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Sin los árboles no hay ciudades del futuro

Imagen del 14 de junio captada por Copernicus. Se observa en una escala de colores cálidos las temperaturas de la superficie del suelo (Land Surface Temperatre, LST). Los colors más oscuros corresponden a más temperatura en ºC.
Imagen del 14 de junio captada por Copernicus. Se observa en una escala de colores cálidos las temperaturas de la superficie del suelo (Land Surface Temperatre, LST). Los colors más oscuros corresponden a más temperatura en ºC.

Las imágenes del programa de observación satélite Copernicus que se publicaron hace unos días son escalofriantes. En ellas podemos ver cómo la temperatura de la superficie del suelo de algunas partes de España supera los 53 grados, en un momento en que todavía acaba de empezar el verano. Estas olas de calor son palpables especialmente en las ciudades, donde se concentra la mayor parte de la población, pero podrían ser más llevaderas si hubieran más árboles. El primer beneficio de tener árboles en las calles es evidente: nos dan más sombra en la que refugiarnos cuando suben las temperaturas. Pero hay más.

Por culpa de la urbanización, en las ciudades se crea un clima mucho más caluroso que su alrededor. Este fenómeno es conocido como efecto “isla de calor” y depende de la cantidad y altura de los edificios, si hay o no fábricas, espacios abiertos, puntos de agua, etc. Una de las principales causas es que el cemento almacena muchísimas más veces el calor que el aire en un mismo volumen, así que cuanto más «gris” sea una ciudad, más probabilidad tendremos de pasar días de calor desmesurada.

Sombra, humedad y frescor

Las plantas ayudan a refrescar el ambiente incluso aunque no proporcionen sombra, porque a través de la transpiración van enviando agua a la atmosfera que las rodea.  

Pese a esta situación, tenemos una aliada para combatir las islas de calor: la vegetación. Las plantas ayudan a refrescar el ambiente incluso aunque no proporcionen sombra, porque a través de la transpiración van enviando agua a la atmosfera que las rodea. La transpiración es un proceso fisiológico que varía en función de la fisionomía del árbol, el tipo de copa, la superficie que tienen las hojas, etc., por eso es importante una buena planificación del verde urbano, para que se escojan las especies de árboles y arbustos más favorables. 

Según un estudio reciente publicado en Nature Reviews la vegetación en el suelo reduce la temperatura máxima de la superficie en unos 2-9 °C, mientras que los techos y las paredes verdes reducen la temperatura de la superficie ¡¡unos 17 °C!!

Esquema comparativo de las temperaturas con árboles y sin árboles que ha circulado estos días en las redes sociales. Crédito: Kraków dla Mieszkanców.

Ahorro energético y de sanidad

¡Y hay más! Tener árboles nos ayuda a ahorrar también en nuestras casas. Está demostrado que las calles con árboles cerca de los edificios mantienen las temperaturas de estos más a raya y, por lo tanto, ponemos menos el aire acondicionado. Esto no solo nos supone menos gasto en la factura del mes, sino que también acaba siendo un ahorro energético para la ciudad.

La plantación generalizada de árboles en la ciudad podría compensar los aumentos en las muertes que se atribuyen al calor a medida que avanza el cambio climático.

Por otra parte, también el riesgo de golpes de calor en la población es más bajo si hay buenos bosques urbanos, pues nos servirán para refugiarnos y evitar que acaben desencadenándose estos problemas de salud y otros asociados. Un estudio reciente de la Universidad de Harvard ponía este aspecto en relieve para luchar contra el calentamiento global, porque la plantación generalizada de árboles en la ciudad podría compensar así los aumentos en las muertes que se atribuyen al calor a medida que avanza el cambio climático.

Refugios climáticos

Estas zonas dónde «escondernos» del calor tienen incluso nombre propio en ciencia. Son los refugios climáticos y se definen como aquellos que nos ofrecen condiciones ambientales favorables (también para animales y plantas) con las que paliar los efectos del cambio climático. Sin embargo, no solo las arboledas son refugios climáticos, también lo son las fuentes con agua potable (para las personas), los embalses y lagos (para animales) y las zonas con mayor superficie natural. 

Como es evidente, no todos los árboles tienen la misma capacidad para refugiarnos. Los de hoja caduca son ideales, porque ofrecen sol en invierno y sombra en verano. Y si son de hojas anchas, que hacen sombras más densas, mejor que mejor. Además, que haya refugios también es útil para alojar la fauna y flora, así que se potenciará la biodiversidad de esa ciudad.

Propuesta para reverdecer la ciudad de Barcelona que ha diseñado el proyecto europeo Uforest, una iniciativa que busca promover el conocimiento sobre bosques urbanos en diversas ciudades europeas.

Adaptación en tiempos de crisis climática

Por último, conviene destacar que el arbolado urbano nos ayuda a mitigar otros efectos del cambio climático a parte de la calor. Tener árboles en las ciudades purifica el aire, facilita la retención de las partículas en suspensión del tráfico, ayuda a secuestrar más carbono de la atmosfera, que los suelos se erosionen menos (porque las raíces de los árboles los sustentan) y que disminuyan los efectos de las inundaciones, entro muchos otros servicios ambientales.

Recordemos que estamos delante de un calentamiento global que no se para y que, por lo tanto, cada vez será más necesario tener soluciones como éstas para combatirlo. Si hacemos un recopilatorio de los beneficios que nos dan los árboles en las ciudades: más sombra, más humedad, ahorro energético, menor riesgo de golpes de calor y adaptación a la crisis climática, ¿queda alguna duda sobre cómo tendría que ser el urbanismo? 

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Foto: Sabine, Pixabay.
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