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Abejas y flores, hechas las unas para las otras

Cuando alguien es indeciso, o va detrás de alguien para obtener algo, se le dice que hace la mariposa, o que va de flor a flor… Son refranes populares que quizás hoy en día la gente no tiene presentes, sobre todo aquellas personas que no salen al campo, o que no llevan las gafas verdes propias del naturalismo. Hoy, en el Día mundial de las abejas, queremos que te pongas estas gafas y que mires cómo se comportan los insectos que visitan nuestras flores.

Muchas flores y muchos insectos han evolucionado conjuntamente para hacerse la vida más fácil, estableciendo relaciones mutualistas.

Romero, jara, brezo, retama; la biodiversidad de flores en el mediterráneo, con formas, colores y aromas variados, ¡es infinita! ¿Y por qué tantas flores distintas? Pues para que los insectos quieran entrar. Muchas flores (las que se polinizan por insectos) y muchos insectos (los polinizadores) han evolucionado conjuntamente para hacerse la vida más fácil, han establecido relaciones mutualistas, donde tanto la planta como el polinizador obtienen beneficios, y han derivado en una auténtica explosión de vida.

¿Qué comen las abejas?

Las abejas buscan polen y néctar en las flores. Por un lado, las hembras consumen mucho néctar (rico en azúcares) como fuente de energía y algo de polen, porque es rico en proteínas y las necesitan, por ejemplo, para madurar sus ovarios. Por otro lado, los machos también consumen bastante néctar, pero como no deben madurar nada (copulan y mueren), consumen poco polen.

En cuanto a las larvas, que se desenvolupan en el interior de sus nidos o de la colmena mientras van creciendo, lo que comen es lo que les traen las hembras adultas: una mezcla de polen con algo de néctar, porque para desarrollarse necesitan mucha proteína.

CCBY – Informe PIPOL.

El resultado es que la interacción entre flores e insectos polinizadores ha sido uno de los grandes motores de intercambio genético en los ecosistemas. Es necesario reconocer su éxito: ha sido la causa de una parte muy importante de la biodiversidad terrestre. No podemos entender la explosión de flores de prados y marismas, matorrales y bosques, ni de rebote, la de mariposas, abejas y abejorros y muchos otros insectos, sin esta interacción planta-insecto.

La evolución ha seleccionado las abejas que viven más tiempo y encuentran comida en diferentes tipos de flores.

Sin embargo, la mayoría de las especies de abejas que existen en el mundo son generalistas, es decir, que polinizan muchos tipos de flores diferentes y no se han especializado en una en concreto. Aquellas que buscan y comen de una sola flor son las especialistas extremas y es, en realidad, una excepción en la naturaleza. Las abejas especialistas viven pocos días como adultas, y este tiempo –que se conoce técnicamente como el período de vuelo– debe coincidir con la época de floración de la especie que consume. Ya podéis ver el riesgo que esto comporta si no encaja en el tiempo exacto o si desaparece la flor o el insecto de la asociación. Por eso, la evolución ha ido seleccionando las especies que viven más tiempo y encuentran comida en distintos tipos de flores (las abejas generalistas).

Una red de vidas donde domina el generalismo

A pesar de la teoría más general, les relaciones entre las flores y sus polinizadores son realmente complejas y se encuentran muchas casuísticas distintas. Y esto no sólo ha promovido la biodiversidad, sino que también ha atraído el interés de los biólogos y biólogas que estudian las reglas del entramado de interacciones entre los seres vivos. ¿Cuántas especies de insectos polinizan una especie determinada de planta? ¿Cuántos tipos de flores diferentes utiliza una determinada especie de insecto?

Para responder a estas preguntas, la ciencia se ha pasado muchas horas tumbada en el suelo observando flores y contando los insectos que las visitaban. El CREAF lo ha hecho desde hace muchos años en el Parc del Garraf, y los datos recogidos han permitido dibujar este diagrama, que explica quién se relaciona con quién en este espacio natural:

La ‘red de interacciones’ es una serie de conexiones muy visual que nos ayuda a entender qué abejas visitan cada flor, y qué flores visita cada abeja. Aparte del impacto visual que genera, este tipo de representación invita a encontrar patrones y regularidades que en otros gráficos quedarían más escondidos. Os explicamos algunas:

  • El romero (Rosmarinus officinalis) y el tomillo (Thymus vulgaris) son las flores más visitadas en el Garraf, porque a las abejas les gustan y porque son las plantas con flor más abundantes en el conjunto del parque. El romero es de las primeras plantas en florecer, hacia febrero. Por un lado, esto le permite avanzar la oferta de polen y néctar antes de que haya una gran competencia para atraer a los polinizadores. Pero por otra parte, en febrero todavía no hay muchos insectos activos y esto dificultaría la reproducción de la planta, si no fuera porque produce tantas flores que incentiva a los pocos insectos que haya para que la elijan.
  • La estepa blanca (Cistus albidus), en cambio, florece entre abril y mayo, el momento en que los polinizadores están en plena actividad y la competencia para recibir las visitas de los polinizadores es mayo. Pero sus flores muy grandes y con mucho polen y bastante néctar, son capaces de atraer a muchas especies, no sólo de abejas, sino también de escarabajos y otros insectos.
  • En el Parque del Garraf encontramos también alguna especie especialista, como es la Osmia fulviventris, que sólo recoge polen de flores compuestas (asteráceas), aunque puede visitar otras plantas para recoger sólo néctar.
  • Las especies de mayor tamaño, como los abejorros (Bombus terrestris), consumen mucho polen y néctar y necesitan ser bastante eficientes a la hora de escoger qué flores visitan. Por eso, suelen preferir o bien las plantas que producen muchísimas flores (como el romero), aunque sean pequeñas (como las del tomillo), o bien las plantas con pocas flores, pero grandes y con mucho polen (como la jara blanca).
  • Las abejas de la miel (Apis mellifera) son un caso totalmente especial, porque sus poblaciones dependen de la gestión que los humanos hacen y no se pueden considerar una especie ‘natural’. En la gráfica puede verse que es claramente generalista en cuanto a su alimentación. Además, tiene una peculiaridad única entre las abejas: recluta a otros individuos cuando encuentra buenas fuentes de néctar o polen. Así explotan los recursos de forma más eficiente.
Abejorro robando néctar. Autor: José Luis Ordóñez.

Orquídeas e higos, casos especialistas

Más allá de que los estudios revelan la preponderancia de las especies generalistas, y también más allá del Garraf, en Catalunya se encuentran algunos ejemplos de gran especialización planta-insecto que vale la pena mencionar:

  1. Orquídias y abejas Eucera:

Las orquídeas del género Ophrys tienen flores que imitan la apariencia y el olor de las hembras de ciertas especies de abejas del género Eucera. Los machos son atraídos por esta imitación e intentan copular con la flor, durante este proceso se cubren de polen, que después transportan a otras flores, facilitando así su polinización.

  1. Ficus y avispas de higuera:

Los árboles de higuera (género Ficus) tienen una relación simbiótica con las avispas de higuera. Cada especie de Ficus es polinizada por una o pocas especies específicas de avispas. Las avispas entran en los frutos inmaduros (higos) para poner los huevos y en el proceso polinizan las flores internas del higo. Las larvas se desarrollan en el higo, y al emerger, llevan el polen a otros árboles.

Estos ejemplos demuestran cómo las plantas y los polinizadores han desarrollado características especializadas a través de la coevolución, creando relaciones de dependencia mutua que mejoran sus posibilidades de supervivencia y reproducción.

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