La falta de lluvias y las olas de calor hacen prever un año muy duro para los bosques de Catalunya

Afectació per manca de plugesa Montmany (Vallès Oriental), maig 2022. Font: AlertaForestal
Afectació per manca de plugesa Montmany (Vallès Oriental), maig 2022. Font: AlertaForestal

La primavera de 2022, calurosa y seca en la mayoría del territorio catalán, se ha combinado con junio más cálido desde 2003 según el Servicio Meteorológico de Cataluña (SMC) y una falta de lluvias crónica . De hecho, las anomalías de precipitación del último mes muestran que en la inmensa mayoría del territorio ha llovido menos de la mitad de lo habitual por esta época del año, o incluso menos del 30 % de lo que llueve de media. Por este motivo, se prevé una campaña de verano muy dura para los bosques de Catalunya y la situación no mejorará si no llueve de forma abundante en las zonas afectadas por sequía. Las masas forestales más afectadas por un episodio grave de sequía serían aquellas en las que los árboles son más susceptibles por haber crecido en condiciones climáticas más favorables y estar menos adaptados a la sequía, por ejemplo los de los bosques de Girona.

En la inmensa mayoría del territorio ha llovido menos de la mitad de lo habitual por esta época del año, o incluso menos del 30 % de lo que llueve de media.

El equipo científico del CREAF anima a la ciudadanía a extremar las precauciones en el campo y a ser partícipes del seguimiento del estado de salud de los bosques a través del proyecto AlertaForestal. Esta plataforma permite, a través de una aplicación móvil y una web-app, notificar con fotografías los paisajes forestales afectados por sequía, entre otros. Más adelante, estos datos ciudadanos se complementarán con los datos del proyecto DEBOSCAT, la Red de Seguimiento del Estado de Salud de los Bosques que impulsa el Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural y que coordina el CREAF. El DEBOSCAT llevará a cabo durante septiembre el seguimiento del estado de los bosques en toda Catalunya y recogerá los datos aportados por el cuerpo de Agentes Rurales que colabora en este seguimiento exhaustivo. Con esta información se podrá acotar el grado de afectación concreto, zonas más afectadas y especies. Hasta ese momento, la participación ciudadana puede ser clave para ir siguiendo los efectos de la sequía en tiempo real.

La anomalía de precipitación acumulada en Catalunya durante el mes de junio registra mayoritariamente valores de entre 0 y 50% por todo el territorio. Fuente: Servei Meteorològic de Catalunya
La anomalía de precipitación acumulada en Catalunya durante el mes de junio registra mayoritariamente valores de entre 0 y 50% por todo el territorio. Fuente: Servei Meteorològic de Catalunya

Los árboles de Catalunya están sufriendo una sequía de larga duración, cada vez más habituales por los efectos del cambio climático, y aunque no mueran se van debilitando y habrá que tener presente que su capacidad de recuperación puede llegar a su límite.

MIREIA BANQUÉ, técnica de investigación del CREAF y coordinadora de AlertaForestal.

“La sequía está afectando al crecimiento de los árboles, su capacidad de almacenar carbono y su estado de salud en general. Por eso, ahora más que nunca, es importante que la gente participe en AlertaForestal y nos ayude a tener un buen seguimiento del estado de salud de los bosques catalanes y un registro exhaustivo de las zonas afectadas por alguna de las cinco alertas disponibles en el proyecto, entre ellas, la sequía

MIREIA BANQUÉ, técnica de investigación del CREAF y coordinadora de AlertaForestal.

Un impacto desigual

Aunque las altas temperaturas y la falta de lluvias se estén dando en casi toda Catalunya, el impacto de la sequía no será necesariamente uniforme. Un bosque será más o menos resistente según las condiciones climáticas que haya tenido que soportar a lo largo de su vida. En este sentido, se convierte con especial importancia en la anomalía de precipitación, que indica la diferencia entre la precipitación actual y el valor medio histórico para esta época del año.

“Hasta ahora, las zonas en las que vemos más decaimiento es donde hay más anomalía, es decir, donde normalmente llueve mucho y algún año en concreto llueve poco. Por ejemplo, en 2016, un año especialmente seco, vimos que el 72% de las hectáreas de nueva afectación por sequía que registramos en DEBOSCAT se daban en zonas donde había llovido entre un 0 y un 50% respecto a la media climática. Las anomalías del verano no son determinantes por sí solas, pero sí que son un factor importante a tener en cuenta”, afirma Banqué.

Mapas del grado de vulnerabilidad de los bosques catalanes en caso de sequí leve, moderada y severa, respectivamente. Fuente: Vulnemap.
Mapas del grado de vulnerabilidad de los bosques catalanes en caso de sequí leve, moderada y severa, respectivamente. Fuente: Vulnemap.

También habrá una afectación distinta según la estructura y composición del bosque. Los bosques más densos están más estresados ​​porque el agua disponible debe repartirse entre más árboles. Por decirlo de una manera más visual: si en una casa en la que viven dos personas invitaras a una docena y no aumentaras la entrada de recursos, probablemente tendrían más dificultades para vivir. También dependerá mucho de la sensibilidad de estas personas. En el caso de los árboles, los planifolios son más sensibles a la sequía pero al mismo tiempo los más resistentes. Las encinas y robles son los primeros en secarse y perder las hojas, pero también están más acostumbrados y podrán recuperarse porque son especies rebrotadoras. Las coníferas (los pinos, abetos, etc.), en cambio, parecen aguantar más la sequía pero cuando tienen las acículas pardas es porque ya están muertos y sin posibilidad de recuperación.

Según el Mapa de Vulnerabilidad de los Bosques de Cataluña (Vulnemap), una herramienta desarrollada por el CREAF en colaboración con la Diputación de Girona que predice qué bosques de Cataluña serán más o menos vulnerables a la sequía, Girona es la provincia catalana más vulnerable. En un escenario de sequía grave, la Garrotxa sería la comarca catalana más sensible, con un 50% de sus bosques en situación de vulnerabilidad alta, seguida de cerca por el Ripollès, el Alt Empordà y la Selva.

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