Cómo hacemos frente a la falta de agua que tenemos, y a la que vendrá

(Sant Hilari Sacalm) habitualmente sumergido al pantano de Susqueda. Fuente: Jordiavus (Wikimedia Commons).
(Sant Hilari Sacalm) habitualmente sumergido al pantano de Susqueda. Fuente: Jordiavus (Wikimedia Commons).

Estamos en estado de excepcionalidad por sequía en Catalunya. Esta medida implica un refuerzo de las restricciones existentes en muchos de los usos del agua para preservar el abastecimiento de agua a la población. Nos encontramos ante una situación grave y a la espera de la llegada de las lluvias, pero no nos podemos permitir quedarnos parados, hay que movilizar todo el conocimiento y la evidencia científica que tenemos para hacer frente a este problema y ser conscientes de que si no hacemos cambios profundos esta situación se repetirá. Desde la ciencia, algunas propuestas pasan por reformular nuestro modelo de consumo de agua, un consumo que crece de forma ilimitada en pro de la “prosperidad”, otras inciden en restaurar y proteger nuestros sistemas hidrológicos, como ríos, rieras y acuíferos, y hacerlo todo mediante un nuevo sistema de gobernanza participativa y basada en el conocimiento. Hemos hablado con nuestra experta en gestión del agua, Annelies Broekman. Os lo explicamos.

En 2019, Chipre, Malta, Grecia, Portugal, Italia y España se enfrentaron a las condiciones de escasez de agua más importantes en la Unión Europea.

En primer lugar, hay que diferenciar bien entre los términos sequía y escasez de agua. Llamamos sequía (meteorológica) a la carencia de lluvias durante un periodo prolongado, mientras que hablamos de escasez (también conocida como sequía hidrológica) cuando nos referimos a la carencia de disponibilidad de agua para los diferentes usos que le damos. Para calcular la escasez, que no la sequía, disponemos del índice de explotación de agua, un indicador que nos habla de la presión que están recibiendo los recursos de agua dulce y que nos indica la cantidad de agua extraída cada año en proporción al total disponible. Por ejemplo, en 2019, Chipre, Malta, Grecia, Portugal, Italia y España se enfrentaron a las condiciones de escasez de agua más importantes en la Unión Europea a escala estacional según este indicador. Unos datos que reflejan que, ya en tiempos de normalidad, estamos consumiendo más agua de la que sería viable por nuestro sistema. En tiempo de sequía meteorológica recurrente o prolongada, como en la situación critica que estamos viviendo, nos centramos demasiado a menudo en la sequía o en el clima como causa del problema del agua, mientras que falta debate sobre el verdadero problema: la demanda crónica de agua que tiene nuestro modelo de desarrollo insostenible. Una sed de agua en todos los sectores que nos hace consumirla de forma excesiva superando la capacidad natural de los recursos que tenemos disponibles

Embalses de Sau y Susqueda el 12 de febrero de 2019 y el 2 de febrero de 2023. Recorte de imágenes Sentinel 2, tomadas con RGB (IRp, IRoc, V) a 10 m. Fuente: Grumets.

¿Y qué hacemos? Ahora, a corto plazo, tenemos el Plan especial de sequía para cada cuenca hidrográfica. Un plan que permite abordar el reto de la carencia de agua con previsión y unas reglas del juego claras para todo el mundo. Tal como indica laAgencia Catalana del Agua“el Plan parte en primer lugar del conocimiento y análisis de las sequías recurrentes que se han producido en Catalunya durante los últimos 80 años, lo cual permite establecer patrones de vulnerabilidad frente a episodios futuros. En segundo lugar, aplica un seguimiento preventivo de la evolución de las reservas a través de la monitorización en continuo que activa medidas ya desde los escenarios previos a la situación de alerta, mucho antes que las reservas bajen a niveles preocupantes”. Gracias a esta estrategia “las primeras medidas preparatorias ante la hipótesis de una posible sequía se empiezan a activar hasta ocho meses antes de la declaración de la situación de alerta.”

Este plan contempla el uso de tecnología para producir agua. Esto quiere decir que gestionamos la escasez produciendo agua que satisfaga la demanda, con la reutilización y la desalación, por ejemplo. Son soluciones tecnológicas útiles a corto plazo para ayudar a enfrentar sequías puntuales, pero que no se pueden mantener en el tiempo por su coste económico, energético y ambiental.

Escenarios o estados de sequía recogidos en el Plan especial de sequía. Fuentet: Agència Catalana de l'Aigua.
Escenarios o estados de sequía recogidos en el Plan especial de sequía. Fuentet: Agència Catalana de l'Aigua.

El coste de fabricar agua

El agua producida por las desalinizadoras, además de los costes económicos, tiene un coste ambiental enorme

Por ejemplo, en cuanto a la desalinización, Catalunya cuenta con 2 desalinizadoras que permiten aportar 80 Hm3/año al sistema de abastecimiento AigüesTer-Llobregat (ATL), en menor cantidad a la Tordera (20 Hm3/año) y en mayor al Llobregat (60 Hm3/año). Durante los próximos 5 años se prevé destinar 250 millones de euros a ampliar la de la Tordera y crear una nueva, con un coste de centenares de millones de euros, en el río Foix que tendrá una capacidad de 20 Hm3/año. Con todo llegaríamos a una capacidad potencial total de 140 Hm3/año. Además de los costes económicos, esta agua tiene un coste ambiental enorme, en primer lugar, por el consumo de energía para llevar a cabo el proceso, que a pesar de que han bajado mucho desde las primeras plantas de los años 70, desde unos 8kWh/m3 a los 2,3kWh/m3 en los sistemas más optimizados, de media consume todavía hoy en día unos 4 kWh/m3. Este consumo, además, produce emisiones a la atmósfera. Otro aspecto importante que hay que considerar es que, aparte de la construcción de la planta en sí, hacen falta infraestructuras nuevas y costosas para poder trasladar el agua desalada a las zonas donde es necesaria y que las infraestructuras tienen una vida técnica limitada y requieren mantenimiento. Además, no solo se trata del consumo energético, sino del vertido de salmueras de las plantas de desalinización, que perjudica la flora marina.

Si reciclamos el agua y no la devolvemos al rio disminuyen los caudales y perdemos vida y el funcionamiento normal de algunos rios.

Por otro lado tenemos las aguas regeneradas, aquellas que provienen del reciclaje de las aguas que salen de las depuradoras y que tienen usos industriales, municipales, agrícolas o por la recarga de acuíferos. En relación a esta agua hay que tener en cuenta que, además del coste del tratamiento en sí mismo, se genera un impacto ambiental que hace que no se pueda regenerar agua a gran escala. Cuando no se reciclan, las aguas depuradas vuelven al río, alimentan los caudales circulantes y contribuyen a recuperar el ecosistema fluvial. Por ejemplo, el río Besòs está alimentado al 100% por aguas depuradas. ¿Qué pasa si reciclamos toda el agua en vez de devolverla al río? Disminuyen los caudales y perdemos la vida y el funcionamiento normal de algunos ríos. La producción de agua puede ayudar a reducir la vulnerabilidad tan solo si consiste en dejar de extraerla del medio, sustituyendo el abastecimiento de los usos.

Instalaciones de ósmosis inversa del agua en la planta de desalinización del Prat del sistema de abastecimiento AigüesTer-Llobregat. Fuente: James Grellier (Wikimedia Commons).
Instalaciones de ósmosis inversa del agua en la planta de desalinización del Prat del sistema de abastecimiento AigüesTer-Llobregat. Fuente: James Grellier (Wikimedia Commons).

Cómo hemos visto, los costes ambientales, energéticos y económicos de fabricar agua son enormes y éstas son soluciones puntuales en situaciones de crisis. ¿Pero qué pasa si este desabastecimiento pasa de ser puntual a ser crónico? Sabemos que en la península iberica, igual que en el resto del Mediterráneo, las sequías son un fenómeno normal y corriente. El problema es que la ciencia ha demostrado que con el cambio climático las sequías serán siempre más frecuentes e intensas, porque el Mediterráneo se está calentando un 20% más respecto a la media global y se prevé una reducción de las lluvias de un 20 a un 50% en 2100. Para adaptarnos a este nuevo escenario y ser menos vulnerables a la falta de lluvias necesitamos soluciones que nos aporten disponibilidad de agua a muy largo plazo.

En el caso del regadío agrícola está demostrado que después de instalar tecnologías de ahorro la cantidad de agua total consumida aumenta.

La solución más inmediata, la más inteligente, pasa por poner el freno a esta sed insaciable, frenar la demanda y ser consciente del modelo socio-económico que mantenemos por encima de nuestras posibilidades. Hay que reflexionar sobre nuestro modelo agrícola, urbanístico, turístico e industrial para que se reduzca la cantidad total de agua que utilizamos. Tenemos que usar aquella agua que nos permita mantener los ciclos naturales y, sobre todo, cambiar el chip: pasar de querer satisfacer todas las demandas a priorizar el mantenimiento de la salud de las masas de agua y los ecosistemas naturales. Solo así reduciremos la vulnerabilidad del agua y sus usos al cambio global. Ni siquiera un uso eficiente del agua será una opción mejor que esta restauración de la naturaleza, porque existe un efecto rebote. Por ejemplo, en el caso del regadío agrícola está demostrado que después de instalar tecnologías de ahorro la cantidad total de agua consumida aumenta. ¿Cómo puede ser? Lo explica la “paradoja de Jevons”: para recuperar la inversión, se acaba intensificando la producción para obtener más €/m³ mediante la plantación de cultivos más rentables -pero que pueden ser más demandantes de agua- y/o aumentando el número de cosechas por año. Así, producimos más por cada gota de agua, somos más eficientes, pero estamos reduciendo la disponibilidad del agua a nivel de toda la cuenca.

Los sistemas de gestión del agua en Catalunya. Fuente: PGDCFC 2009-2015 (ACA, 2010).
Los sistemas de gestión del agua en Catalunya. Fuente: PGDCFC 2009-2015 (ACA, 2010).

La naturaleza es la solución

Este cambio de mentalidad se tiene que hacer desde hoy mismo, pero no hay que olvidar una segunda acción muy importante: empezar a implementar seriamente acciones orientadas a restaurar, mantener o mejorar nuestros sistemas hidrológicos. ¿De donde viene el agua que consumimos? El agua que sale de nuestros grifos proviene de una cuenca hidrográfica que contiene agua superficial, agua subterránea y/o aguas producidas con la desalinización o reciclaje. Como ya hemos comentado, las aguas producidas tienen sus limitaciones, así pues, cuidar, proteger y restaurar las fuentes de agua naturales, los ríos y los acuíferos, es una prioridad urgente en nuestra casa.

Proteger los acuíferos es una estrategia a largo plazo, porque actúan como pantanos naturales.

Proteger los acuíferos es una estrategia a largo plazo, porque actúan como pantanos naturales, como una esponja que va llenándose y que resiste bastante bien las variaciones de temperatura y de precipitación. Además, si los niveles de agua subterránea bajan más de la cuenta, se concentran contaminantes en el agua y se infiltra el agua salada en las zonas próximas del mar, empeorando la calidad del agua que bebemos. En este sentido, hay que empezar a dedicar recursos a la descontaminación de acuíferos, hay que dejar de ocupar con cemento espacios fluviales o de drenaje, hay que dejar de canalizar ríos y alterar los cauces, hay que perseguir los pozos ilegales que extraen agua sobrepasando los límites de explotación permitidos y hay que reducir la sobre-explotación generalizada de los acuíferos.

La conservación de los ríos es una solución basada en la naturaleza que puede ayudar a mitigar los impactos de la sequía.

En cuanto a los ríos, es urgente recuperar el entorno fluvial y los cauces. La conservación de los ríos es una solución basada en la naturaleza que puede ayudar a mitigar los impactos de la sequía porque son componentes esenciales del ciclo hidrológico y juegan un papel crucial en la provisión de agua dulce de calidad a los ecosistemas y a las personas. La conservación de los ríos implica recuperar zonas húmedas y humedales, restaurar ríos y rieras, establecer caudales ambientales adecuados, recuperar los bosques de ribera y sensibilizar a la sociedad sobre la fragilidad de este entorno.

También hace falta una reflexión profunda sobre la estrategia de construir más pantanos o esclusas. Estas infraestructuras han provocado un impacto ambiental importante, porque irrumpen la circulación del río, como si fuera un coágulo en una arteria, y alteran el latido natural del río. Además, los usos de esta agua acumulada en los embalses tampoco están vinculados al latido natural: acostumbran a abastecer el regadío o producir electricidad y, por lo tanto, responden a cuestiones económicas. Por ejemplo, muchos ríos se utilizan como canales de regadío y están llenos en verano, cuando en el Mediterráneo sería natural que estuvieran con caudales bajos. Esta manipulación artificial de los caudales degrada también la función del propio río, porque el caudal disminuye más de la cuenta y se acumulan contaminantes, aumenta la temperatura del agua y se ven afectados los mecanismos que tiene el río para autodepurarse. Perdemos calidad del agua. Además, los ecosistemas vinculados al río se hacen más vulnerables y las especies invasoras se aprovechan, como ha pasado con la caña americana. Por otro lado, además de los cambios en el caudal del río, los pantanos y reclusas provocan que no haya bastante agua rio abajo para transportar los sedimentos, que forman el cauce de los ríos, los deltas y transportan la arena hacia el litoral. Un caso emblemático es el Delta del Ebro, afectado gravemente por la falta de sedimentos que han quedado retenidos en los pantanos de la cuenca. Además de la arena, también es esencial que el agua dulce llegue al mar para regular sus condiciones fisicoquímicas y aportar nutrientes, elementos clave para las poblaciones de peces, entre otros.

Delta del Ebro. Fuente: Alberto G. Rovi (Wikimedia Commons)
Delta del Ebro. Fuente: Alberto G. Rovi (Wikimedia Commons)

Co-crear el modelo de gestión del agua del futuro

Todos estos cambios estructurales no se pueden producir de hoy para mañana, ni podemos impulsarlos de forma unidireccional. Por este motivo, es necesario hacer una reflexión profunda entre todos los sectores y co-crear entre todos los planes de acción adaptados a cada territorio. Esto requiere una visión global de cada cuencia, una planificación integrada, que tenga en cuenta que cada sistema hidrológico es un ssistema hidro-social único, con valores y funciones del agua muy diferentes y con una ciudadanía que tendrá que disponer de agua con unas tarifas justas.

Hace falta una reflexión profunda entre todos los sectores y co-crear entre todos planes adaptados a cada territorio.

Co-crear implica generar espacios de deliberación y aprendizaje mutuo, lo que llamamos “espacios de governanza” que tienen el objetivo de poner en una misma cesta la información científica disponible sobre como funcionan los sistemas hidrológicos, ecológicos y sociales, los conocimientos de los sectores productivos y el saber de la población local. En el ámbito de la adaptación al cambio climático, en el que el agua es un eje vertebrador, hay ejemplos como la Mesa del Delta y la baja Tordera o la Mesa de Trabajo de Adaptación al Cambio Climático del Maresme. Estos mecanismos permitirán tener una visión global de cada cuenca, planificar de forma integrada, considerando que cada sistema hidrológico es único y tiene valores y funciones del agua diferentes.

Es posible satisfacer la sed crónica en Catalunya empezando por respetar el agua y la vida de los ríos y acuíferos y cuestionando la cantidad de agua que necesitamos y la economía que queremos, sin exceder la capacidad de carga.. Para conseguirlo, es importante colaborar en espacios de diálogo y gobernanza en cada cuenca de Catalunya, donde todo el mundo pueda participar. Llenemos todas las cuencas de estos espacios, aprendamos, asociémonos, escuchemos a la ciencia y propongamos medidas a largo plazo. Solo así podremos enfrentar la falta de agua crónica que tiene el país.

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