Lecciones aprendidas del temporal Gloria

21 de febrero 2020

El temporal Gloria afectó Cataluña entre el 19 y el 23 de enero. Ahora, un mes después del temporal de Levante histórica, Anabel Sánchez y Annelies Broekman las mujeres expertas en agua y cambio climático del CREAF, reflexionan sobre cómo gestionar el territorio con inundaciones y sequías cada vez más frecuentes.

Imagen capturada por el satélite Sentinel de la ESA el día 26 de enero de 2020, tras el temporal Gloria. Se puede apreciar la gran cantidad de sedimentos que el río aporta al mar y la superficie del delta cubierta por el agua, incluida la barra del Trabucador.

Imagen capturada por el satélite Sentinel de la ESA el día 26 de enero de 2020, tras el temporal Gloria. Se puede apreciar la gran cantidad de sedimentos que el río aporta al mar y la superficie del delta cubierta por el agua, incluida la barra del Trabucador.

“Ya hace tiempo que tenemos el conocimiento científico que en el Mediterráneo aumentará la frecuencia e intensidad de los eventos climático extremos, como sequías e inundaciones. Ahora hay que preparar el territorio para afrontar estas situaciones “, advierte la experta del CREAF en gestión del agua Anabel Sánchez. Lo hace mientras mira unas imágenes del satélite Sentinel de la Agencia Espacial Europea (ESA) sobre los efectos del temporal Gloria en el delta del Ebro y de la Tordera.

"Los ríos no sólo aportan agua, sino también sedimentos: tan importante es el caudal líquido como el sólido."

En estas fotografías se puede observar una gran parte del delta del Ebro cubierto por agua, incluida la desaparición de buena parte de la barra del Trabucador, y también la cantidad ingente de sedimentos que el río aporta al mar. En las imágenes de la Tordera también se puede observar el mismo fenómeno, hasta el punto que ante este delta ha aparecido una pequeña isla de arena. “Los ríos no sólo aportan agua, sino también sedimentos: tan importante es el caudal líquido como el sólido. En la Tordera, la isla es fruto de ello y de la orografía del fondo marino, que hace que los sedimentos se acumulen allí “, explica la experta del CREAF en gestión del agua Annelies Broekman.

“Cada año, las inundaciones provocadas por los temporales afectan a las instalaciones en el cauce del río y los de primera línea de mar, como los campings, paseos marítimos o industrias” explica Broekman; y finaliza: “los usos deberían adaptarse a estas situaciones. Hay que observar la dinámica de la inundación y tomar decisiones al respecto”.

Lo que proponen las expertas es realizar una gestión adaptativa del territorio: “no se trata de aplicar una medida y olvidarse de ella -explica Anabel Sánchez. Hay que evaluar cómo está funcionando frente a los riesgos o problemas. Si no funciona, hay que ser capaz de modificarla para enfrentarlo de otra manera “.

Comparación del delta del Tordera antes (izquierda) y después (derecha) del temporal Gloria. En la imagen de después del temporal se puede ver el agua cargada de sedimentos que llega al mar y la isla de arena aparecido justo delante de la desembocadura. Fuente: Visor de la evolución de la costa (ICGC).

Comparación del delta del Tordera antes (izquierda) y después (derecha) del temporal Gloria. En la imagen de después del temporal se puede ver el agua cargada de sedimentos que llega al mar y la isla de arena aparecido justo delante de la desembocadura. Fuente: Visor de la evolución de la costa (ICGC).

“Actualmente, la gestión del territorio se hace de espaldas al riesgo: construcciones en los cauces del río, polígonos industriales en zonas inundables o cercanas a la costa, como las infraestructuras ferroviarias, etc. Para proteger estos usos, se construyen infraestructuras de defensa, como las motas o escolleras. Son actuaciones de gestión basadas en la ingeniería, muy rígidas y con poca capacidad de modificación y adaptación para disminuir el riesgo “, desarrolla Anabel Sánchez.

Proyectos para proteger la Tordera

Ambas expertas han sido las coordinadoras del proyecto ISACC TorDelta, que contó con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y que tenía como objetivo buscar estrategias para adaptar el delta de la Tordera a los efectos del cambio climático. Gracias a esta experiencia han obtenido una dinámica para abordar estas problemáticas complejas: “durante nueve meses entre el 2017 y el 2018 analizamos el territorio desde el punto de vista socioeconómico y medioambiental; en consecuencia, aprendimos del pasado “, detalla la Doctora Broekman. “Con esto generamos nuevo conocimiento, nos creamos una imagen de la zona gracias a la experiencia de la gente y de los técnicos de la zona” finaliza la experta.

Actualmente, coordinan el proyecto REDAPTA desde octubre de 2019, que cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y que cierra el círculo proponiendo medidas de adaptación concretas: “nos basamos en los resultados del ISACC TorDelta para co-diseñar recomendaciones dirigidas a los responsables políticos, realizar un seguimiento participativo de las medidas y crear una red de intercambio de conocimientos basados ​​en la experiencia. REDAPTA quiere innovar en la manera de tomar decisiones” explica Broekman.

Lo que persiguen estos proyectos es disminuir la vulnerabilidad de un territorio frente al nuevo escenario climático. Para hacerlo, la clave del proyecto es la puesta en común y la armonización de los intereses socioeconómicos y medioambientales de la zona. Gracias a esta experiencia, han corroborado que la clave está en intervenir de una manera diferente a como se ha hecho hasta ahora: “es necesario que se coordinen las administraciones a nivel vertical (municipal, autonómico y estatal), a nivel horizontal (territorio , urbanismo, agricultura, agua, etc.) y que se incluirá necesariamente los actores del territorio en la toma de decisiones. No es fácil, pero es la única manera” concluye la experta del CREAF Annabel Sánchez.

"La probabilidad estadística de que se den eventos climáticos extremos será más alta: los que se esperaba que pasaran cada 100 años a partir de ahora podrían pasar cada 50 o 25 años".

Borrascas como el Gloria siempre ha habido, pero las previsiones apuntan a que habrá más a menudo. De hecho, esto es el cambio climático a corto y medio plazo, que “la probabilidad estadística de que se den eventos climáticos extremos será más alta: los que se esperaba que pasaran cada 100 años a partir de ahora podrían pasar cada 50 o 25 años” alerta Broekman. “Gestionar el territorio teniendo en cuenta esta realidad es adaptarse al cambio climático”, concluye Anabel Sánchez.

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Técnico de Comunicación del CREAF. Biólogo ambiental y gestor de recursos naturales y paisajísticos especializado en comunicación científica y ambiental.
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