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Sobre desigualdad y diversidad

8 de noviembre 2019

Margalef decía que la diversidad es una variable que no mide el grado de organización de los sistemas pero da una idea del estado en que se encuentran en relación a la dinámica sucesional. Con la desigualdad pasa lo mismo: su incremento, como el decremento de la diversidad, no es la causa del desorden ecológico, pero sí un síntoma medible de una dinámica del socioecosistemas que no va en la dirección de una organización más compleja, rica y madura sino en la de una organización más jerarquizada, que no protege ni los derechos humanos ni el entorno ecológico.

Portada del  World Inequality Report

Portada del World Inequality Report

Es frecuente que las novelas negras describan con crudeza los problemas sociales. He encontrado una explicación dura y contundente de los cambios producidos en las últimas décadas en Suecia en El que siembra sangre, de Arne Dahl.

Portada El que siembra sangre

Portada El que siembra sangre

El protagonista se pregunta qué está ocurriendo en la Suecia de finales del siglo XX y dice:

…Este pequeño país rural cerca del Círculo Polar Ártico, donde los movimientos populares, en su momento, engendraron la primera democracia que llegaba al ciudadano corriente, aunque sin llegar a regenerarla, que intrigó para escabullirse de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que llenó sus armarios de cadáveres, que se benefició de fabulosos ventajas competitivas en comparación con el resto de sus vecinos europeos y que, gracias a ello, se pudo permitir el lujo de ejercer como una especie de autocomplaciente conciencia mundial, al menos hasta que aquellos países que no se vieron entorpecidos por una inercia innata se pusieron a su altura, lo que no sólo acabó con el nivel de vida más alto del mundo, sino también con la imposición de los dictados moralistas de esta autoproclamada conciencia universal. Una curiosa e ingenua convicción determinista de que todo pasa siempre para bien hizo que, en los años ochenta, más que cualquier país, Suecia se entregara al capital internacional, dejándolo campar a sus anchas por su territorio. El inevitable derrumbe a finales de la década no fue sino una continuación lógica de la gradual destrucción de cualquier herramienta política que pretendiera controlar los caprichosos vaivenes del capital. Todos tuvieron que pagar la caída, todos excepto las empresas. Al tiempo que el país se acercaba a la quiebra, las grandes compañías suecas maximizaban sus beneficios. La pesada deuda se cargó sobre las familias, la sanidad, la educación, la cultura, sobre todo aquello que tuviera trascendencia a largo plazo. La más mínima alusión a que tal vez las empresas deberían participar en el pago al menos de una pequeña parte de lo que habían provocado hizo que la comunidad empresarial, con una sola voz, amenazara con trasladar de inmediato todas sus actividades al extranjero. De repente, toda la población se vio forzada a pensar en el dinero. Las preocupaciones financieras llenaban el espíritu popular desde todos los frentes, hasta que sólo quedaron unos minúsculos agujeros sin llenar, donde no cabía nada relevante, sólo loterías, apuestas y telebasura. El amor fue sustituido en parte por seriales idealizados y, en parte, por filmes porno en la tele por cable; el deseo de espiritualidad fue satisfecho con rápidas y prefabricadas soluciones new age ;, toda la música que aspiraba a tener algún tipo de repercusión se producía con propósitos comerciales; los medios de comunicación robaron el lenguaje y se convirtieron ellos mismos en norma; la publicidad robó los sentimientos y los desplazó de sus objetivos naturales; el consumo de drogas aumentó de manera drástica.

La de los noventa fue la década en la que el capital hacía el ensayo de un futuro en el que habría que controlar las hordas de parados vitalicios para que no se sublevaran: entretenimientos anestésicos, drogas que no ocasionaran un coste sanitario excesivo, conflictos étnicos con el fin de canalizar la ira en otra dirección, manipulación genética para minimizar las futuras necesidades de atención médica y una constante concentración en la economía personal y en los malabarismos que había que hacer para llegar a fin de mes.

En La última causa perdida, de Dennis Lehane, otra novela negra, encontramos el siguiente diálogo:

Si examinas atentamente la fachada de esta ciudad, verás muchas grietas. Paro al por mayor, y los que aún contratan gente pagan unos sueldos de mierda. Beneficios laborales? – se rio- ¿Seguro médico? -Negó con la cabeza-. Todo lo que nuestros padres daban por hecho mientras trabajaras duro, ¿la protección social el salario justo y el reloj de oro cuando llegara la jubilación? Todo ha desaparecido por estas tierras, amigo. -En Boston también- dije. -Me temo que todo -. (…)

 -La empresa para la que él trabajaba despidió a todos. Al cabo de un mes, les volvieron a ofrecer trabajo. (…) Pero sólo los trabajadores menos preparados recibieron la oferta, al personal cualificado se lo sacudieron. Y además, la empresa ofreció el trabajo a los menos cualificados pero bajando el sueldo a la mitad (…). Ni ventajas, ni seguros, ni nada. Eso sí, todas las horas extras que quisieran, siempre que no esperaran cobrarlas más ni otras coñas comunistas. (…) Bigs recupera el trabajo. Se trata de pagar el alquiler y la escuela, ¿verdad? Así que su semana laboral es de setenta horas. Y no se pierde ni una clase. Adivina cómo se mantiene despierto. -Anfetas. (…) Culpa de la envasadora. Y todas las empresas hacen lo mismo. Por toda la ciudad, por todo el Estado. Y el negocio de la anfeta florece duro! (…) Bigs hizo alguna tontería, pero no se convirtió en un mierda hasta que empezó a drogarse.

Portada L'última causa perduda

Portada L’última causa perduda

Son exageradas estas descripciones? Puede ser. Últimamente, un par de amigos me han dicho que mis artículos son demasiado pesimistas. Uno de ellos me ha regalado un libro que defiende que las cosas van mucho mejor de lo que se dice: Factfullness: Diez Razones por las que estamos equivocados sobre el mundo, y por qué las cosas están mejor de lo que piensas, de Hans Rosling (2018). El autor era un experto en salud que conoció muchos países y estudió muchos datos. Lamentablemente, murió antes de la salida del libro, que ha sido un gran éxito. Bill Gates ha repartido miles de ejemplares. Bien escrito, presenta las cosas de manera clara y eficiente. Sin duda, aporta información e ideas muy interesantes, pero creo que la aparente claridad de los datos no acaba de reflejar la realidad. Además, pocos de los que presenta tienen que ver con los temas ambientales. Reconoce que el cambio climático es uno de los cinco grandes peligros que se nos plantean, pero pasa de largo temas importantes. Emplea casi siempre datos de la ONU por países, en las que se ve que las rentas medias han mejorado en todo el mundo, excepto allí donde hay conflictos graves enquistados, pero habla poco de la evolución de la desigualdad dentro de los países.

Hace pocos días, hubo un debate en el Museo de Historia Natural de Barcelona sobre si la desigualdad humana era la causa de los problemas ecológicos. Sólo uno de los ponentes era ecólogo (Frederic Bartumeus) y, con razón, no vio claro que fuera así.

Margalef y la desigualdad

Desde un punto de vista físico, los organismos, los ecosistemas y las sociedades son sistemas disipativos (necesitan energía de alta calidad, como la radiación solar, para funcionar y la disipan en forma de energía de baja calidad, en general calor) y, al mismo tiempo, son auto-organizativos, ya que parte de la producción que hacen con la energía recibida la incorporan a su biomasa en estructuras complejas. Convierten energía en información, construyen complejidad. En las relaciones entre una presa y su depredador, la energía fluye de la primera al segundo: en este sistema binario, la presa dispone de más energía, que emplea con poca eficiencia, mientras que el depredador es más eficiente y acumula más información. Esta asimetría Margalef la veía también entre ricos y pobres (a nivel de individuos, clases sociales o estados.

Margalef aludía al Principio de San Mateo: a quien más tiene, más se le dará y al que no tiene casi nada incluso eso le quitará.

Las poblaciones pobres se renuevan más deprisa (tasas elevadas de natalidad y de mortalidad, o sea “turnover” rápido) y consumen poca energía exosomática, mientras que los ricos controlan más su entorno y tienen un “turnover” (tasa de renovación) más lento menos hijos, pero menos mortalidad) al mismo tiempo que consumen mucha energía exosomática. Margalef aludía al Principio de San Mateo: a quien más tiene, más se le dará y al que no tiene casi nada incluso eso le quitará. Esta asimetría cruel nos dice que es inevitable que los sistemas más organizados chupen energía de los que lo son menos y que acumulen parte de esta energía en información para aumentar aún más su grado de organización.

Cartell del programa organitzat pel Museu de Ciències Naturals de Barcelona

Cartel del programa organitzado por el Museu de Ciències Naturals de Barcelona

A mediados del siglo pasado, se empezó a desarrollar una ciencia de los sistemas complejos a partir de conceptos rasgos de la termodinámica, la cibernética, la teoría del caos, la teoría de catástrofes, etc. Uno de los pioneros de este tipo de estudios fue justamente Ramon Margalef que, a partir de la observación de la diversidad de organismos en los ecosistemas entró con fuerza en la ecología teórica con su famoso artículo de 1957 sobre la teoría de la información, publicado un año después en inglés en General Systems. En él discutía el concepto de diversidad y su medida con varios índices relacionados con la termodinámica y la información. La diversidad tiene dos componentes, el número de especies del ecosistema y el modo en que los individuos se reparten en especies, es decir las abundancias relativas de las especies. Supongamos una muestra de N = 100 individuos pertenecientes a S = 10 especies: la diversidad máxima, Hmax, es cuando cada especie tiene 10 individuos y la mínima cuando una especie tiene 91 y las otras nueve sólo uno. Lo que hace la diversidad es expresar, de forma abreviada, como un conjunto se distribuye en subconjuntos (un conjunto de individuos en especies o un texto en palabras o en letras). Margalef comparaba la diversidad de las comunidades con la que podemos encontrar en las palabras de un texto, en las piezas de un “Meccano” y en muchos otros casos.

a) Comunidad de mariposas. b) Piezas de Meccano que se emplean para hacer una rueda de parque de atracciones. Las especies y tipos de piezas están ordenados por su abundancia. Según Margalef.

Primera foto: Comunidad de mariposas. Segunda foto: Piezas de Meccano que se emplean para hacer una rueda de parque de atracciones. Las especies y tipos de piezas están ordenados por su abundancia. Según Margalef.

Margalef creía que la diversidad nos dice algo de la organización del sistema, de la misma manera en que la temperatura lo hace del estado de nuestro metabolismo.

En esta gráfica vemos que una distribución puede bajar cerca de la vertical (abundancias similares de todas las especies) o hacerlo muy rápidamente (unas especies son muy dominantes sobre el resto).

En esta gráfica vemos que una distribución puede bajar cerca de la vertical (abundancias similares de todas las especies) o hacerlo muy rápidamente (unas especies son muy dominantes sobre el resto).

A partir de numerosas observaciones, vio que en los ecosistemas el valor de la diversidad no pasaba de cierto límite (5.3 bits por individuo si se emplea la fórmula de Shannon para calcularla). Una diversidad más alta (p.e. que sólo haya un individuo de cada especie) se puede encontrar en la vitrina de un museo, pero no en un sistema que funcione. Margalef afirmaba que la diversidad está modulada por la cantidad de energía que atraviesa el sistema. Si pasa mucha energía la diversidad es baja, cuando el flujo de energía se debilita la diversidad puede aumentar. A lo largo del tiempo, los cambios ambientales se traducen en cambios en la diversidad. Los hay entre el día y la noche, entre estaciones o, si hablamos de sucesiones, entre las fases iniciales poco organizadas de la comunidad y las fases maduras. En este último caso, aumentan la diversidad y la biomasa (y la información acumulada).

A lo largo del tiempo, los cambios ambientales se traducen en cambios en la diversidad.

Las perturbaciones hacen disminuir la biomasa y la información. Aquí aparece otra asimetría fundamental: la auto-organización avanza lentamente, mientras que las perturbaciones provocan regresiones que pueden ser repentinas y catastróficas (el bosque crece lentamente pero se quema en horas). Esta regla tiene un alcance muy general, así como la limitación de la diversidad que Margalef observó en comunidades, textos, partituras musicales, piezas de “Meccano” y redes electrónicas. Pero desde un punto de vista funcional, no sabemos qué diversidad es indispensable y conviene recordar la advertencia de Margalef (1991:

No vale decir, con buena intención pedagógica, que hay que proteger los sistemas de alta diversidad para promover la estabilidad de la biosfera, ni tampoco que el piropo más humilde está conectada con todo y que la continuación de su vida es esencial para la conservación del conjunto. Las buenas intenciones no pueden sustituir la racionalidad (…) En realidad, la diversidad alta es una consecuencia de la estabilidad, definida de manera “apropiada”, pero no una causa activa e independiente de esta estabilidad.

Es evidente que no todas las especies tienen la misma importancia en el funcionamiento del sistema. Esto nos lleva a otro concepto, que es el de conectancia (la conectancia es el número de vínculos existentes dividido por el número de los posibles): la organización de los sistemas se basa en redes que tienen nudos (especies) y ataduras. Algunos nudos están conectados con muchos otros pero la mayoría se conectan con pocos. La conectancia, como la diversidad, es un indicador interesante de las características del sistema. Un sistema poco conectado se dice que está muy jerarquizado (grado de jerarquía = 1- conectancia).

La conectancia, como la diversidad, es un indicador interesante de las características del sistema. Un sistema poco conectado se dice que está muy jerarquizado (grado de jerarquía = 1- conectancia).

Diversidad en socioecosistemas

En las sociedades humanas, la diversidad de oficios aumenta cuando pasamos de grupos de cazadores-recolectores a sociedades urbanas complejas. La sociedad se comporta como si añadiéramos un nuevo nivel superior en la jerarquía de la naturaleza: la explotación del medio por los humanos tiende a simplificar los sistemas explotados, al igual que cuando entra un gran herbívoro en un prado disminuye la diversidad de hierbas. Recibe energía del resto y parte de esta energía la acumula como información-complejidad. O sea que, como todo proceso físico auto-organizativo, las sociedades humanas se construyen aumentando la entropía (la desorganización) del resto de la biosfera. Disminuyen las especies propias de fases maduras de la sucesión y también las sociedades adaptadas a ambientes muy concretos, se expanden las especies pioneras, que viven poco y se reproducen mucho con elevada mortalidad de los hijos o gérmenes, etc.; igualmente, desaparecen las culturas muy especializadas, unos pocos idiomas devienen muy dominantes y las sociedades convergen porque se modifican los entornos por la climatización y aumenta la comunicación y el intercambio de información, etc. Como ocurre en los ecosistemas cuando hay fuertes perturbaciones, a lo largo de la historia civilizaciones complejas han colapsado como resultado de cambios climáticos, conflictos con los vecinos, epidemias, etc. (Diamond, 2005).

Desigualdad en la distribución de la riqueza en las sociedades

La distribución de la riqueza es comparable a la distribución de la abundancia de las especies: hay pocos países o personas ricos y muchos que son pobres, como hay pocas especies abundantes y muchas raras. Un tema preocupante es que la desigualdad en la distribución de la riqueza ha crecido mucho en las cuatro últimas décadas en el mundo (Pikkety, 2014). La distribución de la renta se suele representar por la curva de Lorenz.

Curva de Lorenz e índice de Gini. En abscisas la población, desde las rentas más bajas a la izquierda a las más altas a la derecha, en porcentajes, y en ordenadas las rentas. La diagonal es el caso de distribución igualitaria. Cuanto más sa aleja la curva de la diagonal, más desigualdad hay; El índice de Gini, que mide la desigualdad, val entre 0, para una distribución de ingresos iguales para todos, y 1, cuando un individuo tiene todos los ingresos y el resto ninguno. Este índice tiene la pega de que diversas formas de la curva de Lorenz pueden dar la misma superfície entre ella y la diagonal.

Curva de Lorenz e índice de Gini. En abscisas la población, desde las rentas más bajas a la izquierda a las más altas a la derecha, en porcentajes, y en ordenadas las rentas. La diagonal es el caso de distribución igualitaria. Cuanto más sa aleja la curva de la diagonal, más desigualdad hay; El índice de Gini, que mide la desigualdad, val entre 0, para una distribución de ingresos iguales para todos, y 1, cuando un individuo tiene todos los ingresos y el resto ninguno. Este índice tiene la pega de que diversas formas de la curva de Lorenz pueden dar la misma superfície entre ella y la diagonal.

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Evolución del coeficiente de Gini en España a partir de 2008. La desigualdad creció los primeros años de la crisis. Ya había crecido antes, entre 1980 y 2008. A partir de 2014 hay un pequeño descenso. Fuente: INE.

El World Inequality Report ha analizado la evolución de la desigualdad en el mundo desde 1980. Los resultados demuestran que la desigualdad ha aumentado en la mayoría de las regiones, y de manera especialmente clara, en China, Norteamérica, Rusia e India. Los niveles de América Latina, África subsahariana y Oriente Medio son muy elevados y los de Europa son los menores. Es cierto que, considerando el mundo en conjunto, la desigualdad ha disminuido (aunque muy poco) entre 1980 y 2008 porque los países emergentes han crecido más que los ricos.

Curvas de Lorenz correspondientes a los ingresos de la población mundial en 1988 y en 2008. Hay una ligera reducción de la desigualdad, pero el período no incluye la crisis iniciada en 2008. Lanke y Milanovic, 2016.

Crecimiento en % del ingreso real por adulto entre 1980 y 2016. En las ordenadas están las clases de población según sus ingresos. Las mayores ganancias en % se acumulan en las rentas más altas y en los percentiles 65-75 donde están las poblaciones medias de los países emergentes. En el percentil 80, que incluye las clases medias europeas y norteamericanas, y en los percentiles 5-35, el crecimiento es nulo o muy pequeño. Fuente: Milanovic, 2016.

Creixement en % de l’ingrés real per adult entre 1980 i 2016. A les ordenades hi ha les classes de població segons els seus ingressos. Els majors guanys en % s’acumulen en les rendes més altes i en els percentils 65-75 on hi ha les poblacions mitjanes dels països emergents. En el percentil 80, s’inclou les classes mitjanes europees i nord-americanes, i en els percentils 5-35 el creixement és nul o molt petit. Font: Milanovic , 2016.

En este periodo, el crecimiento ha beneficiado a la población media-pobre y la más rica y riquísima, pero poquísimo a las clases medias de los países ricos, y nada o muy poco a los más pobres. El 1% más rico ha capturado el 27% del total del crecimiento mundial desde 1980, mientras que el 50% más pobre sólo ha obtenido el 12%. En España, la mejora se ha dado en todos los estratos sociales, con más intensidad en los más ricos pero no de manera tan exagerada como en Estados Unidos. En China, que ha tenido un crecimiento espectacular, los más pobres se han beneficiado mucho menos que los más ricos y la desigualdad se ha disparado. El incremento de la desigualdad mundial es indudable. Según los autores del informe, habría una frontera de desigualdad elevada en la que se encontrarían Oriente Medio, América Latina, África subsahariana y la India, y el resto del mundo tendería a acercarse .

Ingresos del 10% más rico en el mundo entre 1980 y 2016. ¿Se mueve la desigualdad hacia un umbral superior donde ya se encuentran Oriente Medio, África subsahariana, la India y Brasil? En Estados Unidos y Canadá los ingresos de los ricos han pasado del 34 al 47%, pero el aumento más fuerte ha sido en la India y el menor en Europa. World Inequality Report, 2018.

Ingresos del 10% más rico en el mundo entre 1980 y 2016. ¿Se mueve la desigualdad hacia un umbral superior donde ya se encuentran Oriente Medio, África subsahariana, la India y Brasil? En Estados Unidos y Canadá los ingresos de los ricos han pasado del 34 al 47%, pero el aumento más fuerte ha sido en la India y el menor en Europa. World Inequality Report, 2018.

En 1980, la mitad más pobre de la población de Estados Unidos recibía el 21% de la renta nacional y en 2016 sólo el 13%, mientras que el 1% más rico de la población en el mismo tiempo ha pasado del 11 al 20% . En Europa, este incremento de los más ricos ha sido sólo de un 2%. Esto se debe a que en Estados Unidos se ha liberalizado más el mercado de trabajo, ha bajado más el gasto público (y por tanto la social), y se han rebajado los impuestos a las rentas más elevadas. En Europa, los neoliberales han promovido políticas similares pero no las han podido implantar en la misma medida. De todos modos, en China, Europa y Estados Unidos en 2016 la proporción de renta correspondiente al 1% más rico era del 33%, y llegaría al 39% en 2050 si se mantienen las tendencias actuales. El 0.1% más rico prácticamente iguala la proporción de renta de las clases medias (26 y 27% respectivamente).

En los dos gráficos siguientes se ve la evolución de la participación porcentual del 1% más rico y del 50% más pobre en Estados Unidos y en Europa Occidental en el mismo periodo:

Evolución de la participación en el Ingreso Nacional, en porcentajes) del 50% más pobre y el 1% más rico de las poblaciones de Europa y Estados Unidos, entre 1980 y 2016. Según el World Inequality Report 2018. Se ve que la mitad pobre obtiene una participación decreciente en ambos casos, aunque el cambio en Estados Unidos es mucho mayor que en Europa.

Evolución de la participación en el Ingreso Nacional, en porcentajes) del 50% más pobre y el 1% más rico de las poblaciones de Europa y Estados Unidos, entre 1980 y 2016. Según el World Inequality Report 2018. Se ve que la mitad pobre obtiene una participación decreciente en ambos casos, aunque el cambio en Estados Unidos es mucho mayor que en Europa.

Aunque crece la riqueza en la mayoría de las naciones, en los países ricos la parte pública de esta riqueza se ha estancado o reducido, mientras que la privada ha aumentado. Así, los estados han perdido capacidad para hacer gasto social y políticas de igualdad. Todo esto quizá ayuda a entender parte de lo que explican las citas literarias con las que he empezado el artículo. Rosling no presta mucha atención a la deuda pública en su libro, pero muchos países crecen gracias a que están empleando dinero que algún día deberán devolver, mientras que la tendencia es a la privatización de los beneficios y al empobrecimiento público. La riqueza neta, pública o privada, es la diferencia entre los activos y la deuda.

Evolución de las riquezas privada y pública en los principales países occidentales y Japón. La participación de la riqueza pública en la nacional en Francia era del 17% en 1980 y del 3% en 2015. En Estados Unidos, en 2015 la riqueza pública tenía un valor negativo (-17% del Ingreso Nacional Neto, INN) , cuando en 1970 era el 36%, mientras que la riqueza privada neta fue el 500% del INN cuando en 1970 era el 326%. Según el World Inequality Report 2018.

Evolución de las riquezas privada y pública en los principales países occidentales y Japón. La participación de la riqueza pública en la nacional en Francia era del 17% en 1980 y del 3% en 2015. En Estados Unidos, en 2015 la riqueza pública tenía un valor negativo (-17% del Ingreso Nacional Neto, INN) , cuando en 1970 era el 36%, mientras que la riqueza privada neta fue el 500% del INN cuando en 1970 era el 326%. Según el World Inequality Report 2018.

Disminución generalizada de la riqueza pública en los mismos países. Según el World Inequality Report 2018.

Disminución generalizada de la riqueza pública en los mismos países. Según el World Inequality Report 2018.

Contracción de la clase media global (línea azul) prevista si las tendencias actuales continúan hasta el 2050. Según el World Inequality Report 2018.

Contracción de la clase media global (línea azul) prevista si las tendencias actuales continúan hasta el 2050. Según el World Inequality Report 2018.

Desigualdad y diversidad

El efecto de la desigualdad es objeto de debate entre los economistas. Muchos piensan que una sociedad funcional debe tener un cierto grado de desigualdad que genere excedentes en una parte de la población, los cuales dinamizarán la economía. Esto se puede comparar con las limitaciones en la diversidad y la conectividad que aparecen en los ecosistemas reales y en redes de todo tipo que funcionan: cierto grado de desigualdad es necesario (y, por ello, los sistemas comunistas que hemos conocido se han mostrado poco funcionales), pero una desigualdad excesiva puede provocar un colapso o una crisis social. Formalmente, con el tema de la desigualdad estamos tratando un problema muy similar al de la diversidad. Tanto que la aproximación de Lorenz y Gini ha sido empleada en sistemas ecológicos (Patil y Taillie 1982).

El aumento de la desigualdad se podría comparar con una disminución de la diversidad, es decir con una simplificación y un empobrecimiento del sistema: la parte media de los estratos sociales tiende a fundirse con las partes pobres.

El aumento de la desigualdad se podría comparar con una disminución de la diversidad, es decir con una simplificación y un empobrecimiento del sistema: la parte media de los estratos sociales tiende a fundirse con las partes pobres.

La simplificación estructural se produce en ecología como resultado de una explotación o de una perturbación, y el mantenimiento de un sistema con una estructura simplificada implica la desaparición de lazos retroactivos reguladores en el sistema. Pues bien, un sistema social muy explotado (muy jerárquico) o perturbado (por conflictos) verá desaparecer también los mecanismos reguladores, en este caso instituciones que tiendan a evitar y corregir injusticias, dificultar la corrupción de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, fomentar la liberación de la mujer, proteger a los desamparados, frenar el poder abusivo de los más fuertes, etc.

En definitiva, verá una regresión de lo que conocemos como derechos individuales (derecho de voto para todos, igualdad de géneros, prensa libre, sindicatos democráticos, independencia judicial, democracia representativa, estado del bienestar …), como por desgracia estamos comprobando en algunos países occidentales. Y es que los beneficiarios de la aberrante desigualdad saben que el mantenimiento de la actual tendencia hacia la acumulación de la riqueza y la desaparición de las clases medias requiere eliminar obstáculos y, por tanto, simplificar el sistema institucional incrementando la jerarquía del sistema. El economista Gunnar Myrdal, premio Nobel, advirtió hace más de cincuenta años que el mercado tiende a hacer que, en los intercambios, los países ricos siempre se beneficien más que los pobres.

Gunnar Myrdal

Gunnar Myrdal. Font_ Wikimedia Commons

Esto coincide con las ideas de Margalef sobre la relación en sistemas binarios: la parte más organizada crece en eficiencia e información y mantiene a la otra en un estado de escasa organización y “turnover” más rápido (estrés). A finales del colonialismo las metrópolis han favorecido la formación de gobiernos dictatoriales en las antiguas colonias porque en sistemas con un bajo nivel de organización (pocos mecanismos reguladores y de control) es más fácil corromper a los mandatarios y mantener el dominio sobre los recursos. En los sistemas sociales, el exceso de conexión entre elementos genera la emergencia de nuevos niveles jerárquicos, en este caso grandes corporaciones que controlan a los Estados e instituciones preexistentes.

El neoliberalismo pretende que todo debe ser regulado por el mercado, pero el modelo de economía de mercado de Adam Smith implicaba numerosas empresas de tamaño similar en competencia y el que se ha generado en la globalización es un nuevo nivel jerárquico formado por un número pequeño de grandes oligopolios que pactan los precios y los imponen, por lo que el mercado no regula nada. Lo que pretenden el neoliberalismo y el capitalismo oligopolista, realmente, no es que el mercado regule sino que las regulaciones desaparezcan.

La desigualdad creciente puede tener, a partir de ciertos valores, efectos negativos sobre la evolución económica: una parte considerable de la población deja de tener acceso a la educación, los recursos y los medios tecnológicos o las relaciones sociales que ayudan a encontrar trabajo, lo que es contrario a lo que venía sucediendo hasta hace poco, y que puede provocar efectos a más largo plazo difíciles de corregir, graves en los países más pobres y para masas importantes y crecientes de población en países ricos que van quedando marginadas del mercado de trabajo o que, aun trabajando, pierden poder adquisitivo. Por otra parte, la evolución tecno-cultural reduce la necesidad de mano de obra. Una desregulación del mercado de trabajo lleva a la expulsión de proporciones crecientes de población de este mercado. Si no se establecen mecanismos que garanticen una renta mínima a todos, el sistema está abocado a una enorme inestabilidad social. Uno de los mayores retos de futuro es reducir el trabajo humano sin incrementar la pobreza.

Si no se establecen mecanismos que garanticen una renta mínima a todos, el sistema está abocado a una enorme inestabilidad social.

Uno de los mayores retos de futuro es reducir el trabajo humano sin incrementar la pobreza.Un estudio econométrico (Cingano, 2014) sobre los países de la OCDE indica que la desigualdad de ingresos tiene un efecto negativo estadísticamente significativo en el crecimiento posterior. ¿Qué niveles de desigualdad optimizan la dinámica económica sin llegar a provocar estos efectos negativos? Como en el caso de la diversidad y la conservación de los ecosistemas, no estamos seguros.

 

Desigualdad y organización social

La desigualdad se puede medir en aspectos muy diferentes, como ocurre con la diversidad en ecología (medible en especies, en tipos funcionales, dentro de las especies, etc.), y no sólo en renta: hay desigualdad entre géneros y mucho trabajo femenino no es retribuido, por lo que no se puede cuantificar esta desigualdad por las rentas; hay desigualdad ligada a la edad, a las etnias, etc.). Cuando mayor es la desigualdad, mayor es también la jerarquización y se puede esperar una simplificación (pérdida de diversidad) en los roles de los individuos y en los mecanismos institucionales.

El crecimiento excesivo de la desigualdad, además de eliminar los mecanismos de regulación, también altera la conectividad en la sociedad (se mantienen o crean nuevos guetos, el ascensor social deja de funcionar…). El paso de la economía productiva a la especulativa y a la globalización genera conexiones de muy corta duración a mucha distancia y elimina conexiones fuertes a corta distancia, y eso es porque emergen estructuras de poder en la cima de la jerarquía que no son conocidas ni entendidas por la mayor parte de la población. Estos nuevos niveles explotan al resto del sistema y producen en él un efecto similar al que se da cuando hay una perturbación en un ecosistema: simplificación organizativa y una caída de la diversidad (de rentas, de culturas adaptadas a territorios y medios diversos, etc.).

El desarrollo de redes sociales ligado a los nuevos y rapidísimos sistemas de comunicación aumenta la conectividad y esto ayuda a generar mecanismos de respuesta desde abajo ante las nuevas estructuras de poder. Hay movimientos sociales que han logrado éxitos al forzar a grandes multinacionales o gobiernos a cambiar proyectos o decisiones. Pero la creación de estados de opinión por la vía de las redes sociales puede ser controlada por estructuras de poder (antiguas o nuevas), con consecuencias peligrosas para los sistemas democráticos mediante la difusión interesada de post-verdades o fake news por no decir mentiras o calumnias, y de “realidades inventadas”, y fomentar el populismo. A propósito de esto, no se pierdan Secreto de Estado, de Gavin Hood (2019), un notable film inglés sobre el engaño del pueblo por sus dirigentes.

Pero la creación de estados de opinión por la vía de las redes sociales puede ser controlada por estructuras de poder (antiguas o nuevas), con consecuencias peligrosas para los sistemas democráticos mediante la difusión interesada de post-verdades o fake news por no decir mentiras o calumnias, y de "realidades inventadas", y fomentar el populismo.

Estos fenómenos quizás podrían ser susceptibles de estudio en la perspectiva de los tipos de conectividad en un contexto de redes jerárquicas. Hemos pasado de unos sistemas jerárquicos locales, con unas subredes de conexión fuerte y corta distancia y conexiones más débiles entre subredes, a sistemas jerárquicos globales, con subredes de vínculos efímeros, a menudo a mucha distancia, que propician relaciones de baja empatía, en las que se ha reforzado la jerarquía. Se produce inestabilidad al enfrentarse fuerzas opuestas, las que piden regulación del poder y reestructuración y las que quieren la simplificación de la organización social. Las herramientas metodológicas para este tipo de análisis no están suficientemente desarrolladas, los índices de que disponemos, como el de Gini, son excesivamente simplistas y los umbrales de desigualdad, diversidad y conectividad que podrían separar un dinamismo favorable de uno menos deseable no son suficientemente conocidos.

Los humanos y sus sociedades siguen ligados al funcionamiento de los sistemas de mantenimiento de vida, es decir a la ecología, que a su vez impone constricciones (pe, la falta de recursos, como el agua potable o el suelo cultivable), con umbrales a partir de los cuales se pueden disparar procesos auto-acelerados sin freno (por ejemplo, el calentamiento climático y sus efectos, como la subida del nivel del mar y su acidificación o el aumento de frecuencia e intensidad de episodios meteorológicos violentos). Los movimientos de defensa de las instituciones democráticas, el feminismo o el ambientalismo tratan de encontrarse en la tarea de generar mecanismos reguladores contrarios al total dominio del sistema por estructuras jerárquicas en manos de los beneficiarios de la desigualdad galopante.

Els moviments de defensa de les institucions democràtiques, el feminisme o l’ambientalisme miren de trobar-se en la tasca de generar mecanismes reguladors contraris al total domini del sistema per estructures jeràrquiques en mans dels beneficiaris de la desigualtat galopant.

Els moviments de defensa de les institucions democràtiques, el feminisme o l’ambientalisme miren de trobar-se en la tasca de generar mecanismes reguladors contraris al total domini del sistema per estructures jeràrquiques en mans dels beneficiaris de la desigualtat galopant. Foto: UnSplash (CCBY)

Intereses poderosos ponen en marcha movimientos derechistas con mensajes simplificadores para evitar todo control, por la vía de la supresión de organizaciones (prensa libre, oposición política, entidades de sociedad civil, etc.) y de derechos civiles. En otra dirección, populismos de signo izquierdista querrían generar un nivel alternativo en la cima de la jerarquía que también simplificase el sistema eliminando disensiones y regulaciones, pretendidamente para favorecer la igualdad que, llevada al extremo, resulta paralizante. En el caso del ambientalismo, hay que tener bien presente la advertencia de Margalef que he citado y no está de más tener presente a Magris (2001) cuando dice, de los que luchan por el dominio, que “la nostalgia de pureza para ellos mismos implica la nostalgia de esclavitud para los demás “.

La investigación nos puede ayudar a orientarnos, si somos capaces de desarrollar una aproximación conceptual eficaz para entender la complejidad de las redes jerárquicas diversas y con interacciones de intensidad, duración y longitud que se van modificando por la evolución cultural y sus retroacciones con el contexto ecológico también cambiante. Pero no sólo estamos lejos de disponer de una teoría lo bastante elaborada sino que sería ilusorio creer que, si la tuviéramos, resolveríamos los problemas sociales, en los que las diversas posiciones reflejan más intereses y actitudes emocionales que racionalidad científica. Ciento sesenta años después del Origen de las especies de Darwin, la mayoría de la humanidad aún no acepta que la vida sea el resultado de un proceso evolutivo.

La investigación nos puede ayudar a orientarnos, si somos capaces de desarrollar una aproximación conceptual eficaz para entender la complejidad de las redes jerárquicas diversas y con interacciones de intensidad, duración y longitud que se van modificando por la evolución cultural y sus retroacciones con el contexto ecológico también cambiante.

Volvamos al inicio. Margalef decía que la diversidad es una variable que no mide el grado de organización de los sistemas pero que da una idea del estado en que se encuentran en relación a la dinámica sucesional (Margalef 1989). Con la desigualdad pasa lo mismo: su incremento, como el decremento de la diversidad, no es la causa del desorden ecológico, pero sí un síntoma medible de una dinámica del socioecosistema que no va en la dirección de una organización más compleja, rica y madura sino en la de una organización más jerarquizada, que no protege ni los derechos humanos ni el entorno ecológico.

Este no es un proceso inevitable. No hay que ser pesimista, pero el posibilismo no debe basarse en creer que todo va bien en el mejor de los mundos, como hacía el Pangloss de Voltaire. Ignorar la desigualdad creciente y que el capitalismo oligopolista destruye los mecanismo reguladores propios de las democracias no ayudará a cambiar para bien ni la cuestión ambiental ni la social.

Referencias

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Magris, C. 2001. Utopía y desencanto. Anagrama, Barcelona.

Margalef, R. 1957. La teoría de la información en ecología. Memorias de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, XXXII (13). Barcelona.

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El CREAF és un centre de recerca que genera coneixements i solucions innovadores en ecologia terrestre per ajudar a la societat a mitigar els efectes del Canvi Global, a crear plans d'adaptació i a augmentar la capacitat de resiliència dels ecosistemes naturals.
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