El ritmo con el que los bosques de Cataluña capturan CO2 disminuye un 17% en 25 años

11 de junio 2020

En un cuarto de siglo (entre 1990 y 2014) los bosques de Cataluña han sufrido un descenso generalizado de su capacidad de capturar dióxido de carbono (CO2), que llega casi al 17%. Asimismo, el agua azul, la lluvia que no aprovechan las plantas y llega a los ríos y acuíferos, se ha reducido hasta un 29%.

Bosc jove de pi roig a Vallcebre, al Berguedà. Foto OCCC.

Bosque maduro, Cataluña. Foto CREAF.

Estas cifras provienen del informe ForEStime, cambios de los servicios ecosistémicos de los bosques catalanes en los últimos 25 años que han presentado la directora general de Calidad Ambiental y Cambio Climático de la Generalitat de Catalunya, Mercè Rius, y el director del CREAF, Joan Pino. El informe es un encargo de la Oficina Catalana del Cambio Climático (OCCC) al CREAF para disponer de una aproximación de los impactos del cambio global sobre los bosques.

Para hacer la evaluación, el CREAF y el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Catalunya (CTFC) han dividido las zonas boscosas en tres regiones: bosques de interior, bosques mediterráneos costeros y bosques de montaña. En total, se han utilizado los datos de los muestreos de 3.418 parcelas en cada uno de los Inventarios Forestales desde el año 1990 hasta el 2014, que suponen 25 años de historia de nuestros bosques.

En todos los casos se constata que la gestión forestal tiene un papel clave para mejorar la capacidad de los bosques de proveernos de servicios ecosistémicos, pero que se debe tener en cuenta que existen compromisos. El compromiso más evidente es que cualquier mejora que se quiera hacer en los bosques para mantener los servicios que nos ofrecen irá en detrimento del agua azul, porque los bosques crecerán más y consumirán más agua que no llegará a los ríos.

Menos capacidad de sumidero

La capacidad de los bosques de capturar dióxido de carbono (CO2) ha disminuido de forma desigual en los bosques de interior y en los mediterráneos costeros, donde ha disminuido un 20% y un 16% respectivamente, mientras que en los montanos del Pirineo no se ha producido un cambio perceptible.

Mapes en els moments T0 (1990) i T1 (2014) de l’embornal de carboni (t C/ha/any) dels boscos de Catalunya En colors taronges i verdosos, mapa de la diferència de capacitat d'embornal entre el moment T1 i el moment T0.

En colores azules, mapas de la capacidad de los bosques de Cataluña de actuar como sumideros de carbono (t C/ha/año) en 1990 (T0) y 2014 (T1). En colores naranjas y verdosos, mapa de la diferencia de capacidad de sumidero entre el momento T1 y el momento T0. Fuente: CREAF.

Disminuye cerca del 30% del agua de escorrentía

El crecimiento del bosque y la poca gestión forestal aplicada han provocado que el agua azul o de escorrentía sea el servicio que más ha disminuido en los últimos años, con un descenso del 29% para el conjunto del país. En los bosques de interior la disminución alcanza más del 38% y en los mediterráneos, situados en las cuencas internas de los ríos catalanes, hasta el 33%. En la región de los bosques montanos del Pirineo occidental, donde se recoge parte del agua en embalses en la cuenca del Segre, la merma ha sido menor, de alrededor del 12%. Sólo algunas zonas de la Terra Alta, Pallars, el Valle de Aran, Alt Urgell y la costa de la Selva muestran un tímido incremento de la ratio.

Ràtio d'aigua blava respecte la precipitació total, en colors blaus. En colors taronges i verdosos, mapa de la diferència d’aquesta ràtio entre el moment T1 i el moment T0.

En colores azules, ratios de agua azul respecto la precipitación total en los bosques de Cataluña en 1990 (T0) y 2014 (T1). En colores naranjas y verdosos, mapa de la diferencia de este ratio entre el momento  T1 y el momento T0. Fuente: CREAF.

Baja la oferta de madera, se mantiene la de setas

Según el FOREStime, la madera que se puede extraer del bosque de forma sostenible, sin comprometer los stocks de carbono, también ha disminuido en torno al 7% durante el período analizado. Los valores calculados en metros cúbicos por hectárea y año han sufrido un descenso especialmente acusado en los bosques de interior (-14,5%) y en los mediterráneos (-8,2%), mientras que los montanos sólo se han visto reducidos en un 1,2%.

Mapes en els moments T0 i T1 de l’oferta de fusta (m3/ha/any) entesa com el creixement dels boscos de Catalunya En colors taronges i verdosos, mapa de la diferència de l'oferta de fusta entre el moment T1 i el moment T0.

En colores azules, mapas de la oferta de madera de los bosques catalanes (m3/ha/año), entendida como el crecimiento del bosque, en 1990 (T0) y 2014 (T1) . En colores naranjas y verdosos, mapa de la diferencia de la oferta de madera entre el momento T1 y el momento T0. Fuente: CREAF.

Las setas son el único servicio que ha mostrado mayor estabilidad en los 25 años estudiados. De hecho, sólo se ha observado una disminución del 1% en toda Cataluña. Si nos fijamos en las diferentes regiones, los bosques de interior presentan una pérdida cercana al 17%, mientras que los montanos y mediterráneos han incrementado la producción un 2,5% y un 3,8%, respectivamente.

Mapes en els moments T0 i T1 de la producció de bolets (kg/ha/any) per a les pinedes de Catalunya, en colors blaus. En colors taronges i verdosos, mapa de la diferència de la producció de bolets entre el moment T1 i el moment T0.

En colores azules, mapas de la producción de setas (kg/ha/año) para los pinares de Cataluña en 1990 (T0) y 2014 (T1). En colores naranjas y verdosos, mapa de la diferencia de la producción de setas entre el momento T1 y el momento T0. Fuente: CREAF.

Menos erosión de los suelos

El único servicio ecosistémico estudiado que no ha disminuido ha sido la erosión evitada. El incremento de superficie forestal ha hecho que aumente la cantidad de suelo que anualmente no se erosiona. Desde 1990 hasta 2014 ha aumentado casi un 1,6%. Los bosques mediterráneos de las comarcas de Girona y del norte de Barcelona son los únicos que han experimentado una pérdida de esta capacidad (-11%), mientras que en la parte más occidental del Pirineo y los bosques de interior de Cataluña es donde más ha crecido la erosión evitada, un 18% y 20% respectivamente.

Mapas en los momentos T0 y T1 erosionabilidad (t suelo / ha / año) que evitan los bosques de Cataluña. En colores naranjas y verdosos, mapa de la diferencia de la erosionabilidad evitada por los bosques entre el momento T1 y el momento T0.

En colores azules, mapas de erosión evitada por los bosques de Cataluña (t suelo / ha / año) en 1990 (T0) y 2014 (T1). En colores naranjas y verdosos, mapa de la diferencia de erosión evitada por los bosques entre el momento T1 y el momento T0. Fuente: CREAF.

Los resultados apuntan a que hay un compromiso entre el agua azul y el resto de servicios: si se quiere incrementar el agua que llega a los ríos y acuíferos, probablemente disminuirá el resto de servicios evaluados. Por otra parte, la capacidad de sumidero y la oferta de madera presentan una relación positiva y fuerte, porque la capacidad de sumidero está directamente relacionada con el crecimiento de los árboles y, por tanto, con la oferta de madera.

De forma global, no se detecta ninguna relación entre la capacidad de almacenar carbono y el agua de escorrentía. Esto hace pensar que, al menos, durante el periodo estudiado, el uno no compromete el otro. Lo mismo ocurre entre la capacidad de sumidero y la erosión evitada.

Bosques maduros y gestión forestal

El estudio también pone de manifiesto que los bosques que en 1990 estaban constituidos por árboles de gran tamaño, hoy en día han sufrido una menor disminución de los servicios ecosistémicos. Este resultado sugiere que los bosques maduros con menos árboles, pero más grandes, proveen servicios que son superiores a los de los bosques jóvenes constituidos por árboles pequeños. Esto se cumple con todos los servicios ambientales menos con el agua azul, que ha disminuido, probablemente porque estos árboles con sus raíces pueden llegar más abajo y aprovechar el agua a mayor profundidad del suelo.

La gestión forestal muestra efectos contrarios según se mira la gestión reciente (posterior a 2000) o la antigua (anterior a 1990). Las actuaciones forestales recientes han hecho disminuir los cuatro servicios ambientales analizados, excepto el agua azul. Esto se debe a que los aprovechamientos representan una perturbación importante para el ecosistema que altera estos servicios a corto plazo, pero que se traduce en una disminución rápida del consumo de agua que libera más cantidad hacia los ríos. Los resultados del ForEStime sugieren que, para intentar mantener valores de agua azul elevados, habría que hacer actuaciones de gestión forestal más frecuentes y extensas, a pesar de saber que podrían ir en detrimento del resto de servicios analizados.

Por el contrario, una gestión antigua -hace más de 25 años- no tiene prácticamente efectos en los servicios estudiados. Estos resultados son coherentes con los ejercicios de simulación que se hicieron en el proyecto LIFE MEDACC (2013-2018), de adaptación del Mediterráneo al cambio climático, que también detectaron que el caudal de los ríos bajo un escenario de cambio climático no disminuía tanto si se llevaba a cabo una gestión del bosque.

FORESTime completa las conclusiones del informe ForESmap, del año 2016, y ForEScale, de 2017, y centra el foco en los beneficios que estos ecosistemas aportan a la sociedad y que mejoran la salud, la economía y la calidad de vida de las personas.

Las conclusiones del ForESmap 2016 representaron una especie de foto estática que buscaba entender cómo se explica el patrón de los servicios ecosistémicos a lo largo del territorio. En ese caso, las correlaciones más destacables entre los servicios se establecían con la precipitación y la temperatura, es decir, las variables climáticas. En el caso del ForEStime, que pasa a ser la comparación de dos fotografías en dos momentos diferentes, lo que se analiza son los patrones de cambio de los servicios en los últimos 25 años. El análisis constata que lo que es más determinante es la estructura del bosque y la gestión reciente que se ha hecho. El clima permite explicar, en parte, como es la estructura y la composición de un bosque fruto de toda su historia pero, en cambio, no explica tan directamente su dinámica reciente. Por el contrario, la estructura del bosque, fruto casi siempre directa o indirectamente de la gestión, tiene unos efectos más determinantes en los cambios detectados en los servicios de los bosques.

Según se extrae del ForEStime, la gestión forestal es una herramienta útil para ayudar a adaptar los bosques al cambio climático porque proporciona margen de actuación a fin de maximizar los servicios ecosistémicos que, como sociedad, queremos que nuestros bosques nos ofrezcan.

Descárgate el informe ForEStime

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