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La Ricarda, ¿el último tornillo del delta del Llobregat?

20 de septiembre 2021

Si el delta del Llobregat fuera un avión, la Ricarda sería un tornillo muy importante (quien sabe si el último) que sustenta el complejo funcionamiento del delta. Un espacio imposible de quitar sin hacer tambalearse todo el resto del ecosistema y los servicios ambientales que proporciona a la población. ¿Quéreis saber por qué?

Joan Pino explaining the environmental value of la Ricarda

Joan Pino explaining the environmental value of la Ricarda. Image: Ara newspaper.

Te levantas, haces un café, unas tostadas y hacia el trabajo. De camino, pasas, como cada día, ante un río o un lago y resulta que hoy se han acumulado un centenar de peces muertos. Entre despertador y despertador parece que ha muerto un ecosistema. ¿Cómo puede ser? ¿Tan rápido? Los ecosistemas están conformados por varias piezas y van dejando de funcionar a medida que se van perdiendo estas piezas, de manera imperceptible. Justamente, La Ricarda es eso para el delta del Llobregat: una pieza muy importante que sustenta el complejo funcionamiento del delta. Imposible de sacar sin hacer tambalearse todo el resto del ecosistema y los servicios ambientales que proporciona a la población.

"Los ecosistemas son como un avión y nuestra alteración de los mismos va sacando los tornillos de este avión. Podría ser que la Ricarda fuera uno de los últimos tornillos del delta", Joan Pino.

“Los hábitats del Delta cada vez están más fragmentados y eso hace que todo el funcionamiento del delta empiece a tambalearse. Debemos imaginarnos que los ecosistemas son como un avión y nuestra alteración de los mismos va sacando los tornillos de este avión. Si sacamos el último tornillo acaba cayendo. De hecho, esta es la historia que hemos podido ver recientemente en otros ecosistemas acuáticos como el mar Menor. En este sentido, podría ser que la Ricarda fuera uno de los últimos tornillos del delta”, según Joan Pino, director del CREAF y catedrático en ecología de la UAB. Por otra parte, crear nuevas lagunas en otros puntos como compensación de este coste ambiental puede ser poco efectivo, como ya se ha demostrado en las actuaciones realizadas en la Roberta, la Isla o Cal Tet.

En la misma línea, Annelies Broekman, investigadora del CREAF experta en agua y cambio global, lo relaciona con un cálculo poco cuidadoso de los costes y beneficios que se necesitan para mantener estos “aviones” que suponen los espacios naturales: “el espacio de la Ricarda es insustituible, y en ningún momento se han calculado los costes de perder todas las funciones que aportan los humedales del Delta. No nos hemos parado a pensar que los beneficios que se esperan de los nuevos puestos de trabajo o del tráfico aéreo se le debería descontar el coste de, por ejemplo, un incremento de la salinización de los acuíferos. Con el tiempo se comprometería el abastecimiento de agua potable, industrial y agrícola. Definitivamente la ampliación del aeropuerto es un muy mal negocio para el territorio “, alerta la experta Annelies Broekman.

Tal y como el director indica, “el coste ambiental cero no existe“, pero hay varias alternativas a la ampliación del aeropuerto. Si no nos replanteamos la manera de cuidar nuestro territorio, poniendo la conservación de los ecosistemas en el centro, podríamos encontrarnos con que entre despertador y despertador de esta semana se vuelva a perder otro paraje tan valioso para nuestro país.

Un oasis de biodiversidad en medio de la metrópolis

“El delta del Llobregat concentra mucha diversidad de flora y fauna y es especial por su situación en medio de un área metropolitana que concentra millones de personas. De hecho, en el estanque de la Ricarda hay localidades naturales que albergan una biodiversidad única en toda Catalunya”, explica el ecólogo, Joan Pino. El equilibrio entre el agua dulce de los lagos y el río y la salada que entra desde el mar configura un paisaje en mosaico con pinares, carrizales y juncales; encontramos especies de plantas con una distribución muy restringida en nuestro territorio y los pinares acogen buena parte de las orquídeas conocidas en Catalunya, entre otros. También la fauna es digna de estudio y protección: viven tortugas autóctonas y hasta 43 especies de aves incluidas en las directivas europeas.

El espacio agrícola y natural del delta ha sufrido recortes sucesivos para acomodar el crecimiento urbanístico de los municipios y situar unos de los puertos y aeropuertos más importantes del Estado. Esto ha hecho que perdiera progresivamente parte de su biodiversidad y la calidad ambiental.

Hace 34 años se aprobó la primera figura de protección del espacio natural del delta, bajo el Decreto 226/1987, que declaraba las secciones de la laguna de la Ricarda-Ca l’Arana y del Remolar-Filipinas como reservas naturales parciales. Más recientemente, y raíz de una sentencia del Tribunal Supremo de 2012, también fue incluido en la Red Natura 2000 por su interés como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugares de Importancia Comunitaria (LIC ) por la contribución a restaurar los hábitats naturales europeos que ejerce. Sin embargo, el espacio agrícola y natural ha ido sufriendo recortes sucesivos para acomodar el crecimiento urbanístico de los municipios que acoge y situar unos de los puertos y aeropuertos más importantes del Estado. Esto ha hecho que perdiera progresivamente parte de su biodiversidad y la calidad ambiental.

El agua que beben los municipios cercanos

Las lagunas de la Ricarda y el Remolar, y el ecosistema del delta en general, no sólo juegan un papel primordial como punto de biodiversidad, sino que también ofrecen diversos servicios ambientales a toda la población, como son el ocio – que tanto importante ha sido en estos tiempos de pandemia- y la regulación del agua. Ambas lagunas evacuan las grandes inundaciones y mantienen barreras hidráulicas a la intrusión marina, lo que permite el mantenimiento de los acuíferos de agua dulce del delta.

“Ante la situación de cambio climático que se prevé para Catalunya, las inundaciones y tormentas marinas serán más frecuentes y harán que el aeropuerto, el puerto, las zonas urbanas y los campos del Delta inunden habitualmente. Son justamente las zonas húmedas como la Ricarda las que tienen la función de absorber estas aguas, porque favorecen que se infiltren en el subsuelo. Así que más que ampliar el aeropuerto, hay que pensar que en muy pocos años podría ser que ya no pudiera ubicarse donde es ahora y menos si hacemos desaparecer el espacio natural que lo protege. Actualmente ya se está bombeando el agua para evitarlo con un sistema de drenaje artificial que no es sostenible en el tiempo “, nos comenta la agrónoma del CREAF.

Broekman también forma parte de la Taula del Llobregat, una red de entidades creada con la colaboración del CREAF que trabaja para evidenciar cómo se interrelacionan diversos aspectos del sistema complejo que es la cuenca del Llobregat, incluyendo la parte económica y social. “No podemos olvidar que el Delta es el tramo final de todo un río que nace en el Berguedà y que se debe valorar como un conjunto: este lugar concreto recibe los impactos de aguas arriba, determina la calidad que tendrá el agua del mar donde llega, la dinámica de la arena en la línea costera y el estado de los acuíferos. Las masas de agua nunca se pueden tratar de manera desligada del territorio, así como lo confirma la legislación europea de aguas “, añade la experta.

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Técnica de Comunicación del CREAF desde 2016. Apasionada del mundo natural y su divulgación. Bióloga (UB) y máster en comunicación científican (BSM-UPF).
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