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El Salton Sea

5 de abril 2018

Jaume Terradas explica cómo un error a la hora de canalizar el agua del río Colorado en California creó un gran lago artificial que, ahora, está en peligro por la gran demanda de agua de los campos y las ciudades cercanas.

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Estructuras abandonadas llenas de sal en la costa este del Salton Sea. (Dominio Público)

La historia del Mar de Aral es bien conocida como ejemplo de pésima gestión de los recursos y ambiental, con resultados socialmente catastróficos, realizada por un régimen comunista, como ya he expliqué en un artículo de este mismo blog dedicado a la cuestión ambiental en la URSS. El lago endorreico conocido como Salton Sea se halla al sur de California. Este lago, que ocupa parte de un antiguo mar interior, desecado en su mayor parte hace algún millón de años, durante siglos, en función de cambios en el curso del río Colorado, fue cíclicamente inundado de agua dulce, salada o se volvió a secar.

El actual lago fue creado por un error en una intervención de aprovechamiento de las aguas del río Colorado. En 1900, se construyeron canales para llevar agua de este río para regar con más seguridad el Imperial Valley, que tiene suelos fértiles formados por las aportaciones de sedimentos del Colorado, el cual había estado cambiando de curso en función de la acumulación de estos sedimentos cada 400-500 años, dando lugar a los mencionados ciclos de agua dulce – agua salada – desierto. El llamado canal Imperial se llenó de sedimento en dos años. En 1905, hubo una riada que rompió algunos diques y el río se desvió en parte de su curso formando dos nuevos ríos, Álamo y New, que inundaron la llanura de Salton, unos 1.000 km2 de desierto, de modo que la mayor parte del caudal del Colorado siguió fluyendo hacia allí durante dos años. La ciudad de Salton y las tierras indias de Torres-Martínez quedaron en parte sumergidas.

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El lago Salton visto desde el espacio. Aunque sus dimensiones fluctúan según las aportaciones estacionales del Colorado,  de media, tiene una longitud aproximada de 55 km y una anchura de unos 24 km. Fuente: NASA

En los años 1950, se construyeron cerca del lago zonas turísticas residenciales y de ocio (como reclamo, se hablaba de la Riviera de California), pero luego se abandonaron al disminuir la calidad del agua, aparecer muchos peces muertos, blooms de algas, así como malos olores. Posteriormente, el Salton Sea se convirtió en el destino de las aguas sobrantes de los regadíos en el Imperial Valley, aguas que bajan cargadas de fertilizantes y plaguicidas. Además, el río New es uno de los más contaminados de América. El nivel y la extensión del lago fluctúan bastante según la estación, ya que la evaporación puede superar durante largos periodos a las entradas de agua, lo que empeora la calidad de ésta.

Entre 1942 y 1978, la U.S. Navy tuvo en el Salton Sea una base para pruebas, que incluyeron armas nucleares inertes, y para maniobras. A partir de 2014, la desecación aumentó considerablemente, dejando buena parte del lecho del lago expuesta. El Salton Sea había sido un paraíso para las aves, de las que se habían contado unas 400 especies, la diversidad más elevada del territorio continental de Norteamérica, con un 30% de toda la población de pelícano blanco americano (Pelicanos erythrorhynchos), y era parada obligada para comer de cientos de millones de individuos de aves migratorias, muchas de las cuáles se alimentan de peces.

Salton Sea Birds

El Salton Sea ofrece un lugar donde pasar el invierno al pelícano blanco americano, y a muchos otros pájaros. Crédito de la fotografía: Douglas Banum, USGS

El lago tiene una salinidad más alta que el Pacífico (56 g/L en el Salton Sea, por 35 g/L en el Pacífico), y esta salinidad aumenta un 3% al año. Pero a principios de este año se desviaron las aguas que se enviaban para mantener el nivel y la salinidad, a fin de satisfacer la demanda creciente de San Diego. Como consecuencia, el lago perderá superficie y se salinizará aún más, por lo que los peces irán desapareciendo. Los invertebrados pasarán a ser el único alimento disponible para los pájaros. Bradley y Yanega (2018) han advertido que disminuirá el número de especies, aunque algunas aumentarán sus poblaciones: las propias de marismas salinas y las que comen invertebrados. También hablan del peligro que supondrán, para los cientos de miles de humanos que viven en los alrededores, los vientos que arrastran polvo tóxico de las zonas desecadas del lago. Ya es ésta una de las regiones de Estados Unidos con más casos de hospitalización por asma. Proponen una serie de actuaciones, que incluyen la construcción y mantenimiento de hábitats apropiados allí donde se retiren las aguas y el uso de barreras para evitar el efecto del viento. El hedor es frecuente que llegue al Imperial Valley y a Coachella, y a veces se deja sentir hasta en Los Ángeles.

Pero hace 15 años que se sabe que las cosas empeorarán y no se hace nada, mejor dicho, se acaba de desviar más agua. Las promesas de fondos para la restauración se han incumplido un año tras otro. Los costes de la inacción han sido calculados entre 30 y 70.000 millones de dólares en 30 años por enfermedades respiratorias, pérdida de valor de las propiedades y daños a los ecosistemas, sin incluir las reducciones de producción de las granjas. Si en el filme de Polansky Chinatown la corrupción jugaba en favor de desviar el agua de la ciudad de Los Ángeles a los campos, hoy la demanda de espacio y de agua de las ciudades es tan grande que se ocupan los valles fértiles y se pone en peligro la disponibilidad de agua de riego, así como los hábitats acuáticos y las aves migratorias.

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Peces, llamados tilapia, muertos en el Salton Sea, en el 2000. Autor: Jeff T. Alu (CC BY-SA 3.0)

Existen soluciones. Que se aplacen una y otra vez o, finalmente, se pongan en práctica, es sólo una cuestión de voluntad política. El Salton Sea es, en pequeño, un caso bastante similar al del mucho más conocido Mar de Aral que tanto se criticó en la antigua URSS.

 

ARTÍCULO REFERENCIADO

Bradley T.J., Yanega G.M. (2018). Salton Sea: ecosystem in transition. Science, 359, 6377: 754

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Jaume Terradas
Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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