De tiburones y humanos

5 de septiembre 2016

Jaume Terradas habla esta vez sobre la lucha entre los humanos y el Mal, personificado en las figuras de la ballena blanca, en Moby Dick, y del tiburón blanco en Tiburón. Aunque es possible que los humaons tengamos que reflexionar si no somos nosotros mismos nuestro propio mal.

El cartell de la pel·lícula "Tiburon", de Steven Spielberg (1975). Font: Universal Pictures

El cartel de la película Tiburón, de Steven Spielberg (1975). Fuente: Universal Pictures

Spielberg tuvo un gran éxito con su tiburón blanco mecánico que aterrorizaba a la población de turistas de Amity (un pueblo imaginario, la película se rodó sobre todo en Martha’s Vineyard), devorando jóvenes y adolescentes con un hambre inagotable. Los protagonistas de la persecución de la bestia son el sheriff Martin Brody (Roy Scheider), un cazador de tiburones llamado Quint (Robert Shaw) que tiene un pequeño barco que se llama, nada casualmente, Orca, y un biólogo marino (Richard Dreyfuss). El filme se basó en una novela de Peter Benchley y se ha convertido en un clásico. Los problemas de los dos monstruos simétricos (para ocultar los mecanismos de un lado u otro) hicieron que el tiburón se viera poco y esto ayudara a crear una tensión psicológica estilo Hitchcock.

El tiburón blanco (Carcharodon carcharias) es un depredador ciertamente temible, aunque es presa, a su vez, de las orcas.

Se sabe que hay una pequeña población de orcas que ha desarrollado una cultura para cazar tiburones blancos. Consiste en empujar con la cabeza el costado del tiburón y tumbarlo. Cuando los tiburones flotan boca arriba quedan en un estado de inconsciencia durante un corto tiempo, y por tanto indefensos, así que estas orcas se los pueden comer tranquilamente. Los tiburones blancos reales miden hasta unos 6 m de largo (hay observaciones de tamaños de 10-11 m, pero no son fiables) y pesan hasta casi 2 t (la mayoría son menores). Aunque no son cazadores habituales de humanos, son sin duda los peces responsables de más ataques mortales sobre nuestra especie. De todos modos, en el Mediterráneo los ataques no han llegado a 40 en un siglo y sólo la mitad han sido mortales. Se cree que estos ataques son, de hecho, ensayos para ver de qué se trata, los ha habido contra tablas de surf o kayaks.

El tauró blanc. Font: (CC BY 2.0) Elias Levy

El tiburón blanco: Fuente: (CC BY 2.0) Elias Levy

Con estos datos de mortalidad, los tiburones blancos son menos peligrosos que las abejas. La idea de tiburones monstruosos tiene una base científica: el tiburón fósil Carcharocles megalodon (o Carcharodon, el género se discute) podía alcanzar, al parecer, los 18 m de largo y las 60 t de peso, y sus dientes medían hasta 18 cm. Vivió desde hace 20 millones de años a hace 2.6 millones. En el Cosmocaixa de Barcelona hay unas mandíbulas de las dos especies, la actual y la fósil, que permiten hacerse cargo de la diferencia: la boca del megalodonte tiene un diámetro por donde Robert Shawn, Quint, habría pasado en un soplo y no a sacudidas como en el film.

Quint es un personaje obviamente inspirado en Ahab, el obsesivo y enloquecido perseguidor de Moby Dick, de la misma manera que el tiburón blanco es una nueva versión del cachalote blanco inmortal de Melville: dos representaciones blancas del Mal absoluto. Y, como Ahab, Quint morirá arrastrado por su enemigo. Moby Dick no es, sin embargo, el único precedente literario de Jaws de Spielberg. Lo es sobre todo de la lucha (que tiene, desde luego, más entidad metafísica en Melville) entre Quint y el tiburón.

Gregory Peck com a capità Ahab a la pel·lícula Moby Dick, de John Huston (1956). Font: Kino Lorber

Gregory Peck como capitán Ahab en la película Moby Dick, de John Huston (1956). Fuente: Kino Lorber

Pero buena parte de la trama del filme se parece a la de Un enemigo del pueblo, el drama de Ibsen (de 1883, pero tan actual) en el que un médico, Thomas Stockmann, quiere hacer cerrar el balneario del que vive el pueblo por el peligro que conlleva la contaminación de sus aguas por una peligrosa bacteria, lo que le llevará a enfrentarse con su hermano, que es el alcalde, con los medios de comunicación y con la mayoría de la gente. El sheriff Martin Brody se encuentra en el mismo caso: después de los primeros ataques del tiburón, quiere cerrar las playas y topa con la oposición frontal de los políticos, hoteleros y población local que viven del turismo.

El tiburón blanco real existe en el Mediterráneo. Tiene una zona de reproducción entre Malta, Túnez y el canal de Sicilia, y había sido abundante en el Adriático.

Los tiburones blanco real se habían pescado a menudo, sobre todo en los años 1960-70, en aguas baleares. La pesca intensiva de atunes y la reducción de delfines por la mortalidad ocasionada por las grandes redes de deriva habrían llevado a una reducción fuerte de los grandes blancos. Hay evidencias de ataques aislados en Italia, de un ejemplar de más de 4 m que entró en una jaula para engordar atunes en Cartagena, de un individuo pescado en Tossa de Mar en 1992…

Un tauró guineu capturat al Port de la Selva el maig de 2014. Font: Diari Ara

Un tiburón zorro capturado en el Port de la Selva en mayo de 2014. Fuente: Diari Ara

El tiburón blanco es, en el Mediterráneo y en el mundo, una especie en riesgo de extinción, debido al valor de mercado de sus aletas, dientes y mandíbulas enteras. La CICA, que es el organismo internacional que regula la pesca del atún, durante años ha sido incapaz de reducir las cuotas a niveles sostenibles, pero últimamente dicen que la situación ha mejorado y enseguida han salido noticias, aún no confirmadas, sobre la reaparición del gran blanco en aguas baleares.

Ha habido alguna acusación contra traficantes de refugiados por haber tirado personas a los tiburones que seguían las pateras demasiado llenas y se ha especulado sobre si los naufragios de pateras podrían haber alimentado las poblaciones de tiburones, pero los cadáveres recuperados no muestran heridas atribuibles a ellos.

El tiburón de Spielberg o la ballena blanca son metáforas poderosas, el fantasma-demonio blanco del Mal, pero no nos engañemos, el mal verdadero no son los tiburones, ni la bacteria de la obra de Ibsen, como él deja muy claro. El problema somos los humanos: lo somos para nosotros mismos en primer lugar, y también para los tiburones y las ballenas, sean del color que sean. Los tiburones reales han matado menos personas en todo el mundo desde que se estrenó la película que las muertes que suman el film original y sus diversas secuelas (que son tres, imitaciones aparte).

Captures de tauró al món, on Espanya ocupa el 3r lloc.  Font: saveourseas.org

Capturas de tiburón en el mundo, donde España ocupa el 3er lugar. Fuente: saveourseas.org

Al comenzar una de estas secuelas, el personaje de Roy Scheider, un tipo muy normal a diferencia de Quint, ha muerto de un infarto. Scheider hacía el papel del coreógrafo Joe Gideon que también moría de un infarto al final del musical All that jazz (1979), de Bob Fosse. Y Fosse, que también dirigió Cabaret, murió justamente de un ataque al corazón durante una gira. En una secuencia memorable, Gideon agoniza y en su delirio se levanta para bailar un último número al sonido del Bye bye love de los Everly Brothers, una gran canción de 1958 que formaba parte de mi escasa discografía en 45 rpm de joven estudiante: Bye bye love, bye bye happiness, hello loneliness… I think that I’am gonna cry.

Estamos destruyendo mucha biodiversidad. Empobrecemos la Tierra. Quizás si los tiburones y los cachalotes hablaran nos dirían: “no lloréis por nosotros, porque no nos sobreviviréis demasiado”.

Hello, loneliness. Lloremos por nosotros, si no somos capaces de cambiar.

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Jaume Terradas
Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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