Cinco soluciones para restaurar la tierra

Los últimos resultados del IPCC presentan un futuro cada vez más árido para el Mediterráneo, con menos lluvia y olas de calor más frecuentes y largas. Por este motivo, las Naciones Unidas han puesto el foco en las medidas que hay que tomar para combatir la degradación del suelo, la desertificación, gestionar de manera efectiva y sostenible nuestra agua y cuidar la tierra para evitar que se erosione. Bajo el lema ‘Land. Life. Legacy: From scarcity to prosperity’ la semana del 9 al 20 de mayo se celebra la decimoquinta COP de la Convención para Combatir la Desertificación y se organizan varias sesiones para entender y encarar esta crisis. ¿Qué se está haciendo al respecto en España? ¿Por qué necesitamos un suelo sano?

El vertido descontrolado en nuestros suelos, la tala masiva, el desequilibrio mundial de nutrientes y la desertización son algunos de los ejemplos de los efectos palpables de estas crisis sobre la tierra que pisamos y habitamos.

La sociedad estamos empezando a enfrentar la crisis climática en la que nos encontramos: buscamos cómo adaptarnos, innovamos en medidas de mitigación e intentamos listar las posibles soluciones. Uno de los hándicaps es que la crisis no es sólo del clima, sino que tiene otras dos patas: la pérdida de biodiversidad y la contaminación masiva de los suelos, aguas y aire. El vertido descontrolado en nuestros suelos, la tala masiva, el desequilibrio mundial de nutrientes y la desertización son algunos de los ejemplos de los efectos palpables de estas crisis sobre la tierra que pisamos y habitamos. También la biodiversidad está relacionada. Los suelos albergan el 25% de la diversidad de todo el mundo y más del 40% de los organismos vivos de los ecosistemas terrestres están asociados a ellos. En el subsuelo viven miles de organismos que sufren todos estos cambios, intervienen en ciclos de vida global que, por tanto, es necesario gestionar con alcance mundial. Precisamente, el pasado año la FAO lanzaba un informe sobre el estado de conocimiento de la biodiversidad de la tierra, en el que participó como experta nuestra investigadora Pilar Andrés.

De la misma forma que una persona con mejor estado de salud tiene más resistencia frente a los “ataques”, un suelo sano resiste mejor ante los efectos adversos. Hablamos sobre una tierra saludable cuando funciona realmente como un ecosistema vivo, dinámico, fértil, donde nacen y crecen las plantas, habitan microorganismos, insectos y otros animales que interaccionan entre sí. Para mantener toda esta cadena, el suelo debe tener una proporción conveniente de nutrientes y alto contenido en materia orgánica, que favorece que se retenga el agua y se mantenga una buena humedad. Así se suavizan las inundaciones, se erosiona menos si hay lluvias torrenciales y ayuda a que los cultivos y ríos de alrededor sigan hidratados en condiciones de sequía. Además, un suelo sano absorbe más carbono atmosférico, porque los microorganismos que viven lo utilizan y lo transforman en materia orgánica y minerales por el subsuelo, convirtiéndose en un reservorio y disminuyendo su concentración en la atmósfera. 

CC BY: Nora Soler/CREAF.

¿Qué mecanismos tenemos para favorecer que un suelo tenga una buena salud? Os presentamos algunas de las soluciones que estamos estudiando desde el CREAF para (re)vivir los suelos del planeta.

1. Compost, del contenedor marrón a nutrir el suelo 

Comemos una mandarina, sacamos la piel y la arrojamos al cubo que tenemos reservado para los restos orgánicos. Nuestra vida sigue y una o dos veces por semana bajaremos esta fracción del cubo hacia el contenedor marrón o hacia la puerta de casa. Al material que nos encontramos dentro se le llama FORM (Fracció Orgànica dels Residus Municipals) y la Agencia de Residuos de Cataluña lleva el seguimiento, que continuará hacia las plantas de compostaje. Allí se descomponen estos residuos orgánicos mediante un proceso controlado que incluye la acción de microorganismos y la presencia de oxígeno durante unos 3 meses. Pasado este tiempo, ¡voilà! Obtenemos un buen compuesto. “El compost que se obtiene de la FORM es un fertilizante muy valioso, ya que aporta al suelo las tres M que necesita para considerarse sano: microorganismos, materia orgánica y minerales”, explica Meri Pous, de la Agència de Residus de Cataluña. 

“El uso de compost en el suelo, en tanto que mejora su calidad e incrementa el secuestro de carbono, se puede considerar una de las soluciones en la lucha contra el cambio climático y la degradación de los suelos”, defiende Vicenç Carabassa, investigador del CREAF. Por otra parte, el uso de compost en agricultura también es una buena noticia para las personas que se dedican, ya que reduce enormemente el uso de fertilizantes químicos y, por tanto, el gasto que estos suponen. 

2. Suelos a la carta

Otra técnica de restauración son los suelos de nueva creación, los llamados tecnosoles. Se trata de suelos diseñados y planificados para recuperarlos con un objetivo concreto, como puede ser la replantación forestal de una antigua mina o la rehabilitación de una finca agrícola; son en cierto modo «suelos a la carta». Para crear estos tecnosoles se aplican distintos materiales orgánicos que mejoran la salud del suelo, uno de los cuales es el compost, y que se conocen como enmiendas orgánicas. 

Desde el CREAF, “llevamos años estudiando estas enmiendas con la Agencia de Residuos, porque hay que saber con detalle cómo actúan sobre cada suelo, qué dosis son necesarias para restaurarlo, si ayuda a retener carbono ya mejorar la provisión de servicios ecosistémicos en general”, explica Carabaça. “En nuestro equipo lo hemos investigado históricamente con los lodos de depuradora, aquellos que proceden de las instalaciones depuradoras de aguas residuales y que también sirven como enmienda. Tenemos estudios de más de 25 años, que fueron iniciados por Josep Maria Alcañiz, también investigador del CREAF y profesora de la UAB, y este año los estamos ampliando con otros residuos orgánicos y minerales en parcelas experimentales en el Garraf para restaurar el suelo de vertederos, canteras y otros terrenos degradados”. 

Otro de los materiales que puede aplicarse a los suelos que se desea recuperar es el biochar o biocarbón , un material que se obtiene de restos vegetales y residuos de biomasa. Se aplica al suelo directamente, no se quema como el carbón clásico, y mejora su fertilidad y estimula la actividad microbiana. 

3. Agricultura y ganadería regenerativa

“Un país que no disponga de tierra fértil no es capaz de producir alimentos, ni decidir políticas agrarias y alimentarias propias. Recuperar la fertilidad perdida permite promover la soberanía alimentària y producir para toda la sociedad alimentos de calidad sin que exista un control por parte de grandes lobbies externos”, defiende Marc Gràcia, coordinador del proyecto europeo Polyfarming. Cómo comemos está vinculado claramente con la salud del suelo donde vivimos. De hecho, el sobrepasto y la agricultura intensiva son de las actividades humanas que más perjudican a la calidad de la tierra. Una alternativa a estas prácticas intensivas es la agricultura regenerativa, centrada en cuidar el suelo y recuperar su fertilidad. De esta forma, los alimentos que generamos serán sostenibles, a la vez que mejorará el estado de salud de las fincas agrarias. Los estudios de CREAF en torno al Polyfarming demuestran que la huerta regenerativa absorbe hasta 30 veces más de CO2 que la convencional, mejora la capacidad de retener agua en un 20% y se multiplica la cantidad de materia orgánica. Estamos ante una solución para recuperar progresivamente los suelos degradados y compensar las emisiones anuales del sector agrícola. 

Una huerta regenerativa que absorbe hasta 30 veces más de CO2 que la convencional, mejora la capacidad de retener agua en un 20% y se multiplica la cantidad de materia orgánica. 

En la misma línea, también la ganadería debe enmarcarse en un consumo más responsable y es por eso que estamos involucradas en proyectos de ganadería regenerativa y/o extensiva. El paisaje mediterráneo es cada vez más homogéneo y esto perjudica el estado del suelo, que no tiene diversidad de fauna y flora, tiene más riesgo de sufrir incendios y pierde la capacidad de retener agua. Las prácticas de pasto extensivo serían una manera de revertirlo, porque diversifican el paisaje y sus necesidades y nos permitiría prepararnos para el mayor incremento de temperaturas que se espera en nuestra cuenca. Más aún, si lo diseña desde la óptica regenerativa, la ganadería no se utilizaría sólo para recuperar el paisaje en mosaico que necesitamos, sino también para volver a tener un suelo fértil. “A través de los estudios con la iniciativa fields4ever estamos comparando en Menorca la biodiversidad de hongos y bacterias que tienen los suelos con pastos de gestión intensiva versus los pastos sostenibles para ver cómo influye en el secuestro de carbono en el suelo”, explica nuestra investigadora Pilar Andrés, líder del proyecto y experta en ecología del suelo. 

División en parcelas de una finca destinada a ramadería regenerativa en el marco del proyecto Life MIDMACC.

4. Donuts biodegradables para reforestar

Desde el CREAF, y con un equipo de expertos internacional, se ha probado la eficacia de unos dispositivos biodegradables, de forma circular que recuerda a los donuts, para replantar zonas desertificadas o altamente degradadas. Se conocen con el nombre de Cocoon y es un método que ha servido para replantar unos 30.000 árboles en el Mediterráneo –Cataluña, Comunidad Valenciana, Almería, Italia y Grecia– y Canarias con una eficacia de supervivencia de los vástagos elevada. Estos donuts de cartón se entierran en el suelo llenos de agua e hidratan y protegen el árbol durante el primer año de vida, el más sensible, y después se descomponen al suelo. 

Los resultados de los últimos años son muy positivos, ya que este método puede convertirse en una buena solución si se decide reforestar una zona que ha perdido la calidad del suelo y necesita un empuje. Hay que tener en cuenta, tal y como decíamos al inicio del texto, que los episodios de aridez extrema serán cada vez más frecuentes y conseguir unas buenas reforestaciones, programadas y enfocadas a cada región, será muy necesario. En Cataluña, por ejemplo, se ha probado para replantar una zona quemada en El Bruc y se ha encontrado con que un 60% de los árboles han sobrevivido, el doble que con los métodos tradicionales. Además, económicamente, los estudios en torno al Cocoon han demostrado que pueden ser hasta 4 veces más rentable también en comparación. Las actuaciones se han realizado con el apoyo del Cabildo de Gran Canaria y la empresa GESPLAN.

CC BY: Volterra.

5. Recolectar niebla

Parece mentira, pero la última solución que presentamos está protagonizada por las gotitas de agua de niebla. El proyecto LIFE Nieblas recoge con una colectora la niebla y el rocío de los entornos húmedos de Gran Canaria y los utiliza para recuperar los bosques y acuíferos de 35 hectáreas de la isla. El objetivo es recoger 215.000 litros de agua y, demostrada la efectividad de esta técnica tan innovadora, implantarlo en la cuenca Mediterránea y en Portugal para combatir la desertificación. Las zonas habilitadas para rehabilitar en Gran Canaria habían sido degradadas intensamente por siglos de tala y extracción masiva de agua de los acuíferos y de un incendio devastador. Una vez terminado el proyecto disfrutarán de especies endémicas de la zona y propias de la laurisilva, como por ejemplo el haya y la encina canaria. Volver a tener una buena vegetación en un suelo degradado ayuda a mantener la estructura de este suelo, ya que las raíces se fijan fuertemente, generando un ciclo de la materia orgánica que puede ayudarles a recuperar la fertilidad. Además, los suelos vivos en los que crecen plantas diversas retienen mejor el agua y ayudan a mantener la humedad óptima siempre, aunque no llueva. 

Sin embargo, aunque tengamos delante cinco soluciones para intentar mitigar los efectos del calentamiento global sobre la tierra, no conviene fiarse. Se están haciendo muchos estudios de restauración ambiental para recuperar la salud de nuestros suelos, pero nunca vuelven –o tardan muchos años– a ser como un suelo primario, así que la clave sigue siendo cuidarlos y conservar su salud para evitar que lleguen a “morir”. 

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