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¿Por qué eran tan grandes los mamuts y otros mega-herbívoros?

27 de febrero 2018

Josep Peñuelas publica un Nature Ecology and Evolution que concluye que el tamaño de estos animales fue la clave para su supervivencia en un entorno frío, seco y extremadamente poco productivo. Los datos se han obtenido gracias a unos modelos matemáticos innovadores que ahora son capaces de predecir la evolución del paisaje teniendo en cuenta el efecto importantísimo de los herbívoros.

Grandes herbívoros durante la última glaciación. Font: National Geographic 1972

Grandes herbívoros durante la última glaciación. Font: National Geographic 1972

Un estudio publicado en Nature Ecology and Evolution concluye que los mamuts y otros grandes herbívoros que vivían en las tundras y estepas del centro de Europa sobrevivieron gracias a su tamaño gigantesco. “No es que ser grandes fuera sólo una ventaja, era una obligación. Necesitaban ser enormes para poder sobrevivir a las duras condiciones”, explica el autor Josep Peñuelas, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el CREAF. Las matemáticas han revelado que esta característica fue la clave de su éxito antes de que los humanos los extinguieran: cuanto más grandes eran más bajaba su ritmo metabólico y mejor aprovechaban la energía, o más alimento eran capaces de ingerir y digerir, entre otras cosas porque tenían un intestino más largo.

Además, durante la búsqueda de alimento, las patas enormes de estos animales fundían más la nieve y destrozaban las alfombras de musgos. Gracias a este hecho, el suelo se llenaba antes de hierba fresca y en mucha más cantidad.

Durante la última glaciación (de 110.000 a 10.000 años a.C) las tundras y estepas que había en toda Europa estaban pobladas por una gran cantidad de animales herbívoros. Muchos eran de unas dimensiones que nunca más se han repetido en sus ‘primos’ de la actualidad. Por ejemplo existía el caballo gigante, el rinoceronte lanudo o el mamut, que en el caso de la especie Mammuthus trogontherii podía llegar a pesar diez toneladas y hacer hasta cinco metros de altura (el elefante africano llega a las 6 toneladas y a 3,5 m).

Sin embargo, en estos hábitats, sólo crecían musgos, hierbas y poca vegetación más. ¿Cómo podía ser pues que un hábitat tan pobre, frío y seco fuera capaz de mantener una población de herbívoros tan importante y con individuos tan grandes? “Gracias a este estudio hemos dado respuesta a esta paradoja: los animales herbívoros de la última glaciación habían llegado a un tamaño apropiado que les permitía comer grandes cantidades de hierba y consumir el mínimo de energía”, comenta Peñuelas. “Sin embargo la vegetación era en parte resultado del impacto de los grandes herbívoros que disminuían la cubierta arbórea y aumentaban la superficie de pastos”, añade.

Para llegar a esta conclusión los investigadores del estudio han utilizado los modelos matemáticos clásicos que se utilizan para medir el reverdecimiento de la tierra pero ahora han añadido el papel clave que tienen los grandes herbívoros, una variable utilizada muy pocas veces hasta ahora.

Los grandes herbívoros que ya hemos perdido

El mismo modelo matemático que han utilizado para conocer los secretos del pasado se ha testado con los grandes herbívoros del presente. Los resultados muestran que si los humanos no hubiéramos modificado el uso de la tierra como lo hemos hecho hasta ahora, eliminando pastos para hacer cultivos, o destruyendo muchos hábitats con la urbanización, hubiéramos podido mantener casi el doble de grandes herbívoros de los que tenemos actualmente. Esto es especialmente relevante si tenemos en cuenta que casi el 60% de estos grandes herbívoros se encuentra en peligro de extinción (elefantes, rinocerontes, gorilas, etc).

Artículo de referencia:

Dan Zhu, Philippe Ciais, Jinfeng Chang, Gerhard Krinner, Shushi Peng, Nicolas Viovy, Josep Peñuelas and Sergey Zimov. The large mean body size of mammalian herbívores explanis the productivity paradox during the last glacial màximum. Ecology and Evolutions. DOI http://dx.doi.org/10.1038/s41559-018-0481-y

 

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Anna Ramon Revilla
Responsable de comunicación en el CREAF. Soy licenciada en Biología por la UAB y Máster en Comunicación Científica y Ambiental por la UPF. Apasionada de la comunicación corporativa con más de 7 años de experiencia en el sector de la I + D + i en temas ambientales. Desde el año 2011 conduzco la estrategia de comunicación del CREAF.
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