10 recomendaciones científicas para mantener vivos los bosques

Ilustración: Laura Fraile.
Ilustración: Laura Fraile.

Los bosques de Catalunya se encuentran en una situación de vulnerabilidad alarmante: sequías persistentes, olas de calor, erosión por lluvias torrenciales, pérdida de nutrientes, plagas, grandes incendios, etc. A su vez, la población pide, cada vez más, dinamizar el mundo rural y utilizar la madera local como material sostenible y de proximidad. Pero, ¿cómo se gestiona todo esto? El CREAF ha resumido 10 propuestas basadas en la ciencia para mejorar la gestión de los bosques de Cataluña y las ha presentado en el Parlamento Europeo

El CREAF ha resumido 10 propuestas basadas en la ciencia para mejorar la gestión de los bosques de Cataluña y las ha presentado en el Parlamento Europeo.

Concretamente lo ha hecho el director del centro, Joan Pino, durante el seminario “La necesidad de la gestión de los bosques. El caso de los bosques mediterráneos” organizado por el eurodiputado Jordi Solé el pasado 7 de noviembre. El mensaje clave del decálogo es que la gestión de los bosques debe acompañar al bosque, un sistema vivo y dinámico, en tres retos a la vez: mantener la biodiversidad que acoge, hacerlos más resilientes al cambio climático y ayudar a que proporcionen los servicios que le pedimos como sociedad. En este sentido, el CREAF apuesta por una gestión forestal basada en la ciencia y consensuada con los actores del territorio. Es necesario encontrar prácticas de gestión que permitan un desarrollo sostenible de la bioeconomía forestal, aprovechando los productos y servicios del bosque, pero sin perjudicar la salud y su buen funcionamiento. Apuesta también por diversificar las prácticas de gestión, con niveles de intensidad adaptados a cada lugar y objetivo. Y, de hecho, reconoce que no intervenir (aparentemente, no gestionar) también debe entenderse como gestión forestal si es una decisión planificada y con un objetivo claro.

No hay una receta única para todos los bosques

Las 10 recomendaciones recuerdan que Catalunya tiene una gran diversidad de paisaje y bosques. Cada bosque se encuentra en un estado, en un contexto climático, topográfico, socioeconómico e histórico distinto. En esta realidad, es recomendable que la gestión tenga en cuenta las funciones que deseamos restaurar, mantener o mejorar según cada territorio o paisaje. No podemos esperar todo del bosque en todas partes.

Foto: Joan Pino, durante el seminario “La necesidad de la gestión de los bosques. El caso de los bosques mediterráneos” en el Parlamento Europeo.
Foto: Joan Pino, durante el seminario “La necesidad de la gestión de los bosques. El caso de los bosques mediterráneos” en el Parlamento Europeo.

Según los investigadores, también debe tenerse en cuenta que los ecosistemas, y particularmente los bosques, son multifuncionales, es decir, realizan diferentes funciones a la vez que contribuyen a nuestro bienestar, desde ocio hasta aprovechamiento de madera, setas o regulación del clima, entre otros. Así pues, tendrán que coexistir varios modelos de gestión del bosquesegún las funciones que se necesiten en cada lugar y según lo que cada bosque es capaz de ofrecer. Esto pasa por una ordenación territorial coordinada, una tarea que tendrán que realizar las administraciones competentes con la ayuda de personas expertas y con la participación de los sectores implicados (propietarios forestales, ganaderos, empresarios del turismo verde, grupos conservacionistas, etc.).

El decálogo hace mención especial a las amenazas y vulnerabilidades del cambio climático. En este contexto, es necesario apostar por una gestión preventiva, debido al riesgo de incendios, y adaptativa, para ayudar a los bosques a hacer frente al cambio climático. Las medidas no son generalizables a todo el territorio, debido a los costes económicos y sociales que implican y porque no siempre son efectivas. Habrá que hacerlo por zonas: en las zonas más accesibles y estratégicas para el control del fuego o con mayor riesgo para la población, se deberán crear paisajes con menos carga de combustible y más discontinuidad forestal, y en las áreas más inaccesibles o remotas, habrá que asumir que la dinámica natural -incluidos los mismos incendios o las sequías- puede ser la que acabe gestionando el bosque.

Por último, la gestión debe velar por mantener los bosques saludables y llenos de vida. Por tanto, también habrá que reservar una parte sustancial de los bosques mejor conservados para que evolucionen hacia estadios más maduros y sin otra gestión que su propia dinámica natural. 

Crédito: Laura Fraile/CREAF.

10 reflexiones y propuestas para dibujar el futuro de los bosques

La hoja de ruta del CREAF sobre cómo debería ser la gestión forestal del futuro, se sintetiza en un decálogo, fruto de un proceso de reflexión interna en el que han participado la mayoría de las personas expertas forestales del centro. 

1. La gestión forestal tiene que hacer frente a un nuevo entorno climático y social que cambia de manera acelerada. Este nuevo entorno está provocando cambios en la composición de especies y la pérdida de biomasa. Los bosques responderán progresivamente o de manera más repentina, con mortalidades masivas de árboles causadas principalmente por sequía, plagas y/o incendios. Por otro lado, los bosques ya tienen que hacer frente a las nuevas demandas de la sociedad y esto hace que aumente la presión sobre los llamados servicios ecosistémicos que proporcionan. Se debe acompañar al bosque en su transición hacia este nuevo contexto socioambiental. 

2. El objetivo principal de la gestión forestal en Cataluña debe ser restaurar, mantener o mejorar la salud o funcionalidad ecológica de los bosques. Solo así podemos asegurar que se conserve su biodiversidad y que mantengamos a largo plazo el bienestar y los servicios que los bosques aportan a la sociedad. La gestión forestal tiene que permitirnos ganar tiempo y evitar transiciones traumáticas que puedan comportar pérdidas de suelo y el colapso de sus servicios ecosistémicos y la biodiversidad, además de riesgos para la población asociados a perturbaciones como los incendios forestales.

3. La gestión tiene que tener como objetivo conseguir bosques multifuncionales, que provean el máximo de funciones y servicios, pero se debe adaptar esta provisión a los objetivos específicos de cada caso, en base de las potencialidades de cada bosque. Esto quiere decir que, a veces, se podrá combinar la gestión orientada al aprovechamiento forestal con la destinada a la prevención de incendios o a la conservación de la biodiversidad, pero esto no tiene por qué pasar siempre, y entonces habrá que elegir. 

4. Mantener la funcionalidad de los bosques requiere herramientas de gestión forestal muy diversas con gradientes de intervención que van desde promover la evolución libre de las masas forestales hasta la sustitución por cultivos o pastos, pasando por talar con una frecuencia e intensidad variables según los objetivos específicos y el contexto socioambiental de cada lugar. Esta gestión es necesariamente compleja, aplicada a escalas espaciales muy diferentes e integrada en los sistemas socioecológicos locales, y con resultados a medio y largo plazo. 

5. La gestión forestal debe basarse en el conocimiento que proporciona la ciencia: tiene que contemplar el estado de salud actual de cada bosque, las diversas funciones que den y los servicios potenciales; tiene que considerar escalas espaciales muy diferentes (rodal, paisaje, cuenca, región), y escalas de tiempo también diversas y, como mínimo, de decenios; también tiene que contemplar el contexto ambiental actual y el futuro que resultará del cambio climático. En Cataluña hay muchos actores del ámbito de la investigación que pueden aportar información y datos de alta calidad que se tienen que transferir en la planificación de la gestión. 

6. La gestión forestal tiene que priorizar las llamadas soluciones basadas en la naturaleza: éstas permiten que los bosques mantengan la complejidad que se requiere para ser resilientes a los cambios y para ofrecer múltiples funciones y servicios ambientales. Un bosque monoespecífico y con una estructura simplificada difícilmente podrá ofrecer lo que le pedimos. El concepto de soluciones basadas en la naturaleza nos tiene que permitir alinear las estrategias forestales, de gestión del territorio y de conservación de la biodiversidad catalanas, españolas y europeas. 

7. Hay que combinar la gestión con la recuperación de los procesos naturales perdidos que regulan la dinámica del bosque, como son los herbívoros y los regímenes de inundaciones o de incendios. Esta combinación también tiene que integrar los procesos asociados a la actividad humana, como son la extracción de madera o el pasto del ganado doméstico. Hace falta una visión de conjunto que contemple los sistemas naturales y humanos con sus dinámicas respectivas y la valoración de los riesgos asociados a estos procesos. Esta recomendación está totalmente alineada con las estrategias forestales y de conservación de la biodiversidad europeas y españolas y con el concepto de soluciones basadas en la naturaleza.

8. Se debe de hacer una planificación territorial de los usos del bosque para asegurar que la gestión mantiene la complejidad y multifuncionalidad a escala de paisaje. La gestión forestal se tiene que apoyar en la ordenación y la planificación territoriales, tiene que ser compartida y tiene que estar integrada en la dinámica socioeconómica del territorio. En este sentido, hay que avanzar hacia un modelo compartido de gestión del bosque, con estrategias e indicadores acordados entre los diversos sectores concernidos y que tengan en cuenta tanto los condicionantes ambientales como los socioeconómicos.

9Hace falta una reflexión específica y de conjunto sobre la problemática de los incendios forestales, que evalúe la idoneidad y la factibilidad de aplicar varias herramientas de gestión a situaciones socioambientales diferentes. No se pueden aplicar reducciones de la carga de combustible por todas partes ni gestionar todo el paisaje para la prevención de incendios, por motivos varios (ecológicos, sociales, y también económicos). Hará falta por lo tanto aceptar cierta frecuencia de incendios, priorizar dónde se hacen las intervenciones más intensas y dónde es más razonable usar el fuego como un proceso natural y promover la dinámica libre de los ecosistemas.

10Hay que entender el bosque como un ecosistema clave y ponerlo en valor por su papel en la conservación de la biodiversidad, en la provisión de funciones, bienes y servicios esenciales para el conjunto de la sociedad. Para conseguirlo, debe enriquecerse y ampliarse el relato sobre qué consideramos gestión forestal, incorporando la recuperación y el mantenimiento de procesos naturales como una herramienta clave.

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