Los espacios verdes de Barcelona capturan 300 Tn de contaminantes atmosféricos y 19.000 Tn de CO2 al año

30 de abril 2014

En términos económicos, la captura de contaminantes y de CO2 equivale a 1,73 millones de euros y 300.000 euros anuales, respectivamente. Políticas medioambientales que tengan en cuenta la gestión de la infraestructura verde a escala metropolitana podrían tener efectos importantes en la mejora de la calidad del aire de la ciudad.

El verd Urbà de Barcelona (Foto: Ajuntament de Barcelona)

El verd Urbà de Barcelona (Foto: Ajuntament de Barcelona)

Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB) y del CREAF han estimado por primera vez el valor biofísico y monetario de dos servicios ecológicos -la filtración del aire y la captura de CO2-, generados por los espacios verdes de Barcelona. El trabajo, publicado en la revista Ambio, analiza el potencial de adoptar políticas medioambientales basadas en la gestión de los espacios verdes para mejorar la calidad del aire y la mitigación de los efectos del cambio climático, así como para aumentar otros servicios ecológicos de las zonas verdes de la ciudad, como la regulación de la temperatura urbana, los usos recreativos o la mitigación de inundaciones.

El estudio se basa en un primer informe titulado “Servicios ecológicos del verde urbano de Barcelona”, realizado por el CREAF y financiado por el Ayuntamiento de Barcelona a finales de 2009.

El trabajo recoge datos estructurales de las diferentes zonas verdes del municipio (hábitats del Parque de Collserola, parques y jardines municipales, arbolado viario y espacio verde privado) en base a un muestreo de campo (teniendo en cuenta las diferentes cubiertas del suelo de la ciudad) y datos de contaminación y meteorológicas de la ciudad correspondientes al 2008. Usando el modelo norteamericano i-Tree Eco, se han analizado cinco contaminantes atmosféricos: monóxido de carbono (CO), dióxido de nitrógeno (NO2), partículas en suspensión de menos de 10 micras (PM10), Ozono(O3) y dióxido de azufre(SO2), así como el efecto sobre el gas de efecto invernadero dióxido de carbono (CO2). El modelo ha cuantificado también el valor económico a partir de los costes sociales estimados (valor de externalidad) de CO2 y de los diferentes contaminantes atmosféricos en los Estados Unidos..

Mapa d’usos del sòl del municipi de Barcelona i localització de les mostres recollides per a l’estudi.  Font: ICTA-CREAF. Elaboració basada en la 3ª edició del Mapa Ecològic de Barcelona (Burriel et al. 2006)

Mapa d’usos del sòl del municipi de Barcelona i localització de les mostres recollides per a l’estudi.
Font: ICTA-CREAF. Elaboració basada en la 3ª edició del Mapa Ecològic de Barcelona (Burriel et al. 2006)

Los resultados muestran que los espacios verdes de la ciudad redujeron 305.6 toneladas de contaminantes atmosféricos y capturaron 19.036 toneladas de CO2 al año, que supondrían 1,73 millones de euros y 300.000 euros anuales, respectivamente.

Son cifras sustanciales en términos absolutos, aunque modestas si se comparan con los niveles medios de Barcelona, indican los investigadores. El valor capturado de CO2 sólo supone un 0,47% de las emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero de la ciudad. Este porcentaje, en cambio, aumenta hasta el 22,5% en relación a las emisiones que contempla el Ayuntamiento de Barcelona en su compromiso con la Unión Europea de reducir un 23% las emisiones de gases de efecto invernadero de la ciudad entre el 2011 y el 2020. Estas emisiones son las derivadas de los sectores y actividades gestionados por el municipio -transportes, iluminación de edificios, flota de vehículos, gestión de residuos, etc-.

En cuanto a los contaminantes, el valor más alto de reducción corresponde a las PM10 con una contribución del 2,66% respeto las emisiones totales de la ciudad y el efecto de la contaminación de fondo -una cifra que se incrementa hasta el 22,3% si sólo se tienen en cuenta las emisiones de la ciudad-, seguido del NO2, con un 0,43%. Los datos no son relevantes para el resto de contaminantes, puesto que los niveles de SO2 y CO siempre han sido bajos en la ciudad, y la eliminación de ozono por parte de la vegetación se puede ver compensada por los compuestos biogénicos que ésta misma emite.

Captura mensual i anual de contaminants per part de la infraestructura verda del municipi de Barcelona, any 2008.

Captura mensual i anual de contaminants per part de la infraestructura verda del municipi de Barcelona, any 2008.

“Los datos sugieren que la eficacia de adoptar políticas basadas en la infraestructura verde a escala municipal sería limitada sobre los niveles medios de calidad del aire y la compensación de emisiones de gases de efecto invernadero de la ciudad, pero podría tener efectos localizados importantes en el caso de la calidad de aire y jugaría un papel complementario nada despreciable en relación a otras políticas dirigidas a lograr los objetivos de mejora ambiental fijados por el Ayuntamiento de Barcelona”, indica Francesc Baró, investigador del ICTA y primer autor del estudio.

Los investigadores consideran que hay razones importantes para tener en cuenta los servicios ecológicos de los espacios verdes urbanos en la toma de decisiones políticas, sobre todo en cuanto a la mejora de la calidad del aire.

“La contaminación por partículas es uno de los mayores problemas de salud pública del área metropolitana y estudios recientes sugieren que incluso una mejora moderada del aire supondría un beneficio importante para la salud de los habitantes y ahorros sustanciales en costes sanitarios -manifiesta Jaume Terradas, investigador del CREAF y coautor del trabajo-. Y además de reducir la contaminación y contribuir a mitigar el cambio climático, los espacios verdes de las ciudades pueden proporcionar otros servicios ecológicos, como la regulación de la temperatura urbana o la mitigación de potenciales inundaciones, y ofrecer nuevas oportunidades recreativas sin costes adicionales”.

La calidad medioambiental de Barcelona: propuestas de mejora
El estudio destaca que la eficacia de políticas medioambientales puede variar mucho en función de los contaminantes. “En cuanto a la contaminación por PM10, consideramos que una política únicamente basada en la reducción de las emisiones locales tiene un impacto limitado, porque la concentración de PM10 no es sólo atribuible al área municipal, también a sus alrededores, principalmente a la región metropolitana de Barcelona. Por eso consideramos fundamental reforzar la coordinación política a escala metropolitana en cuanto a la calidad medioambiental y a la planificación urbanística. En el caso del NO2, habría que adoptar normativas y medidas técnicas de contención del tráfico -dado que la mayor parte de este contaminante proviene del tránsito viario- complementadas con estrategias basadas en los espacios verdes”, explica Jaume Terradas.

El incremento de espacios verdes en la ciudad también se contempla como una opción realista, teniendo en cuenta el contexto urbano actual de Barcelona.

“El estudio nos indica que hay aproximadamente 360 ha de terreno potencialmente disponible para realizar nuevas plantaciones. Además, también se podría estudiar usar los terrados y los muros urbanos, especialmente en los barrios más densos donde no hay mucho terreno disponible para zonas verdes, a pesar de que en este caso se tendría que evaluar primero la relación coste-beneficio y la viabilidad técnica, especialmente en cuanto a los edificios ya existentes”, comenta Francesc Baró. “Una gestión correcta de los espacios verdes a través de la selección de especies y las prácticas de mantenimiento puede contribuir igualmente a mejorar la calidad del aire”.

En cuanto a la contaminación asociada a las emisiones biogénicas (BVOC) generadas por la vegetación, el estudio considera improbable que los espacios verdes urbanos perjudiquen significativamente la calidad del aire debido a estas emisiones (que pueden generar CO y O3 después de reaccionar con otros componentes del aire), a pesar de que teniendo en cuenta que los niveles de O3 han sobrepasado en la última década los niveles de referencia de la UE y se prevé que aumenten con el calentamiento global, se podría actuar seleccionando especies de árboles que emiten bajos niveles de BVOC.

En todo caso, concluyen los investigadores, para ser efectivas, las estrategias políticas basadas en la infraestructura verde en la ciudad se tendrían que coordinar con otras políticas a nivel metropolitano y regional.

Barcelona, una ciudad compacta pionera en la gestión de espacios verdes
“Los datos obtenidos responden a la propia estructura compacta de la ciudad. Barcelona tiene unos 17.91 metros cuadrados de espacios verdes por habitante, contando la parte municipal del bosque periurbano de Collserola. Es una proporción baja comparada con otras ciudades europeas, especialmente del norte de Europa, que pueden llegar a unos 300 metros cuadrados por habitante”, explica Francesc Baró.

Comparando los servicios ecológicos calculados para Barcelona con otras ciudades norteamericanas -el modelo i-Tree Eco se ha usado en más de 50 ciudades de todo el mundo, principalmente en EE.UU.-, los espacios verdes la ciudad son comparables a Columbus, Kansas City o Portland en cuanto a la filtración del aire en general (ratio toneladas filtradas de contaminantes por metro cuadrado de cubierta arbórea), pero más próximos a ciudades como Philadelphia o San Diego si nos centramos en la reducción de PM10.

En captura de CO2, la ciudad tiene niveles similares a Baltimore o Syracuse.

El municipio de Barcelona es uno de los primeros de España que prevé implementar estrategias basadas en la infraestructura verde y los servicios de los ecosistemas urbanos. El año pasado elaboró el Plan del Verde y de la Biodiversidad 2020 de Barcelona para potenciar estos servicios que nos proporcionan las zonas verdes.

Artículo de referencia: Baró, F., Chaparro, L., Gómez-Baggethun, E., Langemeyer, E., Nowak, D. J., Terradas, J.,2014. Contribution of Ecosystem Services to Air QualityandClimateChangeMitigation Policies: TheCase of Urban Forests in Barcelona, Spain. AMBIO 43:466–479.
http://link.springer.com/article/10.1007/s13280-014-0507-x

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Anna Ramon Revilla
Responsable de comunicación en el CREAF. Soy licenciada en Biología por la UAB y Máster en Comunicación Científica y Ambiental por la UPF. Apasionada de la comunicación corporativa con más de 7 años de experiencia en el sector de la I + D + i en temas ambientales. Desde el año 2011 conduzco la estrategia de comunicación del CREAF.
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