Las escuelas necesitan una “nueva normalidad” más verde

6 de octubre 2020

A lo largo de la historia, las pandemias son uno de los pocos ejemplos donde la sociedad se ha decidido por educar al aire libre y la intención en estos casos siempre ha sido la de disminuir el contagio. Por ejemplo, fueron muchas las escuelas de Europa y América que trasladaron las mesas, sillas y pizarras en los patios o en los bosques de los alrededores a raíz del auge de la tuberculosis durante el inicio del siglo XX.

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Educación al aire libre en Sao Paulo. Crédito: Revista brasileira de Ed Física / BBC.

Ahora, en el contexto de “nueva normalidad” en el que nos encontramos, la situación es similar y algunas escuelas americanas ya han comenzado a hacer las clases en el exterior para combatir la expansión de la COVID-19. La mejora está demostrada, ya que cada vez más estudios apuntan a que los lugares ventilados o abiertos son los espacios donde hay menos probabilidad de contagiar la enfermedad. Pero ¿por qué es este el único escenario donde nos planteamos una educación en el exterior? ¿No deberían estar las escuelas más en contacto con la naturaleza, en general, y por muchos otros motivos?

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Debido a los cambios en el estilo de vida y el tipo de ciudades donde vivimos, cada vez las niñas y los niños son más urbanitas. Tienen poco contacto con la naturaleza y se rodean de espacios grises, tanto en la escuela como durante su tiempo libre.

Corina Basnou, investigadora del CREAF.

“Los niños y niñas ya no suelen jugar con el barro, a esconderse detrás de los árboles o a explorar los insectos. Y esto origina, en muchas ocasiones, que tengan un desinterés por los problemas de la naturaleza y el medio ambiente cuando son adultos“, explica la experta del CREAF Corina Basnou. Tal y como dice el dicho, no se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama. Asimismo, existeixen implicaciones médicas “está demostrat per la comunidad científica que los infantes que no tienen contacto con la naturaleza tienen más probabilidad de desarrollar enfermedades respiratorias y respuestas alérgicas, porque su sistema inmune no se ha expuesto tanto a las bacterias como para aprender a combatirlas”.

Bajo el nombre de “síndrome del déficit de naturaleza” varias personas expertas, tanto del ámbito médico como periodístico y sociológico, engloban un desorden ligado a la falta de contacto con la naturaleza. ¿Qué síntomas puede tener? Obesidad, déficits de atención y depresiones. El libro “Los últimos niños en el bosque” de Richard Louv (traducido al castellano de Last child in the Woods) habla sobre ello y expone cómo crecer cerca del verde mejora la salud física y emocional de las niñas y niños y también de las personas adultas. “Estar rodeado de fauna y flora da una sensación de tranquilidad, mejora el estado mental y favorece hacer deporte. Hay que defender la naturaleza como receta médica“, añade la Dra. Basnou.

Observació a través d'una lupa de camp. Crèdit: Anna Ramon/CREAF.

Observación a través de una lupa de campo. Crédito: Anna Ramon/CREAF.

Más de 100 maestras y maestros con interés  

Hace unos meses, el CREAF y el Àrea Metropolitana de Barcelona lanzaron una encuesta al sector educativo que respondrieron más de 100 maestras para descubrir por qué las escuelas no hacían más clases al aire libre. La consulta forma parte del proyecto europeo CLEARING HOUSE y, según las personas que respondieron, los patios de las escuelas no son suficientemente verdes o acogedores para hacer clases y la zona verde más cercana a la escuela en muchos casos es a 30 minutos. Si la clase es de una hora, no resulta factible trasladar todo el alumnado. Esto demuestra que el tipo de urbanismo de las ciudades, desgraciadamente, no siempre facilita el contacto de los centros educativos con los espacios verdes y el tiempo que supone desplazarse hace que se descarte la idea de hacer las clases fuera.

Un 50,2% del profesorado encuestado responde que no hacen clases al aire libre por falta de supervisión y, un tercio, porque no sabe trasladar las actividades diarias al exterior.

Otro de los motivos que resalta la mitad de las encuestadas (un 50,2%) es la falta de supervisión. Controlar una clase de 25 alumnos de media en un espacio exterior es más dificultoso que dentro del aula y una sola maestra o maestro lo tiene difícil. Además, casi un tercio también remarca que no tienen ninguna formación para saber cómo trasladar las actividades que hacen en el día a día hacia el exterior. “Las clases de ciencias naturales no son las únicas que se pueden hacer fuera. También se puede hacer literatura, que ayuda a la inspiración y la paz mental para escribir, dibujo con modelos in vivo, que aportan creatividad y capacidad de observación, o las clásicas matemáticas. Son muchas las oportunidades si tienes cerca un espacio natural o un patio verde y hay transmitirlo al profesorado “, explica la Dra. Basnou, miembro también de CLEARING HOUSE.

Classes al pati al Vietnam. Public Domain.

Clases en el patio en Vietnam. Public Domain.

Patios más verdes y más inclusivos  

Ante los problemas de desplazamiento que existen, una buena alternativa según Basnou es “hacer más verdes los patios de las escuelas y conseguir entonces gran parte de los beneficios de la educación al aire libre. La clave está en que sean variados, que tengan zonas de prado, de árboles, algunas secciones de barro, etc. Un 74% de las encuestadas que respondieron que, en ocasiones, iban a dar clases en el patio recalcaron que no era bastante naturalizado”.

En el patio escolar, el 70% del espacio lo ocupan los niños jugando a fútbol y los márgenes, el 30% restante, las niñas con otras actividades.

Aún más, trasladar la naturaleza en los patios implica beneficios sociales y comunitarios para la escuela, ya que está demostrado que los patios grises y asfaltados favorecen la segregación por género. Durante el recreo, las actividades deportivas como el fútbol acaban practicándolas más los niños —por la opresión que todavía suponen los roles de género—  ocupando el 70% del patio, el espacio a menudo asfaltado como cancha de fútbol, ​​mientras que las niñas ocupan los márgenes, el 30% restante, con otras actividades. En cambio, en las zonas naturales se buscan actividades conjuntas e integradoras. Asimismo, que el patio esté rodeado de verde ayuda a que las personas con diversidad funcional accedan fácilmente. Por ejemplo, el alumnado en sillas de ruedas puede tener de esta manera árboles frutales a su altura, para coger ellos mismos, y generar ese conocimiento en contacto con la naturaleza sin la problemática de tener que desplazarse a una zona verde más lejana.

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Patio escolar donde se observa la proporción que está asfaltada y destinada a deportes. Crédito: El Setembre.

Los patios verdes también son una buena opción desde el punto de vista ecológico, ya que mejoran la conectividad de la fauna y flora de las ciudades con los parques y jardines, sobre todo en cuanto a las especies que más se mueven, como las mariposas. “Tener diferentes puntos verdes en toda la urbe, sean parques o patios de escuelas, hace que las especies puedan viajar de un lugar a otro sin preocuparse de perderse por el camino. Así que cuanto más verde tengamos, más biodiversidad se adapta“, nos explica la experta.

Las iniciativas más cercanas

Muchas son las ciudades europeas que se enseñan como modelo a seguir en la educación al aire libre, sobre todo en los países nórdicos, pero históricamente no teníamos que ir tan lejos para encontrar ejemplos. Antes de la Guerra Civil española, la pedagoga Rosa Sensat fue la principal promotora de la Escuela del Bosque en Montjuïc (Barcelona). Curiosamente, ya entonces el principal objetivo de crear esta escuela en contacto con la naturaleza fue fortalecer la salud de las niñas, pues Sensat era clara defensora del desarrollo intelectual, físico y social que proporcionaba.

El proyecto CLEARING HOUSE, del cual formamos parte, busca el reverdecimiento de las ciudades europeas y chinas y considera la educación al aire libre una pieza clave para hacerlo.

En el panorama más actual, encontramos iniciativas inspiradoras como El nou safareig, una pareja de profesores jubilados expertos en el contacto entre los niños y la naturaleza que visitan las escuelas para explicar cómo hacer el patio más natural, o Equal Saree, una cooperativa que elaboró una guia para diseñar los patios de las escuelas en igualdad y que vinculaba la importancia de la arquitectura y el urbanismo en este planteamiento.

También sumando, hace ya casi un año que está en marcha el reverdecimiento de algunas ciudades europeas y chinas a través del proyecto europeo CLEARING HOUSE. Desde el CREAF estamos colaborando junto con el Área Metropolitana de Barcelona para cambiar el modelo de ciudad que hay en el Valle bajo del Llobregat y ¡llenarla de árboles y nuevas zonas verdes! En el equipo coordinador se encuentra la misma Corina Basnou y destaca que “una de las piezas más importantes para transformar las ciudades es que la educación esté cada vez más cerca de hacerse al aire libre y con unos patios verdes”.

Escola bosc a Barcelona dirigida per Rosa Sensat. Fou fundada al 1914. Crèdit: Betevé.

Escuela bosque en Barcelona dirigida por Rosa Sensat. Fue fundada en 1914. Crédito: Betevé.

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Técnica de Comunicación del CREAF desde 2016. Apasionada del mundo natural y su divulgación. Bióloga (UB) y máster en comunicación científican (BSM-UPF).
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