Posthumanos

14 de enero 2016

Es trabajo de los ecólogos no asistir indiferentes al mundo de intrigantes y arriesgadas posibilidades que se abre con la combinación de biología y tecnología, de evolución y cultura, una combinación que plantea también serios problemas ecológicos.

Representació d'una posthumana. Autor: Ahmed Beeker

Representación de una posthumana. Autor: Ahmed Beeker

Últimamente se habla bastante de los posthumanos. Michel Houellebecq, en la novela Les Particules élémentaires, imaginaba la sustitución (asumida voluntariamente), en 2040, de los humanos por humanoides asexuales, genéticamente modificados para eliminar el “problema” del sexo y sus peligros. En el CCCB hay estos días una exposición bastante impactante, +Humanos, a raíz de la cual se ha montado un ciclo de actividades. Según la web del CCCB, el término ‘posthumano’ se refiere a nuestra segunda vida digital; los alimentos genéticamente modificados; las prótesis de nueva generación; o las tecnologías reproductivas entre otras cosas, que incluyen también, añado, la síntesis artificial de tejidos y órganos humanos, las terapias genéticas, biogenéticas o asociadas al microbioma, los implantes, las nanotecnologías y las neurociencias aplicadas.

El posthumanismo tiene implicaciones filosóficas: el  lector puede ver un poco por donde van los tiros en la definición que hace wikipedia en inglés (posthumanism). David Simpson ha publicado una novela de ciencia ficción de éxito, Post-human, sobre el tema (diría que ya hay alguna traducción, al menos en castellano). La Sociedad Catalana de Biología ha dedicado la sesión inaugural de curso al tema Humanos o posthumanos: ¿qué nos puede hacer ser la biotecnología?, con la intervención de Ramon Maria Nogués y Daniel Turbón (antropólogos) y Ricard Solé (biólogo de sistemas). Un poco antes, el espacio cívico Golferichs ofreció un ciclo de charlas sobre Humanos o posthumanos? (octubre-noviembre).

¿Serán los posthumanos más capaces que nosotros de vivir en armonía con el resto de la biosfera, o, al contrario, más destructivos todavía?

A un biólogo, lo primero que le viene a la cabeza es que la cultura puede coger el volante de la evolución. Seguramente diremos que la manipulación y aprovechamiento del espacio y de los materiales (incluidos otros organismos) externos para mejorar las posibilidades de supervivencia constituye una tendencia evolutiva que ha aparecido reiteradamente a lo largo de la evolución en la carrera para mejorar las posibilidades de supervivencia y reproducción, y hablaremos de los termes, las abejas, los castores o los nidos de los pájaros. Del significado de algunas innovaciones culturales en biología, como las prótesis, me ocupé un poco en Biografía del Mundo y Noticias sobre evolución. La cultura abrió una pequeña puerta hacia una nueva dimensión con los primeros animales que comenzaron a utilizar herramientas y se ha disparado con las especies humanas a la conquista del planeta entero y a la implementación de tecnologías de una variedad inmensa que pueden producir máquinas que piensan y un cambio drástico para los humanos. Cuando todavía no hemos sido capaces de definir en qué consiste ser humanos estamos cerca de dejar de serlo.

Ciborg (CC)

Ciborg (CC)

Y aquí nacen muchas preguntas de cara al futuro. ¿Serán los posthumanos más capaces que nosotros de vivir en armonía con el resto de la biosfera, o, al contrario, más destructivos todavía? El último número, del 5 de enero, del mejor semanario en catalán, el valenciano El Temps, trae un artículo sobre los derechos de los alienígenas que incluye un recuadro que nos recuerda la paradoja de Fermi (nombre puesto por Carl Sagan). Enrico Fermi, físico romano nacionalizado estadounidense, ganador del Nobel en 1938, miembro del equipo del Proyecto Manhattan, padre del primer reactor nuclear y distinguido impulsor de la teoría cuántica, y autor de un libro de ciencia con el mismo título adoptado por Houellebecq, Elementary particles, formuló su famosa paradoja (exclamando Where is everybody?), consistente en que, a pesar de que hay tantos mundos en el Universo (de 30 a 300 millones de planetas solo en nuestra galaxia) en los que, potencialmente, podría haber civilizaciones tecnológicamente avanzadas, de hecho no conocemos más que la nuestra (es lo que Stanislaw Lem llamaba El Silencio Cósmico).

Cuando todavía no hemos sido capaces de definir en qué consiste ser humanos estamos cerca de dejar de serlo.

Posibles explicaciones: o la vida inteligente es mucho más escasa de lo que se podría imaginar (según la ecuación de Drake), o bien está demasiado lejos, o bien no buscamos los indicadores adecuados. Fermi, que murió a los 53 años, de cáncer por el exceso de exposición a la radiactividad cuando trabajaba en Los Álamos, sugirió que toda civilización avanzada acaba por desarrollar una tecnología capaz de destruirla, y esto explicaría la paradoja… Es indudable que Fermi tenía razones personales para llegar a esta conclusión, pero hay una considerable literatura que trata de encontrar explicaciones alternativas. No es trabajo de ecólogos. Sin embargo, sí lo es no asistir indiferentes al mundo de intrigantes y arriesgadas posibilidades que se abre con la combinación de biología y tecnología, de evolución y cultura, una combinación que plantea también serios problemas ecológicos.

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Profesor emérito de Ecología de la UAB. Investigador del CREAF en temas de ecología de la vegetación. También ha trabajado en educación ambiental. Miembro del Institut d'Estudis Catalans.
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