Humboldt, el primer ecólogo

29 de octubre 2018

Quizás el paso del tiempo ha hecho de Alexander von Humboldt una figura menos conocida que otros grandes nombres de la ciencia, pero fue un gran naturalista, pionero y aventurero que puso las bases de lo que después sería la ecología moderna. Influenciado por la visión de personajes como Kant y Goethe, vio la naturaleza holísticamente, como un todo, y fue un librepensador firme defensor de los derechos humanos, la igualdad entre los hombres y la libre expresión.

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Retrato al óleo de Alexander von Humboldt de joven, con 27 años, hecho por el pintor Friederich Georg Weitsch, en 1806. Actualmente se encuentra en la Alte Nationalgalerie de Berlín.

Alexander von Humboldt (1769-1859) es una de las personalidades más extraordinarias de la historia de la ciencia, el padre de la biogeografía y un precursor muy destacado de la ecología. Recientemente, su figura, algo desvanecida por el tiempo, ha sido reivindicada en una nueva biografía (Wulf, 2017) que he leído este verano. Ya había leído hace muchos años otra, también en castellano (Botting, 1981), bastante interesante. Rocío Fernández Alés (2017), de la Universidad de Sevilla, y Carlos Scolari (2017), de la Pompeu Fabra, escribieron, a propósito de la obra de Wulf, sendos brillantes artículos, así que casi no sería necesario que yo insistiera. Sin embargo, no me resisto a decir cuatro cosas más o menos complementarias, no tanto sobre el libro de Wulf sino sobre Humboldt.

En su época, Humboldt obtuvo una inmensa fama universal gracias a los libros en los que contaba sus pensamientos y sus viajes por Europa, América y Rusia de una manera amena y con bellas ilustraciones que impresionaron mucho al público culto, sobre todo por la integración de información naturalista, cultural y social, una aproximación muy actual y que creo indispensable en la ecología que urgentemente necesitamos. Cuando se mencionan sus aportaciones en los libros de texto de ecología, aparece a menudo el esquema conocido como Naturgemälde. Representa la distribución de las plantas al volcán Chimborazo (6.310 m), considerado en tiempos de Humboldt la montaña más alta del planeta, que él y Carlos Montúfar fueron los primeros en escalar hasta los 5600 m, altura jamás alcanzada antes. Este esquema fue publicado en Ideen zu einer Geographie der Pflanzen (editado a la hora en alemán y francés en 1807). En el Naturegemälde aparecen los nombres de las plantas en las zonas donde las había visto y, en tablas periféricas, datos sobre gravedad, presión atmosférica, temperatura, composición química, etc., de los mismos lugares. Y es que Humboldt no pretendía sólo describir. Buscaba siempre explicaciones y relaciones entre factores del medio físico-químico y organismos, en la distribución de las plantas en las altas montañas que conocía, andinas, alpinas o el Teide, etc.

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Naturgemälde que Humboldt incluyó en el Ensayo sobre la Geografía de las plantas (Ideen zu einer Geographie der Pflanzen).

Su actitud de medir y relacionar era poco corriente entre los naturalistas de su tiempo. Para entenderla, hay que hablar un poco de sus raíces intelectuales. Pero digamos, de paso, que el esquema de Humboldt permite mostrar hoy como el cambio climático ha desplazado la vegetación montaña arriba en relación a como estaba entonces (Morueta-Holme, 2015): el límite superior ha subido más de 500 m, de 4.600 a 5.185 m, y los glaciares han retrocedido mucho. Y se pueden constatar ascensos espectaculares en varias especies y formaciones de pasto. Es una evidencia más del cambio climático.

Humboldt, nacido en el castillo de Tesel en 1769, venía de una familia noble y conservadora pero fue un ilustrado romántico, librepensador. Era amigo de Georg Forster, que había dado la vuelta al mundo en la segunda expedición de Cook como dibujante naturalista y había publicado un relato exitoso y a quien conoció asistiendo a algunas clases suyas sobre naturaleza en Göttingen, aunque Humboldt estudiaba leyes. Forster trabajó por la frustrada República de Maguncia y se exilió en París, donde murió (1793) a los 40 años, ya en el periodo del Terror pero fiel todavía a los ideales de 1789. En 1790, los dos juntos habían pasado por París (en el curso de un viaje en el que visitaron el gran botánico Joseph Banks en Londres): en el París revolucionario sintieron la esperanza de que la hermandad y la libertad triunfaran, lo vivieron con fervor. Ya siempre, Humboldt, como Forster, fue un defensor de los derechos humanos, la igualdad entre los hombres y la libre expresión.

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Viaje de exploración de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland a América, de 1799 a 1804. Fuente: Wikipedia (CC BY-SA 2.5)

Las ideas de Humboldt en cuanto a la naturaleza se pueden relacionar con las del idealismo de Kant, Schiller, Herder y Goethe. La naturaleza era para todos ellos un sistema y la razón pura no bastaba para entenderla, ya que todo conocimiento se producía a través de las percepciones de un sujeto en el que, además de la razón, actuaban las emociones y la imaginación. Es decir que el mecanicismo, el modelo del organismo como un reloj, les resultaba insatisfactorio y creían que la comprensión debía llegar a la vez por la mente y los sentimientos. Goethe era 20 años mayor que Humboldt, pero fueron amigos que se admiraron y se influenciaron mutuamente. Se dice que fue la avidez de conocimiento de Humboldt lo que inspiró el personaje del Fausto. La frase de Schelling “Yo soy uno con la naturaleza” (base de la Naturphilosophie) respondía a sus sentimientos, aunque Schelling, que era filósofo, no sintió simpatía ni por Humboldt ni por su “peligrosa manía” de experimentalista.

Humboldt pensaba que era esencial la impresión global (Totaleindruck) que se obtenía del sistema. Por lo tanto, necesitaba experimentar en el laboratorio (por ejemplo, sobre el galvanismo, y lo hacía, a veces dolorosamente, en su propio cuerpo) e ir a los lugares donde la naturaleza se expresara con fuerza (los trópicos sobre todo). La impresión global miraba de obtenerla ayudando sus sentidos con el uso de instrumentos de medida y con el dibujo, atento al organismo pero también a todo lo que le rodeaba. Veía la naturaleza como un todo, una red inmensa de interrelación. Fue el primero en advertir el efecto de los bosques sobre el clima y de “las consecuencias ya incalculables y que podían llegar a ser catastróficas si se seguía perturbando el mundo de manera tan brutal”. Es un pensamiento muy avanzado para la época, ya que el antropocentrismo dominante creía que el hombre mejoraba la naturaleza y la embellecía con el cultivo y las construcciones. Él había observado el retroceso del lago de Valencia en Venezuela por causas humanas y muchos otros casos también en Europa que desmentían este optimismo sobre el papel del hombre.

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Alexander von Humboldt y Aimé Bondpland al pie del Chimborazo, pintado por Friederich Georg Weitsch en 1810.

Humboldt se formó como geólogo de minas y trabajó de intendente de minas hasta la muerte de su rígida y piadosa madre. Mientras, había ya conocido científicos importantes, como Jussieu, Lamarck, Cuvier, Laplace, Bougainville, etc., y había viajado por Europa. Al morir su madre, pasó a pie los Pirineos y cruzó Catalunya y Valencia, camino de Madrid, levantando un perfil topográfico que evidenció por primera vez la “meseta”, y allí fue presentado al rey Carlos IV, que le dio una autorización para explorar las colonias americanas (el rey pensaba en posibles hallazgos de yacimientos) que era muy importante para tener libertad de movimientos. A los 30 años, lo dejó todo, gastó su dinero para equiparse y se embarcó en A Coruña con el botánico francés Aimé Bonpland, en el Pizarro, hacia América. El barco hizo una parada en Tenerife, donde los dos jóvenes subieron al Teide haciendo observaciones de todo tipo.

El entusiasmo de Humboldt por la naturaleza salvaje hizo que se tomara la tarea con tanto empuje (su compañero de viaje, más prudente, miraba de frenarlo sin mucho éxito) que es notable que sobrevivieran a las terribles incomodidades (la peor, los mosquitos), los peligros y las enfermedades durante su largo viaje de más de 10.000 km (buena parte navegando por ríos) por las cuencas del Orinoco y el Amazonas y otras regiones tropicales (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Cuba, México). Aunque llevaban mucho equipamiento (25 portadores y una docena de caballerías), las escaladas y navegaciones las hacían con materiales mucho más primitivos que los que se emplean hoy. A pesar de las dificultades, accidentes y enfermedades, Humboldt recogía plantas, animales y rocas, y observaba las características diferentes del agua en los ríos que iban encontrando, los cambios en la presión atmosférica, en la temperatura, etc., tomaba notas, dibujaba y medía todo lo que podía con una gran variedad de aparatos, a la vez que se exaltaba con la belleza de la naturaleza y se indignaba contra la esclavitud y la explotación burda de los recursos. Las culturas, creencias y lenguas de los indígenas le fascinaban tanto como la propia naturaleza, a pesar de las dificultades para entenderse mediante traductores poco fiables. Demostró que las culturas precolombinas eran avanzadas. A menudo criticó el colonialismo, como cuando dice que “las atrocidades de los europeos los exterminaron (se refiere a los caribes) del todo en las Antillas y en la costa de Darien” (Humboldt, 1797). Pero no idealizaba en absoluto al “buen salvaje”.

Mauritia flexuosa

Palmas de moriche (Mauritia flexuosa) en la Guayana Francesa. Alexander von Humboldt las consideraba una especie que generaba vida a su alrededor, anticipándose así dos siglos al concepto de especies ‘clave’ en el ecosistema. Autor: Bernard Dupont (CC BY-SA 2.0)

Humboldt habla de tipos de paisajes, anticipando la noción de ecosistema, y ​​describe zonaciones altitudinales. Entre sus observaciones ecológicas está el papel de las palmas de “moriche” (Mauritia flexuosa) en la construcción de hábitats para muchas especies en medio de los Llanos: un solo árbol generaba mucha vida, ya que sus frutos atraían los pájaros, la tierra amontonada contra el tronco y en la sombra retenía humedad, e insectos y gusanos de tierra encontraban condiciones apropiadas: se tardaría todavía dos siglos a hablar de especies clave, pero Humboldt había captado la idea. Entre muchas otras, describió una nueva especie de ave, el “guácharo” (Steatornis caripensis), que los nativos cazaban para obtener el aceite de unas bolsas de grasa que tiene en la base de las patas, y que anidaba en una cueva a la que transportaba semillas para los pollos, parte de las cuales caían y germinaban en la oscuridad, dando unas débiles plantas espectrales de hasta 60 cm de alto que le impresionaron mucho. De los volcanes, quería saber si eran fenómenos locales o si estaban conectados por conductos subterráneos y, en este caso, si podían ayudar a explicar el origen de la Tierra. Subirlos le ayudaba a descubrir que la vida estaba presente en todas partes, como una totalidad activa. Había polen, semillas e insectos en el aire y el agua que la diseminaban: la vida era un todo, pero la suya no era una visión idílica, notó la dureza de la competencia y la lucha por cazar o no ser cazado. Algunos le reprocharon no haber puesto más atención también a la cooperación, pero este es un tema que ha quedado en segundo término incluso en la ecología del s. XX.

Gracias a sus medidas, descubrió el ecuador magnético: la intensidad del magnetismo terrestre disminuyó entre Bogotá y Quito y, cerca de Cajamarca, la aguja de la brújula giró de norte a sur. Fue él quien introdujo las isotermas e isobaras y quien, años después, estimuló la creación de observatorios donde medir con precisión la temperatura y la presión atmosférica y de una red mundial que analizó las variaciones del magnetismo terrestre durante tres años. En Perú, observó la corriente oceánica fría y llena de vida que acabaría recibiendo su nombre, aunque él no quería porque decía que los pescadores la conocían desde hacía siglos (éste de las corrientes fue el tema principal de su correspondencia posterior con Darwin). En Bogotá, él y Bonpland alojaron seis semanas en casa del gran botánico gaditano José Celestino Mutis, que dirigió la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, iniciada en 1783. Cuando conoció a Humboldt, Mutis tenía 70 años y una muy buena colección y biblioteca naturalista. En 1804, Humboldt fue a Washington y fue recibido por Thomas Jefferson, otro revolucionario ilustrado y gran apasionado por las ciencias y, en especial la botánica y sus aplicaciones. Humboldt le dio muchísima información y habló de la brutalidad del colonialismo español (que luego describiría en sus libros sobre la Nueva España y la isla de Cuba) y de los efectos desastrosos que tenía sobre el entorno. También habló de lo que había visto en México, donde permaneció un año (ver el tráiler del documental Humboldt en México: la mirada del explorador, donde el primer comentario es del ecólogo mexicano José Sarukhán, con quien hice un viaje de mil kilómetros, desde la capital mexicana a la Estación Biológica de Chamela y regreso) y le dio los mapas que había hecho. Españoles y mexicanos lo tuvieron por espía, pero los Estados Unidos no le quitaron California a México hasta mucho más tarde, en 1848 y la compra de la Luisiana a Francia fue en 1803, cuando Humboldt aún viajaba.

Es recomendable el artículo del escritor y académico Miguel Rojas Mix (2009) para entender la enorme contribución de Humboldt para cambiar por completo la percepción que se tenía de América desde Europa. Ya muy famoso por sus libros, al volver a Europa trató con personalidades eminentes, como el químico Gay-Lussac o el matemático Gauss y frecuentó el círculo de Goethe. Humboldt vivió muchos años en París, donde encontraba el ambiente intelectual que Napoleón fomentó y que no existía en Berlín, con científicos como Gay-Lussac, Berthollet o Arago, pero también artistas como el pintor Gérard o Chateaubriand. También conoció a Bolívar, que lo admiraba (Latinoamérica aún considera a Humboldt como un inspirador de su libertad) y al que él primero consideró un héroe y luego un dictador. Durante muchos años mantuvo una relación muy estrecha con François Arago, aunque limitada porque Arago estaba casado (todo indica que Humboldt era homosexual, por ejemplo que eligiera incorporar a su expedición americana a Carlos de Montúfar, un joven militar atractivo pero no muy entendido, y no a José de Caldas, un sabio botánico). Arago, nacido en una familia catalano-hablante de cerca de Perpiñán, matemático, físico, astrónomo y político que proclamó la República tras caer Louis Phillipe en 1848, llegó a ser jefe de la Comisión Ejecutiva, es decir del gobierno francés hasta la llegada de Luis Napoleón. El laboratorio del CNRS en Banyuls lleva el nombre de Arago.

Se sabe que Humboldt vio a Darwin (40 años más joven) al menos una vez, en 1842, y que se escribieron algunas cartas (se conservan dos). Darwin había seguido el ejemplo de Humboldt con su viaje del Beagle y el posterior relato. En el Beagle, Darwin llevaba la Narrativa personal de Humboldt (también el comandante Fitz-Roy la llevaba), que ya había leído en Cambridge y que reconocía como el libro que más le había influenciado y empujado a emprender el viaje. En el manuscrito de su diario de viaje, Humboldt es el autor más citado. También en el Cosmos Humboldt cita a menudo Darwin. En una de sus cartas a Darwin, le dice: “Usted me dijo que, cuando era joven, la manera en que yo estudié y describí la naturaleza de las zonas tórridas contribuyó a excitar su ardor y el deseo de viajar a tierras lejanas. Considerando la importancia de su trabajo, señor, este sería el mayor éxito que mi humilde tarea podría tener. Los trabajos sólo son valiosos si originan otros mejores.”

François Arago

François Arago.

Humboldt tenía ideas claras sobre cómo funciona el progreso de la ciencia y fue un gran organizador científico (Suárez, 2008). En el prólogo de la reedición del Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente de 1859, año de su muerte), escribe que la ampliación del círculo de estímulo científico que proporciona la reedición “sólo puede producirme alegría, ya que en el proceso político de las investigaciones científicas, como en el de las instituciones políticas, el estancamiento producido por una fatalidad inevitable va ligado al inicio de un retroceso nefasto“. Dejando de lado que la fatalidad sea inevitable, que a menudo no lo es, la frase la deberían tener bien presente los responsables de nuestra política científica, que de 2008 a esta parte están permitiendo el estancamiento y el envejecimiento del colectivo de profesores e investigadores. Humboldt sabía que la ciencia avanza por el esfuerzo de muchos y que había que animar a los jóvenes. Hizo de tutor de Agassiz (que tenía veinte y pocos años), le dio dinero de su bolsillo y le animó a aceptar trabajo en Estados Unidos diciéndole que él pertenecía a la ciencia, que la ciencia era su país.

El ambiente en París se hizo hostil para Humboldt. Napoleón creía que Humboldt, que tanto se relacionaba y viajaba y mantenía las ideas revolucionarias, era un espía (el emperador también tenía un poco de envidia de la inmensa popularidad de Humboldt, que era el centro de atención a todas las reuniones sociales a las que iba). Los alemanes lo veían como sospechoso de simpatizar con el enemigo. En 1827, muy a regañadientes, volvió a Prusia, un estado reaccionario y oligárquico, donde Guillermo Federico III lo puso a su servicio en el palacio de Sans Souci. Se sintió enjaulado. El último de los 33 volúmenes de su Voyage de Humboldt et Bonpland 1799-1804 se publicó en 1834. Mientras, convocó en Berlín una gran conferencia científica internacional a la que asistieron Gauss, Berzelius y Babbage entre otros 600 científicos, y el propio rey y príncipes. Hay un film (fallido, en mi opinión) de Detlev Buck de 2012, estrenado en España en 2016 con el título de Midiendo el mundo, sobre las vidas de Humboldt y Gauss, dos personalidades geniales muy diferentes que se cruzaron al final de las sus vidas.

Cosmos Humboldt

Portada de Cosmos en castellano. Esta obra se puede leer gratuitamente en archive.org

Cerca de los sesenta años, en 1829, inició una expedición a Siberia. Recibido como un rey en San Petersburgo por el zar Nicolás I, viajó por el Volga, encontró diamantes y llegó a la frontera china. Al volver, había recorrido en seis meses 15.600 km.

La obra que llenó sus últimos 25 años fue Cosmos, en cinco volúmenes, un proyecto que él mismo consideraba una locura por su exceso de ambición, ya que pretendía hablar de todo el universo material, desde los cometas en las plantas más pequeñas, sin excluir a los humanos. Refundió todo lo que se sabía, desde la astronomía, la geología o la botánica a la lingüística y la poesía. Hay una edición castellana completa del 2011. Pero vivía con tristeza, que aumentó tras el fracaso de la revuelta de 1848 y más cuando, en 1853, murió Arago, a los 70 años. En 1859, seis meses antes de que se publicara El origen de las especies, lo hacía Humboldt, a los casi 90 años.

El Museo de Ciencias Naturales del CSIC y la Embajada de la República Federal de Alemania dedicaron una exposición, Humboldt, una nueva visión del mundo, en Madrid, entre 2005 y 2006 , de la que se hizo este documental.

 

REFERENCIAS

  • Botting, D. 1981. Humboldt y el Cosmos. Ed. del Serbal, Barcelona, 264 pp.
  • Humboldt, A., von. 1997. Del Orinoco al Amazonas. Timun Mas, Barcelona 425 pp.
  • Humboldt, A. von. 2011. Cosmos: Ensayo de una descripción física del mundo. CSIC i Ed. Catarata. 5 volums.
  • Fernández Alés, R. 2017. Humboldt, el padre de todo esto. Ecosistemas, https://revistaecosistemasblog.net/2017/03/06/humboldt-el-padre-de-todo-esto/
  • Morueta-Holme, N., K. Engemann, P. Sandoval-Acuña, J. D. Jonas, R. M. Segnitz, J.-C. Svenning. 2015. Strong upslope shifts in Chimborazo’s vegetation over two centuries since Humboldt. PNAS 13 d’octubre: 112 (41) 12741-12745. DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.1509938112
  • Rojas Mix, M. 2009. Humboldt, la ecologia y América.
  •  http://miguelrojasmix.com/humboldt-la-ecologia-y-america/
  • Scolari, C.A. 2017. De Humboldt a MacLuhan, exploradores de ecosistemas.
  • Sufou el 1803, quan nventencara viatjava. eren avançades.  de cavalleries,) àrez  Sipmann, M. 2008.  Alexander Humboldt, el descubridor científico del Nuevo Mundo. Estudios de Política Exterior, 122, https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/alexander-von-humboldt-el-descubridor-cientifico-del-nuevo-mundo/
  • Wulf. A. 2017, La invención de la naturaleza. El Nuevo mundo de Alexander von Humboldt. Ed. Taurus, Móstoles (Madrid) 578 pp.

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Jaume Terradas
Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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