Estela Romero, la investigadora que transita del azul al turquesa

"Mi primera experiencia post doctoral fue súper buena, es lo que me hizo continuar en la ciencia"

Durante 3 años Estela Romero estudió el agua del Sena, desde el centro de París y hasta la desembocadura del río. Su foco era examinar cómo afecta la actividad humana a la calidad de este río francés, un aspecto crítico porque condiciona los usos que se dan al agua. También intentaba descifrar la función del río con ojos de científica: «si es simplemente un vector de transferencia al mar o si, en cambio, somos capaces de identificar su labor de filtro para que lo que desemboca no sea perjudicial». En esa época era post doctoranda del grupo de investigación liderado por Josette Garnier y Gilles Billen de la Universidad Pierre & Marie Curie, especializada en ciencias y hoy integrada en la Sorbona. “Experimenté lo que es trabajar en equipo: es más rápido, se aprende mucho más, se aprovechan cálculos estadísticos, se comparten datos científicos que permiten optimizar mucho… La experiencia fue súper buena, es lo que me hizo continuar en la ciencia”, asegura. Hoy sigue colaborando con Garnier y Billen, además de seguir tendiendo puentes con el resto de profesionales de la ciencia con los que ha coincidido.

Hasta entonces había trabajado con «el azul puro» del mar pero vinculado al territorio, porque estudiaba el agua del litoral. Por eso afirma que «París fue un poco la entrada al turquesa», entendido como el azul verdoso que caracteriza a la ecología fluvial.

Llega al CREAF como post doctoranda Beatriu de Pinós y con una gran especialización en ciclos de nitrógeno y fósforo y en el papel central que juegan en los usos del territorio y la calidad del agua fluvial y marina. Desde el principio, empieza a colaborar con el equipo del investigador Josep Peñuelas y con el proyecto Imbalance-P integrado en la prestigiosa beca europea ERC. «Los investigadores Josep Peñuelas y Jordi Sardans son muy eficientes, me alegro mucho de haber trabajado con ellos», afirma. Hoy sigue vinculada al CREAF como investigadora postdoctoral Severo Ochoa, ha participado como mentora en la primera edición de las Summer Fellowships, lidera una de las propuestas de Synthesis Actions junto a Marcos Fernández-Martínez y colabora en investigación con varias colegas del centro.

Del azul al turquesa

El río más evocador de Europa –con el permiso del Danubio– le permitió formar parte de otro proyecto científico que planteaba si el 100% de la agricultura de su cuenca puede ser biológica. La propuesta se inspira en un modelo que funciona en Normandía y que busca dar respuesta a las necesidades de seguridad alimentaria del ‘Grand Paris’: “es un concepto que quiere aportar alternativas sostenibles frente al crecimiento de población y que ya han desarrollado varias administraciones del gobierno francés”. La conclusión fue muy positiva: sí, es posible y, de hecho, es la única manera efectiva de solucionar los problemas crónicos de polución por nutrientes en el río y de aliviar la eutrofización en el litoral.

Poniendo sobre la mesa lo que llama “optimismo tecnológico” explica que, si bien en el tramo principal del río las depuradoras compensan las consecuencias negativas de depurar, en los tramos finales fluye agua de baja calidad. Y es justamente la que desemboca al mar. «Se genera un agravio comparativo por zonas geográficas y por capacidad de inversión según la densidad humana de cada una».

Una ciudad vibrante

"Paris es una urbe diversa, con un pulso cultural impresionante. Es el epicentro y hay de todo"

El trazado del Sena la conectó con una ciudad vibrante en la que, al margen del circuito turístico monumental, experimentó lo que define como «una urbe muy diversa, con un pulso cultural impresionante». Y lo resume con una sentencia estimulante que suelta con naturalidad: «París es el epicentro y hay de todo». Recuerda la universidad de aquella época como un entorno de gran inquietud, además de haber vivido de primera mano el movimiento reivindicativo de cambios políticos expresado con acampadas, y la acción sindical y su gran capacidad de movilizar manifestaciones. Se instaló con su pareja, lo que también facilitó que se convirtiera «en una aventura conjunta».

Otro de los atractivos fue instalarse en un antiguo convento del siglo XVII rehabilitado como vivienda, que el Ayuntamiento de París reservaba para grupos de científicos y artistas. Una combinación ecléctica que generó una pequeña comunidad muy activa. Es la época en la que conoció acciones al margen de la oficialidad, como la acogida de inmigrantes de Senegal por parte de un grupo de mujeres que les enseñaba a leer, les daba apoyo legal y les involucraba en talleres de teatro, que escenificaban en una antigua estación de tren abandonada. Y recuerda que de todo ello hubo diáspora: «algunos se han ido a trabajar a la UNESCO en Washington, otros a otras ciudades europeas…».

El París más tradicional y al mismo tiempo delicado también tuvo un espacio en esta época, gracias al Bar Tabac, un bar característico de la ciudad sugerente por excelencia. Estela Romero desayunaba a menudo en uno de estos establecimientos y acabó creando un vínculo estrecho con los propietarios. Por eso, y porque estaba allí el día que se hacía una sesión de fotos, aparece en el libro de fotografías conmemorativo de este café mítico en la ciudad. Parece un cúmulo de casualidades, que comienzan cuando se pone a estudiar francés para distraerse y diversificar con respecto al inglés propio de la ciencia.

Científicas de cabecera

"Quiero seguir haciendo ciencia sin renunciar a según qué por el camino"

Volvió a reseguir el litoral vinculado a aguas azules marinas mediante una expedición del buque Hespérides, liderada por la científica Celia Marrasé y se implicó gracias a estar vinculada al Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona. «El proyecto quería evaluar hasta qué punto el carbono que se encuentra en forma recalcitrante en las aguas profundas puede variar si se añade glucosa o alguna molécula que facilite la digestión».

Celia Marrasé es una de sus referentes: «es una influencia importante, la conocí en el Instituto de Ciencias del Mar y es coautora de algunos de mis artículos. Además, es muy carismática». El otro gran referente más importante de su carrera es Josette Garnier, supervisora ​​de su estancia en la Universidad Pierre & Marie Curie: “ella y Gilles Billen son muy trabajadores, muy eficientes, muy amables y nunca tenías la sensación de que había jerarquía. Curré mucho y me lo pasé muy bien».

Le interesan poco la competitividad y el ego que flotan en algunos ambientes científicos. «Quiero seguir haciendo ciencia sin dejarme según qué por el camino. Quiero trabajar con personas que sean eficientes, colaboradoras, alegres y agradecidas».

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