Las comunidades ya no son lo que eran

3 de febrero 2016

Un tema importante (y controvertido) en ecología es el de la manera en cómo se asocian plantas y animales para formar comunidades naturales. Los debates sobre este punto se puede decir que comenzaron con la misma ciencia de la ecología, sobre todo desde los inicios del siglo XX. Un estudio que acaban de publicar S. Kathleen Lyons y otros autores en Nature se plantea ahora si el modo de organizarse las comunidades ha cambiado a lo largo del Holoceno, debido al impacto de los humanos, y llega a la conclusión de que sí lo ha hecho, y que esto puede ser muy importante a la hora de entender las respuestas futuras de las comunidades a los cambios.

Comunitat d'humans, animals i plantes.  Reproducció al Nairobi National Museum, Kenya. Autor (CC BY 2.0) Ninara

Comunidad de homínidos, animales y plantas, recreación en el Nairobi National Museum, Kenya. Autora: (CC BY 2.0) Ninara

Los autores han partido de una cuantificación de la co-ocurrencia en 359.896 pares de taxones que se dan en 80 conjuntos fósiles o no (38 de mamíferos y 42 de plantas) durante los últimos 300 millones de años. En la mayoría de pares de taxones, la co-ocurrencia se da estadísticamente al azar. Sin embargo, un número significativo de pares tienden a coincidir más o menos a menudo de lo que se esperaría por azar.

Las cosas ya no serán como antes, y no podremos fiarnos de la analogía con el pasado para prever nada. Algo muy básico se ha alterado.

Hasta aquí, ninguna sorpresa. Ahora bien, estos pares que se apartan del azar, entre el Carbonífero (hace 307 millones de año) y los inicios del Holoceno (hace 11.700 años), presentaban más propensión a la agregación (un 64% de los pares significativamente alejados del azar). En cambio, desde entonces, y en correspondencia con la expansión de la agricultura y el aumento de la demografía humana, sobre todo desde hace 6.000 años, este grupo bajó a un 37%, mientras aumentaban los pares con tendencia estadística a ir segregados. Este fenómeno no se produjo en períodos de cambio importantes previos como la transición Permo-Triásica, la del Cretáceo al Paleógeno y la del Paleoceno al Eoceno.

Los autores consideran que la tendencia a la segregación puede deberse a interacciones negativas (competencia, depredación) entre las dos especies, a diferente preferencia de hábitats y a limitaciones en la dispersión. Por otro lado, la tendencia a la agregación deriva de interacciones positivas entre especies, semejantes preferencias de hábitat y una dispersión concordante. El cambio observado hacia más segregación la atribuyen a los autores a 1) caza y domesticación; 2) cambios en los usos del suelo; 3) aumento del régimen de fuegos; 4) aumento de la fragmentación y la aparición de barreras en la dispersión; 5) dispersiones, queridas o accidentales, de especies más allá de su área de distribución.

Mamut Llanut, espècie extingida, reproducció del Royal British Columbia Museum, Canadà. Autor (CC BY-SA 2.0) - FunkMonk

Mamut lanudo, especie extinta, reproducción del Royal British Columbia Museum, Canadá. Autor: (CC BY-SA 2.0) FunkMonk

Como bien señala Gregory P. Dietl en su comentario a este artículo de Lyons (et al.), si los resultados se confirman las cosas ya no serán como antes, y no podremos fiarnos de la analogía con el pasado para prever nada. Algo muy básico se ha alterado. O, siendo optimistas, tendremos que repensar cómo usamos información del pasado para anticipar el futuro.

Me ha sorprendido que ni el artículo ni el comentario se refieran a otro aspecto de la cuestión que puede estar relacionado con el tema, aunque habría que ver cómo: me refiero al empobrecimiento en especies resultante del impacto humano. Está claro que este empobrecimiento es otra consecuencia de las causas apuntadas antes para el aumento de segregación, pero probablemente empobrecimiento y segregación no son independientes. En todo caso, creo que este artículo, que emplea una metodología interesante, abre un camino que seguramente dará más frutos.

 

Articles citats:

  • Lyons, S.K., et al. Holocene shifts in the assembly of plant and animal communities implicate human impacts.  Nature 529: 80-83 (2016).
  • Dietl, G.P. Different worlds. Nature 529: 29-30 (2016).

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Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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