, cosechar, tratar y conservar, rogando que el tiempo (el sol, la lluvia, etc.) sea propicio. Regalo o maldición? La agricultura obliga al sedentarismo y a labrar bajo un sol inclemente. Plinio el Viejo, admirando la gran variedad de plantas, dijo que fueron creadas para las necesidades y el placer de los humanos, pero que estos no son siempre envidiables: a diferencia de otros animales, no saben nada sin instrucción, desean honores y posesiones, piensan en su tumba e imaginan un futuro más allá de la muerte (Singer, 1958).

Los humanos, a diferencia de otros animales, no saben nada sin instrucción, desean honores y posesiones, piensan en su tumba e imaginan un futuro más allá de la muerte.

Plinio el Viejo

 

La relación con los espíritus humanos u otros

En algunas tribus amazónicas el chamán dicta la limitación de la caza o la pesca y negocia con los espíritus de los animales.

Los muertos no se limitan a desaparecer discretamente, ya que la imaginación humana no lo quiere así. Pronto aparecieron los enterramientos con ajuares y alimentos: los hay neandertales de hace al menos 300.000 años, pues ya creían en una vida después de la muerte y el difunto necesitaba llevarse comida y herramientas para esta nueva etapa. En todo el mundo se encuentran formas de animismo, chamanismo y magia que “exploran” la relación con el mundo de los espíritus e individuos que dicen tener contacto con los muertos y espíritus alcanzan un poder importante. En algunas tribus amazónicas el chamán dicta la limitación de la caza o la pesca para mejorar la gestión (desobedecerle puede provocar enfermedades) y negocia con los espíritus de los animales o algún ser intermediario para pedir el retorno de las almas ocultas de bestias, es decir, para aumentar las posibilidades de caza: las cosas del espíritu están fuertemente ligadas a cuestiones muy terrenales, como el “pan nuestro de cada día”. Se pide a las almas de los animales cazados que transmitan a los vivos la idea de que no es malo ser cazado y muerto. Esto ocurre en los trópicos y también entre los esquimales. Los masáis, que son monoteístas (su dios es Ngai, el portador de la lluvia, y ellos son el pueblo preferido con derecho a apoderarse de los rebaños de los vecinos, las hierbas y el ganado son sagrados), sólo entierran a personas especialmente relevantes y dejan los otros cadáveres a los carroñeros. Entre los inuits, las almas de los muertos en parte pasan a un pariente y Kaila, el dios del cielo (tienen otros), primero creó sólo al hombre i a la mujer, y luego pidió a ésta que hiciese un agujero en el hielo del que salieron todos los animales, el último el caribú que sería el principal para alimentar y vestir a los humanos. Es interesante para los ecólogos que, cuando los humanos hubieron ya sacrificado a los animales más bellos, Kaila hizo que sacasen del hielo al lobo, para eliminar los caribús enfermos y débiles y mantener el vigor de la especie. Los mitos “explican” la realidad.

Masai a Ol Doinyo L’Ngai Foto: SEA.com.uy

Massai en Ol Doinyo L’Ngai Foto: SEA.com.uy

El chamán necesita algunas ayudas para transitar entre el mundo natural y el de los espíritus: la música y danza, a menudo con instrumentos de percusión, el ayuno, las drogas (marihuana -Cannabis sativa-, cactus de San Pedro -Trichocereus pachanoi-, peyote, -Lophophora wiliamsii, que es otro cactus-, varios hongos alucinógenos, ayahuascas -son bebidas hechas a partir de Banisteriopsis caapi, una malpiguiàcia, y Psychotria viridis, una rubiácea, o bien Diplopterys cabrerana, también una malpiguiàcia, datura -Datura stramonium- y belladona -Atropa belladona- que son dos solanáceas, etc.) y dietas especiales, como alimentos ricos en triptófano, un precursor de la serotonina (nuestro cuerpo lo produce en menos cantidad cuando envejecemos y es una buena ayuda para mejorar el estado de ánimo; se vende en las farmacias, caro, como complemento nutricional). Los chamanes ejercen también de curanderos u hombres medicina, en base a su conocimiento de las propiedades de las plantas. Animismo y chamanismo impregnaron las religiones politeístas (p.e. los misterios de Eleusis) i también las monoteístas (en los conventos se estudiaban las hierbas y se hacen aún licores i dulces; el exorcismo es una práctica relacionada con el chamanismo). Muchas fiestas y muchos rituales de las grandes religiones monoteístas son “adaptaciones” de otros mucho más antiguos. Pese a que el cristianismo o el budismo han perseguido, a veces cruelmente, las manifestaciones de espiritualismo animista o de otro tipo. y persisten o reviven por todas partes formas de religiosidad más próximas al animismo que a la creencia en un único Dios creador, como enseguida veremos.

El presidente de México Francisco I. Madero veía el espiritismo como una manera de usar los avances científicos y tecnológicos de su época para superar la crisis de violencia y hambre que sufría su país.

La fantasía humana fabrica espíritus, fantasmas y no-muertos. En la Biblia el rey Saúl trata de comunicarse con Samuel por medio de una adivina, el equivalente de una médium. Tomemos un ejemplo más moderno. A finales del siglo XIX, la comunicación con los muertos hizo furor con el espiritismo, un invento del francés Allan Kardec que hereda y desarrolla la antigua creencia. Alfred Russell Wallace, codescubridor con Darwin de la evolución por selección natural, fue espiritista. Sir Arthur Conan Doyle, creador de las novelas de Sherlock Holmes, también, y escribió una historia del espiritismo (publicada en 1926). También lo fueron Victor Hugo, Charles Dickens o Camille Flammarion, y un médium espiritista, teósofo y homeópata, Francisco I. Madero, fue presidente de México. Madero era un hombre educado, que estudió técnicas agrícolas en Estados Unidos. Al ser elegido, en 1911, con casi el 90% de votos frente a Porfirio Díaz, se inició la revolución mejicana porque Díaz y el general Victoriano Huerta no aceptaron el resultado. Emiliano Zapata luchó por Madero y, después, en su contra, por desacuerdo con su deseo de desmovilizar las tropas revolucionarias y por la falta de progreso en la reforma agraria -Zapata siempre exigió la restitución a los agricultores de las tierras que los grandes latifundistas les habían arrebatado-, hasta que Madero murió asesinado en 1913 por orden de Huerta, a quien había confiado el ejército.

Madero veía el espiritismo como una manera de usar los avances científicos y tecnológicos de su época (los años previos a la revolución mejicana son los de la Gran Transición, con la exposición de París de 1900) para superar la crisis de violencia y hambre que sufría su país bajo el dictado de Porfirio Díaz y pasando por la recuperación de un sentido religioso en el nuevo contexto histórico. Decía que dos espíritus, un hermano pequeño suyo, Raúl, muerto a los cuatro años, y un llamado José, le animaban a promover la moral pública y la democracia. Los círculos espiritistas en que se movía estaban formados por gente culta, que compartían su ilusión por el cambio revolucionario /(un reformismo social parecido al de sociedades esotéricas como los rosacruces, los francmasones los carbonarios, etc., o al que supuso en España el krausismo, expresado sobretodo en la Institución Libre de Enseñanza que, por cierto, priorizaba la aproximación a la naturaleza, laico pero con un elemento espiritual que exaltaba la piedad, la abnegación y el altruismo). La fuerza del espiritismo en estos círculos mejicanos desapareció con la muerte de Madero, pero los espíritus colean. Zapata siguió luchando en defensa de los campesinos y contra el gobierno ya presidido por Carranza hasta que él mismo fue asesinado en 1919. Muchos mejicanos no creyeron en su muerte y “veían” a su fantasma cabalgar en noches de luna llena por las tierras por las que luchó.

La historia está llena de luchas épicas para defender la tierra, en unos casos de los abusos del rey o de feudales u otros porque, como decían los revolucionarios mejicanos, la tierra es de quien la trabaja, en otros porque los ganaderos se oponían a que la tierra fuera trabajada y parcelada con alambres de espino, en otros para evitar el expolio de los espacios donde viven todavía poblaciones de cazadores-recolectores o el deterioro de los espacios naturales en peligro. Seguramente, Brasil es ahora mismo el principal escenario: las poblaciones indígenas de la Amazonia defienden, en clara inferioridad de condiciones, sus selvas, que a todos nos convendría que siguieran siéndolo.

En el espiritismo de Kardec, el ser humano es un ángel en formación y la reencarnación es esencial, se trata de una doctrina totalmente contraria al catolicismo. Según el artículo Spiritism de Wikipedia hay cerca de 20 millones de adeptos en Brasil, donde 40 millones más aceptan parte de las ideas espiritistas u otras raíces africanas.  El cadoaísmo de Vietnam es una versión de las ideas de Kardec. En Estados Unidos, la ciudad de Cassadaga, en Florida, es el centro del espiritismo donde se congregan médiums. Acuden a ella miles de personas para comunicarse con los difuntos y para ser curados por imposición de manos. Una encuesta en este país halló que el 45% de las personas creen que espíritus o fantasmas pueden hacerse presentes en ciertos lugares y circunstancias. ¿Podemos tomar a la ligera las creencias de tanta gente? Su incidencia es grande en las motivaciones de muchos humanos. También hay mitos “laicos” sobre divinidades igualmente inventadas, como el libre albedrío, el progreso indefinido, el crecimiento sostenido y el poder regulador del Mercado. Seattle, jefe de los indios swamish, en su célebre carta (uno de los documentos más conocidos del ecologismo) de respuesta al presidente Franklin Pierce de los Estado Unidos que le proponía la compra de las tierras de su tribu, tras explicar el vínculo entre la tierra y los espíritus de los antepasados, dice lo que sigue, que expresa una idea muy moderna, y muy antigua, la de la red de la vida:

 Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos; todas las cosas están ligadas como la sangre que une a una familia. El sufrimiento de la tierra se convertirá en sufrimiento de los hijos de la tierra. El hombre no ha tejido la red que es la vida, sólo es un hilo más de la trama. Lo que le hace a la trama se lo hace a sí mismo.

Seattle

Seattle cuestionaba los fundamentos de la economía capitalista, basada en el expolio sistemático y acelerado de los recursos, la generación de ilusiones con falsedades, el control por las drogas y otras adicciones y la especulación sobre valores que no tienen otro fundamento ni otra firmeza que la que deriva de los rumores y de noticias y realidades creadas con el propósito de engañar y sacar rédito. Los progresos producidos por el capitalismo son muchos y reales, pero la destrucción ambiental también.

El cap Seath'tl als 80 anys.

El jefe Seath’tl a los 80 años. Fuente: Wikipedia

 

Nuevas y viejas religiones

En las religiones de todo tipo siempre han existido espacios que han sido considerados depositarios de valores espirituales, desde los bosques sagrados de los sumerios a los que rodean santuarios y monasterios, ello incluso en religiones que, como el cristianismo, atribuyen a los humanos el dominio de la naturaleza. Hay por tanto una persistente relación de tipo espiritual con ciertos espacios naturales anterior a las ideas modernas sobre conservación de la naturaleza desarrolladas desde mediados-finales del s. XIX (Mallarach 2018). Por otro lado, han aparecido algunas formas de neopaganismo y religiones modernas que tienen paralelismos con la ecología profunda (véase mi Apunte sobre esta filosofía, http://blog.creaf.cat/coneixement/lecologia-profunda/). Una parte derivan de la brujería y del chamanismo, otros son intentos de reivindicar culturas de los antiguos (nórdicos, griegos y romanos, celtas [neo-Druidismo], guanches canarios, bálticos, del tengrianismo turco-mongol e, incluso, algunos cultos egipcios). El neo-druidismo establece lazos entre “los seis países o naciones celtas” (Bretaña, Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles y la isla de Man, que procederían de los seis trozos de Excalibur, la espada del Rey Arturo, quien volverá algún día para reunirlos). Los comics de Astérix han hecho popular la figura del druida, sabio, brujo y adivino, con el roble y el muérdago sagrados y la guadaña de oro para cosechar el muérdago, pero esto viene de Plinio el Viejo: no quedan testimonios más antiguos, aunque estos rituales podrían ser anteriores a la Edad del Hierro.

El mateix secret de la poció màgica d'Astèrix es trobava a la copa dels roures. És aquí on sempre trobàvem a el druida Panoràmix recollint vesc de les branques dels roures que envoltaven el llogaret.

El mismo secreto de la poción mágica de Astérix se encontraba en la copa de los robles. Es aquí donde siempre encontramos al druida Panorámix, recogiendo muérdago de las ramas de los robles que rodeaban la aldea.

En Canarias, los guanches eran una rama amazigh (bereber), animistas que creían en la reencarnación, adoraban al Sol y a la Luna y hacían sacrificios, incluso humanos; La Iglesia del Pueblo Guanche tiene a Tanit por Diosa Madre, una divinidad procedente de Cartago asociada a la Luna y a la fertilidad y extendida por los fenicios a todo el Mediterráneo que fue especialmente importante en Ibiza (donde se han hallado más estatuas de ella, sobretodo en la Cova des Culleram). El neo-tengrianismo defiende, como en el caso celta, la reunificación de los países turánicos y una religión que tiene por dios a Tengri, el Cielo, y que considera sagrados los recursos de la tierra, sobre todo el agua. En Lituania, la religión Romuva revivió al caer la URSS: cree en dos diosas principales, Laima y Zemyna, la Madre divina que protege a los humanos y la Madre Tierra que protege a plantas y animales. En Letonia, en 1925 se inició un movimiento reconstruccionista con el nombre de Dievturība que se puede calificar de panteísta. El paganismo germánico-escandinavo que practicaban los pueblos godos y vikingos también tiene versiones reconstruccionista: la religión Ásatrú (palabra usada por primera vez por el compositor Edvard Grieg en 1870) se basa en las creencias de los vikingos, con numerosas deidades, y da importancia al culto a la naturaleza, que es la fuente espiritual: la Madre Tierra fue la primera esposa de Thor.

 

"Zemyna and Winter" Painting by Vaida Mikliusiene

“Zemyna and Winter” Painting by Vaida Mikliusiene

El helenismo y el Camino Romano a los Dioses son intentos de recuperar los cultos de la Grecia y la Roma clásicas. La Wicca es una religión biteísta (dos divinidades, femenina y masculina) fundada por el inglés Gerald Gardner a mediados del s. XX. Lo que tienen en común casi todas estas religiones neo-paganas es el respeto y la sacralización de la naturaleza y de cada ser natural y de sus creencias: la tolerancia es básica, ya que todo es parte de las divinidades y por tanto sagrado; y también comparten una concepción cíclica de la vida, con un papel esencial de la reencarnación. A menudo, emplean la magia. Mucho de esto se encuentra en el candomblé y la santería (derivados del culto africano yoruba), ya mencionados. Parte del éxito del candomblé se debe al papel igualitario asignado a las mujeres y a su respeto por las opciones sexuales.

Harari (2016) dice que la nueva religión es el dadismo, que parte de que los organismos son algoritmos y la vida un procesamiento de datos y que se puede lograr la inmortalidad mediante algoritmos externos que hacen uso de los datos de la biología y del potencial de la inteligencia artificial.

Aunque para un científico pueda ser decepcionante, es probable que la defensa de la Madre Naturaleza y de la mujer pase de las protestas y las acciones ecologistas y feministas a la génesis de una mitología que vuelva a dar “sentido a todo”. Esto sería más popular que los “sermones” que damos los científicos, me temo. Creo que no sería difícil pensar el argumento de una novela futurista en que, ante los desastres originados por la destrucción del entorno, se produjera un movimiento religioso que partiese de bases similares a las de estos neopaganismos. La filósofa Hipatía de Alejandría, mártir del fanatismo cristiano y la primera mujer matemática de que tenemos noticia, también astrónoma e inventora de aparatos de observación y medida, recuperada por Voltaire y Gibbon, ha sido convertida por los neopaganos en una especie de santa que el feminismo ha adoptado. Amenábar hizo en el filme Agora (2009) un relato de su vida. El loable paso del papa Francisco en la encíclica Laudato si’ de defender la “casa común” es un intento desde el cristianismo de asumir la crisis ambiental, pero una mitología centrada en la relación entre un Dios creador y un “rey” de la creación, el ser humano, no es atractiva para las personas emocionalmente implicadas en el futuro de la Tierra.

Las religiones orientales mantienen una mayor integración de humanos y naturaleza, como ocurre en el budismo, el taoísmo y el confucianismo. El tao es la unidad esencial de todas las cosas y el confucianismo hace hincapié en la armonía de los humanos en el cosmos. El ascenso de China y la India, la presión del islam y la pérdida de poder de Occidente pueden reducir bastante el ámbito del catolicismo. Pero no se puede descartar la aparición de nuevas religiones “ecologistas”. Un movimiento religioso ecologista-feminista más tecnológico podría ser una respuesta efectiva a la destrucción del entorno (no expreso un deseo personal, sino una posibilidad que creo verosímil, sobretodo si se suceden desastres ambientales), y no podemos descartarlo (no expreso un deseo personal, sino una posibilidad, verosímil sobretodo si hay sucesivos desastres ambientales). Harari (2016) dice que la nueva religión es el dadismo, que cree en la internet de todas las cosas, parte de que los organismos son algoritmos y la vida un procesamiento de datos y que se puede lograr la inmortalidad, la felicidad y el poder mediante algoritmos externos que hacen uso de los datos de la biología y del potencial de la inteligencia artificial. No queda claro qué papel reserva a la inmensa mayoría de ellos, convertidos en inútiles, pero si tienen alguno puede que se sirvan de una nueva convicción religiosa que tendrá mucho de panteísta, porque la internet de las cosas lo ligará todo y todos querrán formar parte del flujo general de datos. Ya hoy el mayor deseo de los adolescentes es formar parte de este flujo universal, estar y ser visible en él.

Marie Spartali fent de Hypatia, fotografía de 1867, por Julia Margaret Cameron.

Marie Spartali haciendo de Hipatía, fotografía de 1867, por Julia Margaret Cameron.

 

Mitos, religiones, imperios, experimentos sociales

El Imperio Romano persiguió al cristianismo durante más de dos siglos, pero finalmente comprendió las ventajas de una religión que no pedía sacrificios costosos, reconocía al César lo que era del César y predicaba la resignación en esta vida y la felicidad en otra, después de la muerte. Las persecuciones contra los cristianos fueron crueles, pero no causaron más allá de unos miles de muertos, mientras que los enfrentamientos entre religiones monoteístas, o dentro de ellas entre ortodoxos y herejes, en siglos posteriores, originaron muchos millones de muertes. Las religiones acompañaron a los imperios en sus aventuras, legitimando guerras santas y terribles matanzas, y diciendo que la enorme mortalidad de los indígenas (del orden del 95% en la mayor parte de las Américas y Oceanía), debida a la viruela y otras enfermedades transmitidas por los europeos, eran una clara señal de la voluntad divina de que los conquistadores se apropiaran de las tierras que durante miles de años habían sido mal aprovechadas, decían, por paganos salvajes. Las religiones todavía apoyan a los poderosos y sirven como señal de identidad frente a “otros”. Es tradición que los ejércitos que van a la lucha sean bendecidos por religiosos, aunque recientemente el clero ortodoxo ruso ha decidido dejar de bendecir las armas de guerra, tales como aviones de caza o acorazados. Las religiones predican el amor y la caridad para con los pobres y asumen, a menudo hasta el heroísmo, tareas de asistencia. Al mismo tiempo, educan a los indígenas en los valores de los conquistadores, sin denunciar el esclavismo y otros abusos, salvo honrosas excepciones. Incluso han cerrado los ojos al pago de gratificaciones por la muerte de indígenas (a tanto por melena, cabeza u oreja, al igual que se hacía por la muerte de alimañas): el último pago por orejas de bosquimanos ¡kung en Sudáfrica ocurrió en 1938, pero hoy todavía algunas de estas etnias son regularmente cazadas por las vecinas como si fueran animales) y los individuos capturados a veces sirven de comida) sin que se alcen voces en su defensa.

Boiximans de Namibia. Font_ Wikipedia

Bosquímanos de Namíbia. Fuente_ Wikipedia

Todas las sociedades han tenido creencias, rituales y tabúes relacionados con los alimentos. En algunos casos se creía necesario pedir perdón al animal que se iba a sacrificar. En otros se especifica detalladamente cómo se debe hacer este sacrificio (musulmanes y judíos), con rituales aún más complicados para los días de fiesta importantes. Estos rituales, inicialmente quizás justificados por creencias, a menudo han derivado en costumbres asociados a una mejor manera de preparar la comida para obtener el sabor adecuado y con un conjunto de “buenas maneras” en la mesa. Pero del mismo modo que pensar en la comida de los pobres nos había reducido aquí a repartir la “sopa boba” o invitar a un pobre a los banquetes de Navidad (recordamos la amarga sátira del Plácido (1961) de Berlanga, de la que recuerdo aquel villancico terrible que decía: Madre en la puerta está un niño, / tiritando está de frío, / Anda y dile que entre / y se calentará, / Porque en esta tierra / ya no hay caridad, / ni nunca la hubo, / ni nunca la habrá…), también es cierto que aparecen nuevas iniciativas ambiciosas y excelentes, como el Banco de los Alimentos. Si destruir las fuentes de alimentación del enemigo ha sido una práctica usual en las guerras y cerrar los ojos al hambre de los demás una práctica usual por parte de los gobiernos (primero, nosotros), no es menos cierto que son frecuentes los actos de altruismo por parte de ONGs y particulares a la hora de socorrer poblaciones amenazadas por el hambre y que no es infrecuente que a ello contribuyan entidades pertenecientes a iglesias diversas. No es propósito de este artículo criticar las religiones ni tapar sus vergüenzas. Lo que pasa es que el altruismo individual, que ciertamente existe y que puede basarse en un sentimiento religioso o humanista laico, no es incompatible con la cobardía que suele afectar a las instituciones, sean iglesias, estados o sociedades internacionales como la ONU.

La mitología del Progreso y del Crecimiento Sostenido en una Economía de Mercado Auto-regulado parece destinada a caer en el abismo de la destrucción del entorno.

Con la Ilustración, Occidente empezó a deshacerse de los viejos mitos religiosos… para construir otros nuevos sobre la base del individuo y del libre albedrío, dos inventos de nuestra mente (Harari, 2016). En la primera declaración de los derechos del hombre, la de los Derechos del Buen Pueblo de Virginia de 1776, precedente de la Declaración de Independencia americana y de la de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa (1789), los autores, en su punto 16, se sintieron obligados a decir que “…la religión o los deberes que pesen para con nuestro creador y la manera de cumplirlos, sólo pueden regirse por la razón y la convicción, no por la fuerza o la violencia…” Sonaba bien, pero las nuevas religiones que tomaban el mando no eran menos guerreras y se ocupaban más de las masas que de los ciudadanos. Tanto el marxismo como el liberalismo comparten con las grandes religiones monoteístas el mito de la caída inicial (por un pecado original nunca explicado, véase Steiner, 1974) de la Humanidad y la promesa mesiánica del progreso hacia un futuro edénico. La mitología marxista, la fe en una sociedad sin clases (un paraíso social), llevó a una dictadura burocrática brutal, que persiguió inflexible los herejes (purgas soviéticas, asesinato de Trotsky, gulag) y al colapso de la capacidad productiva. El mito de que la Pureza Racial Aria haría un mundo mejor llevó al Holocausto de los “diferentes” (judíos, gitanos, discapacitados, objetores, etc.) y a que las élites nazis se apropiasen de sus bienes. La mitología del Progreso y del Crecimiento Sostenido en una Economía de Mercado Auto-regulado parece destinada a caer en el abismo de la destrucción del entorno, el crecimiento del paro y el desenfrenado apalancamiento financiero (el uso de dinero ajeno para financiar inversiones, con créditos para pagar créditos para pagar créditos…): la deuda global, o sea de gobiernos, empresas y familias, ya superaba antes de la COVID19 el 340% del PIB global (los bonos de deuda pública son un 47% del total), es decir que asciende a unos 253 billones de dólares, más de 32.500 dólares por cada habitante del planeta (IIF, 2020). Un endeudamiento así no tiene otra salida que justificar nuevos endeudamientos con la guerra, el recurso habitual, o que una enorme catástrofe natural o una epidemia haga caer el castillo de cartas y permita cambiar el juego, como cuando sale el 0 a la ruleta. El coronavirus permitirá nuevos créditos e ir tirando, pero los créditos se tienen que pagar.

No parece que el mito del Mercado que todo lo regula pueda seguir aguantando, cuando la economía “real” es una pequeña parte frente a la especulativa, cuando los intereses bajos fomentan la especulación con dinero ajeno que sólo se puede devolver con nuevos endeudamientos y sobre todo cuando no se genera trabajo para grandes masas de población (y por tanto no hay consumo). Ahora, las masas, antes necesarias para fabricar y guerrear, estorban y piden techo y comida a cambio de nada, porque hay poco trabajo que no hagan mejor unos robots. No sabemos que vendrá tras el tecno-capitalismo: un mundo regido por algoritmos mejores que nosotros, por unas élites de humanos mejorados (en su genética y con prótesis robóticas internas o externas, o sea cyborgs) que esclavizarán o marginarán (o eliminarán) a los demás humanos, unas sociedades cohesionadas por nuevas nociones espirituales panteístas que limiten el uso de la inteligencia artificial o quizás un mundo mejor donde todos serán inmortales, felices y partícipes efectivos del poder y comerán perdices.

Lévy-Strauss al 2005. Foto: Wikipedia

Lévy-Strauss en 2005. Foto: Wikipedia

Lo que hemos visto es que, desde los cazadores-recolectores al tecno-capitalismo, los humanos han necesitado mitos para dar una explicación y un sentido a la vida o, más aún, a la conciencia. Señala Steiner (op. cit.) que, para Lévy-Strauss, los mitos son, sencillamente, los instrumentos de supervivencia de los humanos como especie pensante y social. Cuando unos se gastan, inventamos otros. Y nos cuenta que este autor fue también un creador de mitos; estudioso de culturas “primitivas”, explicó sus rituales, mitos y tabúes menos alejados de la naturaleza que los nuestros y describió, desolado, cómo el hombre blanco, al descubrirlas, se ha apresurado a destruirlas, como si fueran vestigios edénicos que le traían recuerdos insoportables de la propia pérdida del paraíso: la antropología, dijo Lévy-Strauss, culmina en entropologia, se impone la entropía. El antropólogo veía inevitable la destrucción ecológica, y con ella nuestra extinción. La inserción trófica de los humanos en los ecosistemas se hace interactuando con la evolución socio-cultural, política, institucional y religiosa, de las sociedades. Los cambios en la alimentación van ligados a estos otros cambios. Que en los restaurantes del Este de EEUU se pusiera de moda consumir lengua de bisonte no se puede separar de las enormes matanzas de bisontes en el Oeste para eliminar el principal recurso y, así, la manera de vivir, de los indios de las praderas. Creencias, intereses económicos, relaciones de poder, estructuras de organización social, etc., dependen de los recursos alimentarios pero, a la vez, conforman la gestión y el consumo.

 

Tabúes y rituales alimentarios

Mientras, basta mirar la publicidad y la respuesta de la genta para ver que la creación de mitos sobre el alimento es constante y hoy se asocia a la obtención de “salud y belleza”. Aumenta el rechazo de la carne roja (justificable en parte por razones dietéticas y del todo por razones ambientales), pero no se expresa con razones sino en forma de repugnancia y los que lo hacen establecen uno de los dogmas de una nueva identidad cultural, de la misma manera en que se hizo predominante el rechazo al tabaquismo y a los fumadores. Es sano beber agua, pero hay muchos ejemplos de un consumo exagerado porque el exceso puede desequilibrar aspectos importantes del metabolismo, entre ellos la reducción del nivel de sodio y la desactivación de la hormona HAD antidiurética que segrega el cerebro para reducir la presión de la vejiga durante la noche (cosa que nos puede privar de descanso). El éxito de la “medicina” homeopática o del movimiento anti-vacunas demuestra que la voz de la ciencia queda a menudo sumergida por mitos sin fundamento pero que mueven el pensamiento mágico del que no podemos desprendernos.

Los mitos relacionados con la comida son muy abundantes, pero las interpretaciones son siempre complicadas ya que los mitos son enrevesadamente simbólicos. Un ejemplo bonito entre muchos lo describe justamente Claude Lévy-Strauss en Lo crudo y lo cocido. Es de los indios Ofaié-Chavanté del sur del Mato-Grosso. En una de las versiones, una chica india deseaba ser la compañera del jaguar, para tener comida hasta saciarse. El jaguar la oyó y le dijo que se fuera con él, que no le haría daño. La chica se fue y la gente creyó que el jaguar se la había comido. Un tiempo después, la chica volvió y explicó que el jaguar estaría encantado de suministrar alimento a todos. La gente dijo que le gustaba comer tapir. El jaguar llevó comida bien cocida una y otra vez, hasta que se cansó de acarrearla y se ofreció a instalarse en el pueblo, en un lugar un poco separado. Una vez establecido, se hizo muy amigo de su cuñado, pero la suegra sospechaba, porque veía que su hija se estaba convirtiendo en jaguar: le salían manchas en la piel y garras en las manos y los pies, y los colmillos se le alargaban. La mujer mató a su hija. El jaguar se negó a vengar a la muerta, como le proponía el cuñado, pero se fue del pueblo diciendo que con el tiempo le recordarían. Sus bramidos enfurecidos se alejaron.

Lévy-Strauss lo interpreta cómo un intercambio: el jaguar da a los hombres el fuego y el arte de cocinar (y los pierde él) a cambio de una mujer (por quien, de hecho, el jaguar no muestra un gran interés, pero que vuelve a un estado salvaje).

Una interpretación del mito según Lévy-Strauss es que la comida cocida provenía del jaguar (él enseñó a los humanos a cocinar la comida), pero sólo era asequible sin riesgo si se eliminaba a la mujer humana del jaguar. De hecho, los humanos tenían más miedo de ella que del propio jaguar (en otros mitos vecinos, hay mujeres que se vuelven jaguares y atacan los maridos y los hijos). Nos dice el antropólogo que el jaguar y el humano son términos polares, opuestos: uno come crudo, el otro cocido, el jaguar se come al humano pero el humano no se come al jaguar: la reciprocidad entre los dos términos es nula. Para que los hombres tuvieran todo lo que les viene del jaguar (fuego, cocina), pero que el jaguar ha perdido (esto es importante), se requería una relación entre humanos y jaguar: esta relación era la mujer del jaguar. Pero, una vez realizada la transferencia, la mujer del jaguar ya es inútil y se la mata. Lévy-Strauss cree que lo que hay es un intercambio: el jaguar da a los hombres el fuego y el arte de cocinar (y los pierde él) a cambio de una mujer (por quien, de hecho, el jaguar no muestra un gran interés).

Portada Llibre Mitologicas 1, Lo Crudo Y Lo Cocido. Levi Strauss


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Portada Llibre Mitologicas 1, Lo Crudo Y Lo Cocido. Levi Strauss

En otros mitos cercanos, son otros animales los que enseñan los alimentos o el fuego, como hormigas o pájaros, o bien los humanos roban el fuego a animales como el buitre. En general, en todos estos mitos, los humanos aprenden de la naturaleza. En la historia humana el uso del fuego empezó antes de nuestra especie, ya con Homo erectus, hace más de 300.000 años, y supuso no sólo la posibilidad de cambiar un entorno dominado por plantas leñosas por uno con hierbas que los animales podían pastar, sino también la de la cocción de la comida, que significaba comer durante menos tiempo, digerir más fácilmente y eliminar microbios antes del consumo. Por lo tanto, fue un paso de gran importancia en la evolución cultural y mejoró la “fitness” de los humanos.

No puedo hacer una interpretación del simbolismo de este mito de la mujer jaguar ni de ningún otro, no es mi campo. Podría suger (es una metáfora) que el humano, primero integrado en el ecosistema sin cambiarlo, aprende a aprender de la naturaleza (el jaguar o otros animales) y luego la transforma (la naturaleza pierde lo que el humano le quita). El humano rompe los lazos ancestrales, intentando extirpar la parte salvaje de sí mismo (la mujer del jaguar), que es más peligrosa que los dientes del animal (o sea que el humano se civiliza). Quizás, mientras, lejos, en bosques que ignoramos, el jaguar, la naturaleza, medita su revancha. Esto sería una vuelta al pensamiento mágico: la naturaleza no es un ente vengativo. Carece de voluntad. Si nos falla, no es por fastidiar, es por mala suerte (estar en mal sitio en un mal momento, p.e. ante un terremoto) o por mala gestión. Y aquí es donde podemos incidir: prevención de catástrofes y buena gestión.

El jaguar (el leopardo en Africa), la anaconda, las águilas y otros animales, escurridizos como espíritus en su medio, se asocian a menudo a los chamanes, que se dice que pueden tomar su forma. El chamanismo tiende a integrar humanos y naturaleza, seres vivos y muertos, todo está ligado en un espíritu único o en muchos conectados por fuerzas o energías que llegan más allá de la barrera de la muerte. Este modo de pensar ha hecho de muchos pueblos indígenas unos defensores de su medio frente a la agresión de quienes hacen de la extracción de recursos globalizada la base de su fortuna. Ya que he hablado de jaguares, quizás vale la pena mencionar que los llamados chamanes jaguares colombianos han tenido un papel importante en la conservación de bosques sagrados en ese país.

 

Conclusión

Este Apunte no es un manifiesto espiritualista. Nada me atemoriza más que una muchedumbre que cree en “seres” fruto de nuestra imaginación y los convierte en signos de identidad contra los no creyentes. Pero hay que tratar de entender mejor cómo nos relacionamos con nuestro entorno y porqué lo hacemos como lo hacemos. Hasta los científicos somos más emocionales que racionales y todas las culturas se construyen sobre la base de mitos. Ignorarlo hace que nuestros “sermones” sean de escasa utilidad. No me preguntéis lo que hay que hacer. Si hace cuarenta y cinco años creía en la educación ambiental, hoy me parece obvio que es poco lo alcanzado por este camino si se compara con el progreso de la destrucción. Los grandes best-sellers con mensajes serios, como los libros de Harari, venden algunos millones de ejemplares, pero incluso eso es muy poco en una población de 7500 millones, la mayoría sin interés ni conocimientos científicos. No parece que se pueda cambiar el mundo razonando. Nunca he admirado a los Savonarola de cualquier tipo, y no lo haré si llegan unos nuevos predicando la religión de Gaia, ni lo hago con los adoradores del Mercado. Puede que al final el miedo al desastre provoque un freno a la expansión brutal contra la naturaleza. El COVID19 es un aviso serio. No será suficiente, pero vendrán otros avisos. En este juego, no podemos apostar a ciegas. No lo tenemos perdido, pero tampoco ganado… Hemos de quitarnos la venda de los ojos y prestar mucha atención, tratar de saber qué nos conviene, ser prudentes y prepararnos ante jugadas inesperadas, que las habrá, y hallar el camino para hacernos oír. O reforzamos nuestra comprensión y preparación para el juego, y, como dice Joan Martínez-Alier, ponemos la economía ecolígica, la ecología política, la salud pública, la agroecología i la alimentación, la vivienda, en el centro de la política, o, con inventos como el PIB y dioses com el Mercado o el Flujo de Datos, nos encomendaremos a espíritus que pueden resultar burlones, como en la obra de de Noël Coward, donde el espíritu de Elvira, convocado en una sesión espiritista, que recrimina a Carlos: “porque tu nunca me quisiste. Todo era tu colosal vanidad.” La vanidad del hombre que se llama a sí mismo sapiens.

Referencias

Font i Quer, P. 1977. Plantas medicinales. Editorial Labor, S.L., Barcelona

Harari, Y.N. 2016. Homo Déus. Ed. 62, Barcelona.

Harris, M. 1971. Caníbales y reyes. Los orígenes de las culturas. Alianza Editorial, Madrid.

IIF (Institute of International Finance). 2020. January 2020 Global Debt Monitor.

Lévy-Strauss, C. 1961. Le cru et le cuit. Mytologies 1. Plon, París.

Mallarach, J.M. 2018. Espais naturals protegits i espiritualitat a l’Europa d’inicis del segle vint. T.M. Sala & I. Gras (coords.) 2018. Art i natural al tombant del segle XX, p. 15-34, Poètiques de la naturalesa. Espais per a l’espiritualitat, Col·lecció Quaderns Art i Natura. Universitat de Barcelona.

Steiner, G. 1974. Nostalgia de lo absoluto. Siruela, Madrid, 133 pp.

Wilson, E.O. 2007. The Creation: an appel to save life on Earth. W.W Norton and Company, Londres.

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Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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