Primaveras más verdes están provocando veranos más secos y calurosos

14 de enero 2020

Por primera vez se conectan dos fenómenos que pasan en estaciones del año diferentes: las altas temperaturas avanzan y alargan la primavera, por tanto la vegetación crece más intensamente y absorbe más humedad del suelo. La consecuencia es veranos más secos y calurosos.

El aumento de temperaturas que conlleva el cambio climático hace avanzar y alargar la primavera y, por tanto, la vegetación comienza a crecer antes y durante un período más largo. Esto provoca que las hojas verdes de los árboles extraen cada vez más agua del suelo, que al evaporarse acentúa la pérdida de humedad. La principal consecuencia son veranos más secos, largos y calurosos, así como olas de calor más frecuentes en gran parte del hemisferio Norte. Si bien los dos fenómenos tienen lugar en estaciones del año diferentes, el estudio Summer soil drying exacerbated by earlier spring greening of northern vegetation publicado en la revista científica Science Advances ha puesto de manifiesto que están conectados.

La reciente investigación está dirigida por el profesor Xu Lian de la Universidad de Pekín (China) y ha intervenido el profesor Josep Peñuelas, investigador del CSIC en el CREAF, junto con investigadores de Alemania, Australia, Bélgica, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido.

Primaveras más verdes provocan veranos más secos y calurosos

El análisis de datos obtenidos por satélite y con simulaciones climáticas en todo el hemisferio Norte desde 1982 hasta 2011 han permitido vincular el aumento del verdor de la primavera con la disminución de la humedad del suelo en verano. Además, se confirma que esta conexión puede ser replicada mediante modelos informáticos diseñados para simular el sistema climático. En palabras del profesor Xu Lian, autor principal de la investigación, “la influencia del verdor temprana en la sequedad del suelo es más compleja de lo que se pensaba. Este fenómeno causa pérdidas de agua muy rápidas al transmitir una gran cantidad a la atmósfera. Ahora bien, el agua perdida se recupera como precipitación posterior sobre la Tierra. Hemos demostrado que este mecanismo alivia las pérdidas de agua que se producen con el reverdecimiento, de lo contrario el secado de la superficie terrestre sería mucho peor”.

Para el profesor Josep Peñuelas, el estudio “revela una reacción positiva que a menudo pasa inadvertida: un aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero y el calentamiento asociado causan una fenología de la vegetación más temprana que reduce la humedad del suelo a verano y que, al mismo tiempo, se añade a los extremos de calor veraniegos causados directamente por el calentamiento global”.

Un cambio de patrón climático

Ahora bien, este efecto no se mantiene homogéneo en todo el hemisferio Norte. Por ejemplo, la Siberia central y algunos terrenos de cultivo de Europa se benefician de un índice de precipitaciones mayor de lo habitual, justamente gracias a la evaporación en otros puntos ubicados a su Oeste. La conclusión es que las masas de aire que circulan de Oeste a Este pasan los Montes Urales y precipitan el agua evaporada en estas zonas.

Primaveras más verdes provocan veranos más secos y calurosos

Foto: Lluís Comas

Uno de los principales retos de la investigación climática es explicar qué impulsa las situaciones extremas actuales, como las recientes sequías de la latitud norte. Los procesos interestacionales que apunta el estudio “pueden explicar en parte los extremos actuales y se puede esperar que ejerzan una presión adicional sobre la humedad del suelo en verano y los ecosistemas terrestres a medida que el clima cambia”, apunta el profesor Chris Huntingford, del UK Centre for Ecology & Hidrology.

Un terreno muy seco y con poca humedad tener numerosas consecuencias, tales como elevar la temperatura del aire local cerca de la superficie terrestre y desencadenar olas de calor o hacerlas más severas. A partir de simulaciones climáticas, la investigación estima que la sequedad de la Tierra debido al adelanto de la primavera puede alargar los veranos extremadamente calurosos del orden de un día por década y aumentar la temperatura 0,07 °C también cada 10 años. Si bien de entrada parecen magnitudes pequeñas, en 4 o 5 décadas las olas de calor previstas pueden ser tan fuertes, que estos pequeños incrementos pasarían a ser muy relevantes.

 

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Adriana Clivillé
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