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Leviatanes, ecología y poder

14 de mayo 2019

La relación entre las personas y los cetáceos no ha sido nada fácil, por culpa nuestra, evidentemente. De hecho, este tema ha inspirado numerosas obras escritas, películas y leyendas. En esta entrega Jaume Terradas repasa los diferentes significados o metáforas que se pueden sacar de algunas de ellas mientras reflexiona sobre el dominio de la naturaleza por parte de la humanidad.

Fragmento de La destrucción de Leviatán, de Gustave Doré. (CC0).

Fragmento de La destrucción de Leviatán, de Gustave Doré. (CC0).

Entonces se vio a Ahab en todo su orgullo fatal, con los ojos fieros de desprecio y triunfo …

… Ah Ahab, Ahab, mira tu obra!

                              

                               H. Melville, Moby Dick

El Leviatán bíblico es un dragón marino que escupe fuego y se enrosca sobre sí mismo. Probablemente, simboliza a Satanás. Pero en hebreo moderno leviatán sólo significa ballena. Hablemos de ballenas y otros cetáceos.

Los anuncios hechos por Japón en julio pasado, de la reanudación de la caza de ballenas en aguas japonesas y “económicas” (lo que excluye los océanos meridionales incluido el Antártico) y de retirarse de la Comisión Internacional Ballenera (IWC), alegando que el consumo de carne de ballena forma parte de la cultura japonesa, y por Islandia, que dice que cazará 2000 los próximos cinco años, hacen que sea oportuno (y triste) hablar de estos animales.

Las ballenas han sido cazadas desde la prehistoria. Hay representaciones de esta actividad en Corea que tienen 8000 años de antigüedad.

Las ballenas han sido cazadas desde la prehistoria. Hay representaciones de esta actividad en Corea que tienen 8000 años de antigüedad. Los antiguos conducían grupos de ballenas o ballenas solitarias desde botes para hacerlas embarrancar, un método que aún se utiliza para algunas especies relativamente pequeñas, como belugas (Delphinapterus leucas) y narvales (Monodon monoceros) y que es equivalente a los cazadores terrestres que conducían grandes rebaños hacia despeñaderos.

Beluga (Delphiapterus leucas). Foto: Jenny Spadafora (CC BY-NC-SA 2.0).

Beluga (Delphiapterus leucas). Foto: Jenny Spadafora (CC BY-NC-SA 2.0).

Un trabajo reciente (Rodrigues et al, 2018) ha demostrado, analizando el ADN y el PMF (“peptid mass fingerprinting”) de huesos en antiguas factorías pesqueras de salazón (sobre todo de atunes) en Tarifa, Ceuta y Algeciras y uno de ballena gris en Gijón, que dos especies funcionalmente extinguidas desde el s. XVIII en el Atlántico Norte, la ballena franca glacial (Eubalaena glacialis) y la ballena gris (Eschrichtius robustus), habían sido cazadas en el Cantábrico y en el Estrecho de Gibraltar en tiempos romanos y prerromanos. Es probable que ambas especies fueran al Mediterráneo a criar. Algún texto de Plinio el viejo (s. I) y citas de Taranto y Argel de 1877 y 1878 de ballena franca confirman la idea de que esta especie entraba en el Mediterráneo en la época de reproducción. Plinio también habla de orcas vistas atacando crías de ballena franca cerca de Cádiz. Los autores de este artículo sospechan que los romanos empleaban botes para cazar cerca de la costa con arpones y boyas: podría haber existido una industria que principalmente cazara hembras en busca de zonas de cría, lo que habría ayudado a la práctica extinción de las poblaciones norte-atlánticas. Los relatos de Plinio, que fueron considerados demasiado “imaginativos” debido a la escasez de ballenas en el Mediterráneo actual, son ahora mucho más verosímiles.

Ballena franca glacial (Eubalaena glacialis) con cría. (CC0).

Ballena franca glacial (Eubalaena glacialis) con cría. (CC0).

El estrecho de Gibraltar es un buen lugar para ver cetáceos. Hay un grupo importante de orcas (Orcinus orca) que, entre primavera y primeros de verano, están allí a la espera de los atunes que migran hacia el Mediterráneo. Compiten con los pescadores marroquíes, provocándoles pérdidas (como hacen en otros lugares, ya que aprenden y actúan en grupo para robar peces de los anzuelos). También hay cachalotes (Physeter macrocephalus), que buscan en aguas más profundas a los grandes calamares. Entre junio y julio, pasan del Mediterráneo al Atlántico casi un centenar de rorcuales comunes (Balaenoptera physalus), los segundos cetáceos en tamaño después de la ballena azul. Sobre los rorcuales hay un proyecto de EDMAKTUB para zonas entre Tarragona y Barcelona,  que incluye estudios genéticos y la detección de los animales con un aeromodelo teledirigido.

Rorcual común (Balaenoptera physalus). Foto: Chris Buelow. (CC BY-NC 2.0).

Rorcual común (Balaenoptera physalus). Foto: Chris Buelow. (CC BY-NC 2.0).

Además, en el estrecho todo el año hay una población de ballenas piloto (Globicephala melas) de unos 250 individuos que convive con el delfín común de hocico corto (Delphinus delphis), el delfín mular (Tursiops truncatus), y el delfín listado (Stenella coeruleoalba).

Delfín listado (Stenella coeruleoalba). Foto: Alexandre Roux. (CC BY-NC-SA 2.0).

Delfín listado (Stenella coeruleoalba). Foto: Alexandre Roux. (CC BY-NC-SA 2.0).

En Cataluña, Submon ha puesto en funcionamiento el proyecto Delfines de tramontana sobre el delfín mular en la zona del Cañón de Creus, que es donde esta especie es más frecuente en nuestra costa, en colaboración con los pescadores locales.
En Cataluña, Submon ha puesto en funcionamiento el proyecto Delfines de tramontana sobre el delfín mular en la zona del Cañón de Creus, que es donde esta especie es más frecuente en nuestra costa, en colaboración con los pescadores locales. Las poblaciones de este delfín parecen haber aumentado algo en los últimos años. Pero los delfines sufren mucho por el efecto de la pesca involuntaria. En la costa atlántica francesa, en la Charente maritime y Vendée, sólo en lo que va de año se han encontrado muertos más de 1100 delfines, el 90% de los cuales muestran señales de haber sido víctimas de las redes de los pescadores. El problema es que los delfines persiguen las mismas presas que los barcos pesqueros. En el Golfo de Gascuña han comenzado a emplear dispositivos que emiten un sonido que aleja a los delfines de los barcos, reduciendo la mortalidad, un ejemplo a seguir.
Delfín mular (Tursiops truncatus). Foto: Juanma Carrillo. (CC BY-NC-SA 2.0).

Delfín mular (Tursiops truncatus). Foto: Juanma Carrillo. (CC BY-NC-SA 2.0).

La masacre de las ballenas

En Oriente, los japoneses cazaban ballenas al menos desde el siglo VII. Los antiguos coreanos, los vascos (se sabe que al menos a partir del año 1050) y los inuits habían usado arpones ligados a objetos de madera que ofrecían resistencia a la sumersión, para cansar al animal y poder rematarlo en superficie. Los vascos fueron a perseguirlas primero al Canal de la Mancha, después, desde mediados del siglo XVI, a Terranova, Islandia y Spitzbergen de donde, en 1613, sus barcos y los franceses y holandeses fueron expulsados ​​por los ingleses, que reclamaban la soberanía. El objetivo de las disputas era la ballena de Groenlandia, o ballena franca ártica (Balaena mysticetus), que producía gran cantidad de aceite. Este cetáceo solía entrar en los fiordos y allí se le arponeaba y perseguía con las chalupas, palabra derivada del término vasco txalupa que se internacionalizó. Algunas poblaciones isleñas o del continente se especializaron en la caza de la ballena. Los años siguientes, daneses y noruegos se añadieron a la competencia y hubo considerables disputas que duraron hasta hacia 1640. En Japón, se inventó la caza con red en la segunda mitad de esa centuria.

Chalupa vasca. Foto: Magicpiano (CC BY-SA 3.0).

Chalupa vasca. Foto: Magicpiano (CC BY-SA 3.0).

A partir de 1830, los Estados Unidos se convirtieron en la primera potencia ballenera, sobre todo desde Nueva York y Nueva Inglaterra, pero ya en el siglo XVIII Nantucket tenía una flota especializada que llegaba al sur del Pacífico y algunas familias de esta isla de Massachussets, hoy turística y con unos precios de viviendas estratosféricos, hicieron mucho dinero. A mitades del s. XIX, había unos 10.000 marineros norteamericanos dedicados a las ballenas. El aceite se usaba para iluminación y para engrasar las máquinas, y las barbas de ballena tenían varios usos, por ejemplo en corsetería. La carne, la piel y los órganos son alimentos ricos. Los ingleses también pescaban en el Pacífico Sur a finales del XVIII y sólo en Londres había 60 barcos implicados en este negocio, pero en 1859 acabó del todo la actividad inglesa en aquellas aguas, pues no rendía lo suficiente para un viaje tan costoso y arriesgado. La famosa pesca artesanal de las Azores, arponeando desde botes que se dejaban arrastrar hasta el agotamiento de la presa, no se desarrolló hasta el siglo XIX cuando, imitando a los balleneros americanos, la gente de las islas comenzó a perseguir a los cachalotes. Hoy, este negocio ha cambiado a la observación turística de los cetáceos.

Ballenero abandonado con cañón arponero en la proa. Foto: Jack Salens (CC0).

Ballenero abandonado con cañón arponero en la proa. Foto: Jack Salens (CC0).

A lo largo del siglo XX la industria ballenera fué agotando una tras otra, desde el punto de vista del interés comercial, las poblaciones de las diferentes especies.

En aquel entonces se inventaron los cañones para lanzar arpones. En el filme inglés de aventuras Infierno bajo cero (1954), de Mark Robson, se veía la caza de ballenas en aguas de la Antártida con estos nuevos utensilios. El barco del film era el ballenero Southern Truce, construido en Inglaterra en 1945 y dedicado a su trabajo hasta 1963 en el Antártico. Durante años, muchas ballenas heridas se perdían debido al mal tiempo o porque se sumergían dando vueltas y rompían la línea. La mejora del cañón, los arpones explosivos, la inyección de aire en los cuerpos de las ballenas para hacerlos flotar y el uso de cables en lugar de cabos para los arpones redujeron las pérdidas, pero el aumento de eficiencia hizo que a lo largo del siglo XX la industria ballenera fuera agotando una tras otra, desde el punto de vista del interés comercial, las poblaciones de las diferentes especies. Por otra parte, el aceite de ballena ya hace mucho que ha sido sustituido por otros combustibles más baratos y fáciles de obtener.

Intentos de protección

En 1947 se creó la International Whaling Commission (IWC), que posteriormente delimitó zonas de prohibición en el Océano Índico y en torno de la Antártida. En 1986, la IWC proclamó una moratoria en la caza. Algunos pueblos indígenas, como los inuits, quedaron autorizados a cazar ballenas para su subsistencia. Pero Japón, Noruega e Islandia se negaron a aceptar la moratoria. Noruega permite la caza de la ballena enana o minke, que es un rorcual pequeño. El Japón autorizaba la caza “con fines científicos” (entre 200 y 1200 capturas anuales, sobre todo de ballena minke (Balaenoptera acutirostrata), aunque la carne de las capturas se vende en los mercados y ha luchado en la IWC para que se permitiera la caza de las especies más abundantes en unos niveles sostenibles. Noruega sólo respetó la prohibición hasta 1993 y ha permitido hasta ahora la captura de 1000 ballenas minke anuales, aunque no ha llegado generalmente a este límite. Islandia permitió la “caza científica” hasta que en 2006 retomó la caza comercial de ballenas minke para consumo doméstico y del amenazado rorcual común para exportarlo a Japón.

Rorcual aliblanco (Balaenoptera acutorostrata). Foto: NOAA. (CC0).

Rorcual aliblanco (Balaenoptera acutorostrata). Foto: NOAA. (CC0).

La moratoria se convirtió en una prohibición permanente desde 1986, visto que seguía la caza. Las medidas de la IWC han permitido que algunas especies hayan rehecho sus poblaciones. En la última lista de especies en peligro crítico de la UICN incluye la ballena del Golfo de México, que podría ser la primera especie de ballena que se extinga desde que, hace tres siglos, desaparecieron los últimos individuos de la ballena atlántica gris (Eschrichtius robustus). En cuanto a la ballena azul (Balaenoptera musculus), el último país en pescarla, aunque para esta especie ya había prohibición de Naciones Unidas, fue España: barcos de Industrias Massó cazaron un ejemplar en 1976, dos en 1977 y 3 en 1978.

Ballena gris (Eschrichtius robustus). Foto: NOAA (CC0).

Ballena gris (Eschrichtius robustus). Foto: NOAA (CC0).

Piratas conservacionistas

Un par de años después, dos barcos de Massó fueron volados en el puerto en Marín (Pontevedra), en una acción de Sea Shepherd Conservation Society, una entidad conservacionista sin ánimo de lucro fundada en Vancouver por Paul Watson, que fue uno de los primeros miembros de Greenpeace y dejó esta organización porque encontraba demasiado blandos sus métodos. Sea Shepherd practica la acción directa, actualmente con doce barcos, acosando balleneros que actúan de manera ilegal (y en ciertos casos hundiéndolos, como ha ocurrido también en Canarias Sudáfrica, Islandia, Portugal, Noruega, etc.), siempre sin víctimas. También Sea Shepherd ha perdido algún barco, embestido por pesqueros. Ha realizado varias campañas conocidas como Operación Milagro para luchar en el Golfo de México contra la pesca ilegal de las “vaquitas” (Phocoena sinus, una marsopa de la que sólo quedan una veintena escasa de ejemplares vivos) y del totoaba (Totoaba macdonaldi, un pez esciánido que puede alcanzar 2 m de largo, también en riesgo de extinción porque su vejiga natatoria se paga a precios superiores a los de la cocaína, 1 kg cuesta más de 55.000 $ en el mercado negro, sobre todo en China, por supuestos poderes afrodisíacos, de rejuvenecimiento y aumento de longevidad. Las redes, ilegales, con los que se pescan estos peces son mortales para las vaquita y para muchos otros animales.

El totoaba (Totoaba macdonaldi, un pez esciánido que puede alcanzar 2 m de largo, también en riesgo de extinción porque su vejiga natatoria se paga a precios superiores a los de la cocaína, 1 kg cuesta más de 55.000 $ en el mercado negro, sobre todo en China.

Una sección terrestre de Sea Shepherd clava piezas de metal en árboles para provocar accidentes en las sierras mecánicas. Algunas personalidades de Hollywood forman parte de una comisión asesora de la entidad, como Sean Connery, Pierce Brosnan, Martin Sheen o Sean Penn y la lotería nacional holandesa la subvenciona con 0.5 M $ anuales. La IWC ha criticado las acciones violentas de la organización. Algunos países, como Japón, consideran que Sea Shepherd es una organización eco-terrorista, pero no los EEUU, donde está libre de impuestos. En 2018 Sea Shepherd denunció que un barco islandés había llevado a Hvalfjordur un ejemplar que los pescadores dijeron que era un híbrido de ballena azul y rorcual común, algo sobre lo que hay muchas dudas hasta el punto de que algunos piensan que los islandeses han cazado ocasionalmente, durante años, ballenas azules diciendo que eran híbridos.

Cartell sobre la protecció de la vaqueta marina a Mèxic. Font: SEMARNAT. (CC0).

Cartell sobre la protecció de la vaqueta marina a Mèxic. Font: SEMARNAT. (CC0).

Algunos países, como Japón, consideran que Sea Shepherd es una organización eco-terrorista, pero no los EEUU, donde está libre de impuestos.

El documental At the edge of the world (2008), premiado en el Festival Internacional de Vancouver, muestra la lucha de dos barcos de Sea Shepherd contra los balleneros japoneses en el Antártico, en la operación llamada Leviatán. Eco-Pirate: the story of Paul Watson (2011) también es un premiado documental sobre este personaje. Into the Deep: America, Whaling and the World (2010) es una historia de la caza de ballenas por los americanos desde el siglo XVII hasta que decayó al acabar la Guerra Civil.

Melville y Moby Dick

Cuando se habla de ballenas, todo el mundo piensa en Moby Dick (1851), de Herman Melville, considerada la Gran Novela Americana. La historia es muy conocida, comienza en Massachussets, termina en el Pacífico Sur y se sitúa más o menos en la época en que Melville la escribió. El libro fue un fracaso comercial, como tantas obras geniales. Melville dedica muchas páginas a describir la anatomía y el procesamiento a bordo de las ballenas capturadas en un tono muy técnico que fatiga al lector medio, así que la mayoría ha leído versiones abreviadas. De las versiones cinematográficas, la de John Huston (1956), con Gregory Peck como el capitán Ahab, es la más conocida, pero hay filmes anteriores sobre el tema. El de Huston es discutible desde el punto de vista dramático, algunos creen que Peck, que el público estaba acostumbrado a ver como un héroe tranquilo, no daba bien el punto de delirio de Ahab, pero el film es de una gran belleza visual gracias a la reconstrucción del barco y a las escenas de navegación.

Gregory Peck en el papel del Capitán Ahab, en la película Moby Dick, 1956. Warner Bros.

Gregory Peck en el papel del Capitán Ahab, en la película Moby Dick, 1956. Warner Bros.

Melville tuvo una vida aventurera. Se embarcó por primera vez a los 19 años. En un segundo viaje lo hizo en un ballenero del que desertó con un compañero en las islas Marquesas y fue capturado en Nukuhiva, una isla del Pacífico, por los typee, que eran tenidos por caníbales. Los typee, en lugar de comérselo, lo vendieron a otro ballenero. El primer libro de Melville se llamó Typee (1846), justamente. En él, Melville contrasta una visión idílica de los indígenas con la civilización occidental, que no le gusta. Pasó un tiempo corto en la cárcel, en Tahití, por rebelión, pero también se escapó y pasó un mes viviendo en las playas y viajando entre islas. A quien hace esto en tahitiano se le llama un omoo. Omoo (1847) fue justamente el título de otra novela que venía a ser la continuación de Typee. Si me permiten una breve digresión, es curioso que, cuando escribí mi primera novela, dirigida a un público infantil-juvenil, la titulé El viaje de Omoh (2001). Mi personaje era un niño negro de las islas Salomón arrebatado de su isla por una tormenta y recogido por un navegante solitario. Sus aventuras lo llevan a San Francisco y luego de regreso a su isla, en un viaje iniciático. Se me ocurrió el nombre Omoh invirtiendo el nombre del género Homo que así me sonaba bien para un nombre polinesio, pero desconocía por completo el libro de Melville. Un amigo me preguntó si el título era un homenaje a Melville, dije que no y corrí a buscar Omoo. Mi sorpresa fue que aquel nombre significara el que viaja entre las islas, bastante adecuado para el protagonista de mi historia. Una casualidad curiosa. En mi libro, Melville está presente. Omoh, durante el viaje en el velero que lo recoge, conoce a una ballena que huye herida de la persecución de un ballenero que ha dispersado a su grupo y matado a algunas compañeras. Después, el propio Omoh se encuentra a bordo de un ballenero. Huelga decir que yo tenía en la cabeza a Moby Dick y que mi héroe se pone del lado de las ballenas. Pero volvamos a los escritores de verdad. De la gente de Nantucket escribe Melville en Moby Dick:

Y así estos hombres desnudos de Nantucket, estos ermitaños marinos, saliendo desde su hormiguero al mar, han invadido y conquistado el mundo acuático como otros tantos Alejandros, repartiéndose entre ellos los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, como las tres potencias piratas lo hicieron con Polonia. Ya puede América añadir México a Texas, y apilar Cuba sobre Panamá; ya pueden los ingleses irrumpir por toda la India y ondear su bandera resplandeciente al sol: dos tercios de este globo terráqueo son de los de Nantucket, ya que el mar es suyo, ellos lo poseen, como los emperadores sus imperios, y los otros navegantes sólo tienen derecho de tráfico. Los barcos mercantes no son más que puentes extensibles; los barcos armados, fortificaciones flotantes; incluso los piratas y corsarios, por más que siguen el mar como los bandoleros siguen los caminos, no hacen más que saquear otros barcos, otros fragmentos de tierra como ellos mismos, sin tratar de ganarse la vida sacando algo de la insondable profundidad. Sólo el hombre de Nantucket reside y se agita en el mar; sólo él, en lenguaje bíblico, sale al mar en barcos, arándolo de una lado a otro como si fuera su plantación particular. Allí está su hogar: allí es donde tiene los asuntos que un diluvio de Noé no podría interrumpir, aunque aniquilara a todos los millones de chinos. Vive en el mar como los urogallos en el prado; se esconde entre las ondas y las sube como los cazadores de gamuzas trepan a los Alpes. Durante años, no conoce la tierra, así que cuando llega, por fin, a ella, le encuentra un olor como de otro mundo, más raro que la luna para un terrícola. Es como la gaviota sin tierra, que cuando el sol se pone pliega las alas y se duerme mecida entre las olas; así, al caer la noche, el hombre de Nantucket, sin tierra a la vista, aferra las velas y se echa a dormir, mientras bajo su almohada se aglomeran rebaños de morsas y ballenas.

Un párrafo que describe el aspecto épico y lleno de coraje de la profesión del ballenero en los antiguos barcos de vela.

Herman Melville en 1870. Pintura: Joseph Oriel Eaton. Houghton Library (CC0).

Herman Melville en 1870. Pintura: Joseph Oriel Eaton. Houghton Library (CC0).

Ahab como metáfora

Sobre la interpretación de Moby Dick se ha escrito mucho. Dejando de lado la caza de ballenas, que Melville conocía de primera mano, los sarcasmos contra la sociedad burguesa bostoniana y las críticas al racismo y el esclavismo o las reflexiones bíblicas, la cuestión de fondo de la obra es: ¿qué representan Ahab y Moby Dick? Él, obsesionado, llevará a sus oficiales y marineros a la muerte, al tiempo aterrorizándolos y despertando su codicia. Para él, la ballena es un inaceptable poder maléfico que, como el Leviatán bíblico, representa el mal.

Pero ¿no está en él mismo, en Ahab, el demonio que cree perseguir? ¿Cree de verdad que la ballena blanca es la encarnación del mal o quizás se rebela contra una divinidad impasible, violenta e injusta, el diablo o el propio Dios? No soy quien para entrar en un tema que tantos expertos han discutido. Ahab, en su desmesura y locura, sólo piensa en su destino o su deseo, confundiéndolos, y no en los otros hombres que de él dependen, a los que considera sólo como instrumentos para sus objetivos (a los tripulantes del Pequod les dice “no sois hombres, sois mis brazos y mis piernas”), y en eso se parece bastante a muchos personajes históricos de mal recuerdo y a muchos especuladores de ahora que hacen de la naturaleza y del resto de los humanos meras piezas de su gran partida en el juego del Mercado. De las obras cargadas de simbolismo se pueden sacar metáforas a placer. Ahab puede ser la humanidad entera, con la arrogancia que denota la cita anterior sobre el dominio de los mares por los hombres de Nantucket. Ahab debe matar a la ballena que le disputa el dominio del mar: se siente un dios griego, pero la pierna de marfil que lleva por causa de Moby Dick le recuerda que es un hombre y se rebela, lo que es bien humano, contra la condena a sufrir y morir que todos compartimos. Ahab puede ser la humanidad que quiere dominar la naturaleza, aunque las fuerzas de la naturaleza sean muy superiores a las suyas.

Ahab puede ser la humanidad que quiere dominar la naturaleza, aunque las fuerzas de la naturaleza sean muy superiores a las suyas.

Es un pariente de Frankenstein (Frankenstein o el nuevo Prometeo es el título de la novela de Mary Shelley, y Prometeo, que no admite ninguna autoridad divina sobre el Yo, es el héroe predilecto del romanticismo: Goethe, Shelley y Byron escribieron sobre él); del Conde Arnau (Yo soy sólo de mis brazos y de mis pasos, le hace decir al Conde el poema de Maragall); del Don Juan de Molière (que no admite que nadie le juzgue, ni Dios que lo ha hecho como es); y también del superhombre nietzscheano.

Fotograma de la película Moby Dick, 1956. Warner Bros.

Fotograma de la película Moby Dick, 1956. Warner Bros.

Pero cuando la ballena se hunde lleva a Ahab atado por los cabos de los arpones que él mismo le ha ido clavando porque Ahab y la ballena no se pueden separar, son una misma cosa. Si destruimos la naturaleza, nos destruimos. No sé cuál era la intención de Melville, tal vez el diablo se lleva a Ahab por su orgullo ciego… pero ¿no es la vanidad de creer que todo lo podemos lo que nos puede llevar al desastre? No olvidemos que Melville detestaba las sociedades “modernas”: los caníbales de Typee y el arponero Queequeg son personajes positivos.

Ahab es un perseguidor de la Nada, dice el experto más reconocido, el filósofo francés Gilles Deleuze. Además de las críticas ya mencionadas a la sociedad bostoniana y de sus propias fugas de barcos y cárceles, Melville escribió el extraordinario relato pre-kafkiano Bartleby, el escribiente (1853), donde este extraño personaje pasivo responde “Preferiría no hacerlo” (I would prefer not to) a las órdenes de su jefe, y no para hacer otra cosa: no quiere hacer nada. Bartleby se adelanta a Robert Musil y su Hombre sin atributos. El cuento termina, después de la coherente muerte por inanición de Bartleby, con dos exclamaciones: Oh Bartleby! Oh humanidad!, que quizás lamentan al inocente sacrificado por la sociedad pero también los hacen pareja indisociable, como Ahab y la ballena, como el individuo y el Leviatán de Hobbes. El relato sobre Bartleby lleva como subtítulo Una historia de Wall Street y Deleuze dice que Bartleby no es un enfermo sino el médico de una América enferma, un nuevo Cristo, nuestro hermano.

Melville hace toda una discusión en el capítulo 105 de Moby Dick sobre la posibilidad de que las ballenas acaben siendo exterminadas por la persecución a que son sometidas y, con argumentos bastante esotéricos, concluye que esto no ocurrirá. Es del todo evidente que, si la caza hubiera continuado al ritmo de su época, la mayoría de especies, y sobre todo las más apreciadas, ya se habrían extinguido.

Es del todo evidente que, si la caza hubiera continuado al ritmo de su época, la mayoría de especies, y sobre todo las más apreciadas, ya se habrían extinguido.

En los años 1960, se cazaban unas 60.000 ballenas de las especies grandes cada año. En el siglo XX y hasta 1999 se habían pescado 2.9 millones de ballenas de las grandes. La ballena azul tuvo el pico de capturas en 1930, desde 1963 la caza está prohibida. Hoy se pueden emplear estudios de la diversidad genética del ADN, considerando las tasas de mutación y el tiempo de generación para estimar los tamaños de las poblaciones (no actuales pero sí para un largo período de tiempo). Así sabemos que la población actual de las ballenas azules es apenas un 10% de la que existía antes de la caza intensiva durante el siglo XX. La escasa población y la inmensidad de su hábitat dificultan mucho la reproducción. Hay que tener presente que los datos oficiales son incompletos. Es muy difícil tener los de las capturas ilegales y las declaradas no siempre han sido fiables (especialmente las de Rusia, que ahora se conocen mejor). Por otra parte, se considera que, hoy, del orden del 40% de toda la actividad pesquera, no sólo de ballenas, se hace de manera ilegal…

Cadáver de ballena franca glacial flotando en el mar. Foto: NOAA. (CC0).

Cadáver de ballena franca glacial flotando en el mar. Foto: NOAA. (CC0).

El peligro de los Leviatanes

¿Puede un cachalote atacar a un barco? In the heart of the sea (2015), de Ron Howard, es un film de aventuras basado en un libro de Nathaniel Philbrick que narra la historia real del ballenero Essex, cuyo hundimiento por un cachalote en 1820 inspiró Moby Dick. La historia de los náufragos que subieron a los botes es terrorífica. Tres se quedaron en una de las islas Pitcairn (el archipiélago donde se refugiaron también los sublevados de la Bounty) y fueron recogidos después. Sólo cinco fueron rescatados por barcos en el mar. En los botes hubo mucho sufrimiento, hambre, sol, falta de agua (bebieron orina) y siete cadáveres fueron comidos por sus compañeros. Estos náufragos, a su vez, inspiraron a Edgard Allan Poe la primera parte de La narración de Arthur Gordon Pym. Pero parece que los ataques de ballenas de cualquier tipo a humanos son rarísimos, accidentales o meros productos de reacciones defensivas.

Portada del libro Leviathan, de Thomas Hobbes, editado en 1651.

Portada del libro Leviathan, de Thomas Hobbes, editado en 1651.

Leviatán, o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil es el título del libro más famoso de Thomas Hobbes, de 1651. Y aquí el nombre bíblico de la ballena sirve para denominar una forma de Estado que posee el poder y no tiene piedad ni escrúpulos, pero que establece y mantiene la paz y la seguridad. Un monstruo que Hobbes creía necesario porque decía que el hombre es un lobo para los otros hombres. De este Estado poderoso y despiadado, falto de escrúpulos, tenemos sobradas muestras cuando pretendemos sublevarnos contra él. Parece ahora que grandes corporaciones, mafias y Estados compitan por la denominación de Hobbes. El hermoso film ruso Leviatán (2014), de Andrei Zvygiantsev, filmado en una bahía de la península de Kola, en el mar de Barentz, en la que yace el esqueleto de una enorme ballena, cuenta la historia de un pobre hombre (como un nuevo Job) cuya vivienda y taller ambiciona el alcalde, que logrará arrebatárselos con el apoyo de sus amigos poderosos para construir una iglesia y con la bendición del sacerdote ortodoxo que cierra el film con un sermón sobre los valores de “la verdad y la virtud”: la ley está al servicio de las élites económicas y no, como Hobbes pretendía, para defender al individuo de la maldad de otros individuos. La casi imposible búsqueda de la verdad es un aspecto central en Leviatán, la novela de Paul Auster en que se entrecruzan un escritor muerto por una bomba que lleva encima, Benjamin Sachs (¿Es una especie de Unabomber, Theodore Kaczynsky, el intelectual y terrorista americano que se enfrentó en solitario con bombas y escritos al Sistema Tecno-Industrial y está condenado a ocho penas de cadena perpetua consecutivas?) y otro escritor, Peter Aaron, amigo suyo que narra su historia.

Roberto Calasso (2018) ha descrito el proceso de “divinización” de la sociedad secularizada con una mirada de espanto, relacionando nazismo y estalinismo (de algún modo gemelos) con el terrorismo islamista, fascinado por el alcance global de internet, y los poderes que hoy usan el flujo de información para sumergir la que es útil en ruido o para acumular información sobre intereses, comportamientos o aspecto físico de los individuos.

Ballenero japonés capturando rorcuales aliblancos. Foto: Customs and Border Protection Service, Commonwealth of Australia. (CC BY-SA-3.0).

Ballenero japonés capturando rorcuales aliblancos. Foto: Customs and Border Protection Service, Commonwealth of Australia. (CC BY-SA-3.0).

Estos Leviatanes del poder dan mucho más miedo que el fantasioso monstruo de la Biblia y, por supuesto, que los pobres e inteligentes cetáceos. Japón e Islandia son países ricos. ¿Tienen que cazar ballenas? ¿Su cultura no se puede adaptar a la situación lamentable de estos animales? Y, en cualquier caso, ¿no estamos siendo, un poco como las ballenas, acosados por esos Leviatanes sociales que buscan sus propios fines y no nuestra protección?

Referencias

Calasso, R. (2018) La actualidad innombrable. Anagrama, Barcelona, 173 pp.

Espada Ruíz, R. et al. (2018)Humpback whale in the bay of Algeciras and a mini-review of this species in the Mediterranean, Regional Studies in Marine Science . DOI: 10.1016/j.rsma.2018.08.010

Rodrigues, A.S.L., A. Charpentier, D. Bernal-Casasola, A. Gardeisen, C. Nores, J.A. Pis Millán, K. McGrath, C.F. Speller. (2018) Forgotten Mediterranean calving grounds of grey and North Atlantic right whales: evidence from Roman archaeological records. Proceedings of the Royal Society B 0961: 14-18 http://dx.doi.org/10.1098/rspb.2018.0961

 

 

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Jaume Terradas
Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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