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¡El agua no es sólo azul! ¿Qué es el agua verde y qué relación tiene con la gestión forestal?

El paisaje mediterráneo, su sociedad y la emergencia climática tienen un claro elemento de discordia que les marcará en las próximas décadas: el agua. Cómo será la comida del futuro, el consumo del futuro, el turismo del futuro, el bosque del futuro… Todas las respuestas pasan por el filtro del agua que tendremos disponible. Hoy, que navegamos entre el 21 de marzo, Día Internacional de los Bosques y el 22 de marzo, Día Mundial del Agua, nos hemos preguntado qué relación tienen y tendrán las masas forestales con este preciado recurso. ¿Cómo afectarán las sequías en nuestros bosques? ¿Se pueden tomar medidas para mejorar la vitalidad de los árboles? ¿Cortar algunos árboles puede hacer que aumente el agua en nuestros embalses?

Para responder a estas preguntas, en primer lugar, hay que tener en cuenta dos conceptos que describen esta relación íntima entre bosque y agua, los conceptos del agua verde y el agua azul. El agua verde es esa parte de la precipitación que cae al bosque y que acabará devolviendo a la atmósfera a través de la misma vegetación. Una parte del agua verde es la que devuelve porque las plantas la han interceptado y se evapora directamente desde la superficie de las hojas y los troncos. La otra parte es la que queda retenida temporalmente dentro del suelo y vuelve a la atmósfera fundamentalmente por transpiración de la vegetación, un intercambio de gases necesario para mantener la entrada de CO2 en las hojas y por tanto la fotosíntesis. Por otra parte, el agua azul es la diferencia entre la precipitación y el agua verde, y corresponde a la parte de la precipitación que no utilizará la vegetación y, por tanto, que no vuelve a la atmósfera, sino que se escurre por la superficie del terreno o se infiltra en el suelo hasta llegar a los ríos o acuíferos.

En un contexto de cambio climático, la relación entre bosques y agua puede verse bastante alterada. Si hablamos de bosques mediterráneos jóvenes y muy apretados, en un contexto de cambio climático con aumento de las temperaturas, podemos encontrar que la demanda de agua por parte de la vegetación sea cada vez más alta y que los árboles entren en una competencia encarnizada por el agua, sobre todo en verano cuando hay olas de calor. Esta situación puede llevar a los árboles a sufrir un estrés hídrico enorme, que los debilite o los lleve a morirse de sed. ¿Qué se puede hacer? Por un lado, hay que tener en cuenta que, con el tiempo, de forma natural, se irá haciendo una tarea de auto clareos en el bosque, sobrevivirán los árboles más vigorosos y los demás morirán, en un proceso de sucesión natural. Sin embargo, si queremos amortiguar efectos drásticos, abruptos e indeseados desde un punto de vista humano, podemos anticipar este proceso, recurriendo a la gestión forestal. Es decir, programando y realizando nosotros mismos este clareo.

Se ha demostrado que la gestión forestal sostenible, si se hace basada en criterios científicos, puede ser una buena herramienta para mitigar la carencia de agua en zonas concretas de bosques que se han densificado mucho en los últimos años.

La gestión forestal sostenible, si se basa en criterios científicos, ha demostrado ser una buena herramienta para mitigar este efecto en zonas concretas de bosques que se han densificado mucho en los últimos años. Si antes se recibían 10 litros de agua en un metro cuadrado a repartir entre cinco árboles, con una gestión adaptativa tocará repartirla entre tres árboles, haciendo más agua disponible por cada árbol. En estos casos, hablamos de favorecer determinadas especies más adaptadas a las nuevas condiciones climáticas, seleccionar árboles concretos que se pueden cortar por su tamaño o estructura y reducir la densidad del bosque, siempre dejando árboles en pie que se desarrollarán mejor y serán más vigorosos y sanos. En este tipo de gestión no se ve ninguna diferencia si miramos el bosque desde el cielo, sigue habiendo copas de árboles que cubren el bosque y nunca deja de ser un bosque funcional.

El agua de la lluvia puede quedar retenida por la vegetación o en el suelo como agua verde o fluir por la superficie o infiltrarse hacia el acuífero como agua azul. Diseño: Jose Luís Ordoñez.

¿Cortar árboles para llenar pantanos?

Si a este tándem agua-bosque le sumamos una tercera variable, el de las personas, se puede llegar a pensar que cortando árboles en las cabeceras de los ríos llegaría más agua a los embalses. Este concepto puede parecer lógico si se mira desde el punto de vista conceptual, sin embargo, es un cambio de paradigma complejo y lleno de matices.

A nivel científico por el momento se ha constatado que el efecto es altamente variable y dependiendo de las características del bosque (especie, pendiente, tipos de suelo, etc.) y meteorológicas (tipo de lluvia, temperaturas máximas, radiación solar, etc.), Los resultados disponibles son a menudo contradictorios en relación a cómo las talas afectan a los flujos de agua azul (básicamente el escorrentía superficial y la infiltración). Dado que es difícil la experimentación a escala de cuencas, se están llevando a cabo estudios con modelos eco-hidrológicos que simulan el funcionamiento del bosque y los resultados nos dicen que el agua que quedaría disponible después del corte sería muy variable dependiendo de la zona, de las especies y del contexto hidrogeológico de la cuenca. En cualquier caso, la precipitación que cae en cada zona sería determinante para valorar la idea de cortar bosques para disponer de mayor agua por consumo humano. Os lo explicamos:

Catalunya árida, Catalunya húmeda.

En la Cataluña más árida (de Barcelona hacia el sur) llueve tan poco que estas acciones no tendrían efectos significativos en la cantidad de agua azul. Los modelos con los que ha trabajado el CREAF, el CTFC y la UdL dejan ver que el agua que quedaría disponible reduciendo la densidad de árboles (los llamados clareos de baja intensidad), sería automáticamente agua disponible para el resto de la vegetación (que ya sufre escasez de agua) y los caudales de los ríos no verían cambios evidentes.

“En la Catalunya más árida cortar árboles o arbustos provoca una reducción momentánea del área cubierta por hojas de un bosque (un indicador que recibe el nombre de IAF, índice de área foliar) que no tiene efectos a largo plazo en los caudales de los ríos”.

EDUARD PLA, investigador del CREAF.

Este IAF es el indicador que tiene más relación con la demanda de agua: cuanto mayor es, mayor demanda existe. Los estudios hechos demuestran que, a los pocos meses de haber reducido la cubierta por hojas, los árboles y arbustos que han quedado en pie, o rebrotan, o producen hojas rápidamente para llegar a un IAF equivalente y, por tanto, es un efecto que dura pocos años si no se realizan acciones de mantenimiento. “Algunas acciones para mantener el IAF bajo sería poner rebaños en el bosque que coman esta nueva producción de verde, pero debería verse cómo se mantienen a largo plazo y con qué criterios”, concluye Pla. Sin embargo, estas acciones no evitarían el incremento del IAF en las copas de los bosques altos.

Por otra parte, en la Catalunya húmeda, sobre todo en los Pirineos, ya se han observado reducciones de caudales producidas por la expansión del bosque que se ha dado tras el abandono de los pastos y cultivos. En este sentido, los modelos eco-hidrológicos ven que podría haber cambios significativos en los caudales de los ríos si se cambiara el paisaje. Si el cambio fuese radical, es decir, sustituyendo bosque para recuperar pastos y transformando algunos bosques en dehesas, por ejemplo, estos cambios serían mucho más notorios.

Joan Pino

“Esto no puede ocurrir a corto plazo, hablamos de cambios profundos en el paisaje por los que no tenemos el contexto socio-económico apropiado, tampoco sabemos si esto es lo que queremos por todo este territorio, porque dejaríamos de disponer de bosques que ahora también están teniendo otras funciones sociales o ambientales importantes”.

JOAN PINO, director del CREAF.

Ahora bien, si el cambio fuera más suave, centrándose en el tipo de especie y densidad de arbolado y matorral, este cambio, aunque menor, también podría ser significativo, pero requiere actuaciones periódicas que mantengan la estructura biofísica del bosque.

A esto hay que añadir que la zona mediterránea va hacia un cambio en la estacionalidad de las lluvias, con lluvias torrenciales como el Gloria y sequías muy extremas como la que estamos viviendo. En eventos intensos de lluvia, la estructura del bosque poco podrá aportar dado que la mayor parte del agua no llega a infiltrarse, aunque el tener una cubierta boscosa puede contribuir a controlar los fenómenos erosivos y los deslizamientos.

El bosque en el centro de todo

La gestión de los bosques en la Catalunya del siglo XXI necesita una visión transversal que incorpore las diversas perspectivas y que dé solución a los diversos retos sociales y ambientales. Necesitamos bosques que sirvan para muchos retos a la vez, bosques multifuncionales, que provean una lista de servicios muy larga y diversa, lo que nos obliga a montar fórmulas de gestión diversas, imaginativas y adaptadas a cada tipo de bosque y en cada territorio. Debemos tener claro que regular los ciclos hidrológicos no es la única función que realizan los bosques, y que el problema del suministro de agua no se solucionará cortando bosques. Además, hay que tener en cuenta que en Catalunya el 80% de los bosques son privados.

Necesitamos bosques multifuncionales, que provean muchos servicios. Esto nos obliga a bosquejar fórmulas de gestión diversas, imaginativas y adaptadas a cada tipo de bosque y en cada territorio.

Una gestión multiuso podría, por ejemplo, gestionar un bosque concreto del territorio para aumentar el agua azul y tener mayor caudal en un arroyo del Montseny a favor del tritón, como ha sucedido con algunas cortas de plantaciones de abeto de Douglas (una especie foránea con grandes necesidades de agua). También podría servir para gestionar algunos rodales para recargar acuíferos estratégicos, pero siempre en actuaciones concretas, quirúrgicas y planificadas, tal y como debería plantearse cualquier otro tipo de gestión.

Los estudios del CREAF y del CTFC sobre todo han testeado y demostrado cómo la gestión en algunos bosques de Cataluña ha ayudado a tener más agua verde para soportar mejor la sequía y las olas de calor de una zona concreta, haciendo aclaraciones que den un respiro a los bosques más apretados – aquellos que compiten por un agua cada vez más escasa – o introduciendo pastos para reducir vegetación, disminuir el estrés hídrico, la vulnerabilidad frente a los incendios y poniendo en valor el sector ganadero extensivo.

En otros trabajos, el CREAF ha constatado cómo dejar a dinámica natural bosques con un alto valor ecológico ha ayudado a mejorar su grado de madurez, haciéndoles espacios refugio de gran biodiversidad, y aumentando su capacidad reguladora del ciclo del agua y del carbono. A pesar de la sequía, Cataluña no tiene un único territorio, ni un único bosque ni una única necesidad y la gestión forestal deberá adaptarse a cada caso y siempre tratando de incorporar los datos y la evidencia que se recoge desde la ciencia.

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