La inesperada mortalidad de los bosques tras los fenómenos climáticos extremos preocupa a los científicos de todo el mundo

Un nuevo estudio de revisión en la revista Annual Review de Plant Biology alerta de que bosques que no se consideraban amenazados por episodios climático extremos sí que se están viendo fuertemente afectados. El estudio lo ha realizado un equipo de expertos forestales internacionales entre los que se encuentra Jordi Martínez Vilalta, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del CREAF. Para ello, han analizado los principales episodios de muerte de árboles y bosques que han ocurrido en todo el mundo en las últimas dos décadas en respuesta a los extremos climáticos. Los resultados han sido una sorpresa para el equipo y subrayan que es probable que se produzca una mayor mortalidad de árboles y bosques en los próximos años que no se tenía en cuenta con el conocimiento científico disponible. Los expertos destacan que mejorar las infraestructuras de datos puede contribuir a mejorar la investigación en este campo y realizar una detección temprana de estos episodios de mortalidad.

Afectació de planifolis per sequera a l’Alt Empordà
Afectació nde planifolios por sequía en Alt Empordà. Font: DeBosCat

Además del aumento de las temperaturas, el cambio climático se manifiesta también con fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes y graves. Es el caso de las sequías, por ejemplo, las sequías de los veranos de 2018 y 2019 que dañaron los bosques alemanes. Sin embargo, estos acontecimientos extremos y sus impactos no son fenómenos nuevos ni se limitan a Europa Central. Los informes sobre la mortalidad de los árboles inducida por el clima y los daños forestales a gran escala debido a los extremos climáticos se remontan a casi 50 años y se han ido produciendo en todo el mundo.

“A diferencia de lo que se ha observado en el centro y en el norte de Europa, donde los episodios de mortalidad forestal se han acelerado en los últimos años, en Cataluña y en la península Ibérica en general los episodios más importantes se produjeron en los años noventa; y el problema es que no entendemos por qué. En este sentido, datos de seguimiento del estado de los bosques a largo plazo, como los que proporciona el proyecto DeBosCat y que utilizamos en el artículo, son de gran utilidad”, comenta Jordi Martínez-Vilalta desde el CREAF.

El análisis ha tenido también en cuenta los conocimientos de los expertos forestales locales. «Lo que más nos preocupa es que bosques que no se consideraban en riesgo se han visto fuertemente afectados», dice Henrik Hartmann, líder del estudio en el Max Planck Institute for Biogeochemistry de Jena, Alemania. Los autores documentan detalladamente ejemplos de Amazonas, Costa Rica y Estados Unidos, pero también de España, Australia y Alemania. «Todos estos ecosistemas forestales estaban situados en regiones en las que antes se consideraban improbables los extremos climáticos», explica Martínez-Vilalta, «o bien se vieron afectados ecosistemas y especies arbóreas que se consideraban tolerantes a la sequía».

El caso del pino silvestre en Alemania


También se ha realizado una investigación más concreta sobre la muerte a gran escala del pino silvestre autóctono. En la zona de estudio en Turingia, pero también en toda Alemania, esta especie arbórea ha sufrido mucho con las sequías de 2018 y 2019, como pasó en Catalunya durante los años noventa y la primera década de los dos mil. Las tasas de mortalidad se han disparado en los últimos años. Con sus raíces profundas, el pino silvestre se conoce por soportar bien la escasez de agua, puede extraer agua de las capas más profundas del suelo y compensar la carencia superficial de agua en el suelo, al menos a corto y medio plazo. Sin embargo, la tendencia climática de las últimas décadas ha llevado a la desecación incluso a las capas profundas del suelo, especialmente en el este y en el norte de Alemania. «Esto significa que la estrategia de supervivencia del pino ya no funciona, sufre el estrés de la sequía y, por tanto, también se vuelve susceptible a la infestación de insectos, que a menudo es la última gota que colma el vaso», explica Hartmann.

Pinar de pino silvestre en la mola de Catí, en Tortosa. Ambiente: Pinares de pino silvestre. Foto: Parc Natural dels Ports

Dificultades en la detección temprana

Los autores también investigaron metodologías para detectar en una fase temprana estos episodios de mortalidad provocados por los extremos climáticos. Los resultados no son demasiado esperanzadores, la teledetección y los modelos de vegetación parecen tener limtaciones para ello. Por un lado, los satélites detectan los cambios en la cubierta forestal, las copas de los árboles, pero no captan el alcance real de los daños forestales. En cuanto a los modelos de vegetación, éstos siempre han tenido dificultades para predecir la mortalidad de los árboles. «Nos encontramos en una situación en la que los conocimientos actuales de los expertos están llegando a sus límites, porque los acontecimientos climáticos recientes, así como los que se esperan en el futuro, no tienen precedentes. Por tanto, no podemos prever las respuestas de los bosques», afirma la Dra. Ana Bastos, coautora del estudio y también jefa de grupo en el Instituto Max Planck de Biogeoquímica. «Aún no tenemos herramientas adecuadas para la detección rápida de los daños forestales, el análisis de la causalidad y las predicciones».

"Nos encontramos en una situación en la que los conocimientos actuales de los expertos están llegando a sus límites, porque los acontecimientos climáticos recientes, así como los que se esperan en el futuro, no tienen precedentes. Por tanto, no podemos prever las respuestas de los bosques", afirma la Dra. Ana Bastos, coautora del estudio y también jefe de grupo en el Instituto Max Planck de Biogeoquímica. 

Los mecanismos que provocan la muerte de los bosques podrían identificarse combinando conjuntos de datos ya existentes y contribuir así a mejorar los modelos de vegetación. Existen conjuntos de datos interesantes, como los inventarios forestales u otras actividades de seguimiento, pero debería mejorarse su resolución espacial y temporal. Actualmente, los árboles fallecidos y las posibles causas de mortalidad no suelen registrarse en absoluto. Además, los intervalos entre una recogida de datos y otra suelen ser demasiado largos y la densidad espacial de las parcelas es demasiado baja.

Una posible solución para llenar estas lagunas de datos es la teledetección. «Pero incluso en este caso, la resolución espacial suele ser demasiado baja como para detectar la muerte de árboles individuales», añade Bastos. Para entender mejor la muerte de los árboles podría ser crucial relacionar las condiciones del sitio con el comportamiento de las especies durante las condiciones climáticas extremas. Pero todavía queda mucho camino por recorrer antes de que esto ocurra. «El acceso fácil y abierto a los datos y la mejora coordinada a nivel internacional de los estudios forestales son elementos clave«, dice Hartmann, «y en realidad son objetivos técnicamente fáciles de alcanzar en el mundo actual». Pero los obstáculos administrativos y legislativos a menudo se interponen en el camino.

"El acceso fácil y abierto a los datos y la mejora coordinada a nivel internacional de los estudios forestales son elementos clave", dice Hartmann, "y en realidad son objetivos técnicamente fáciles de alcanzar en el mundo actual". Pero los obstáculos administrativos y legislativos a menudo se interponen en el camino.. 

Así que, en conclusión, el profesor Craig Allen, de Nuevo México (EE.UU.), autor principal del estudio y padre fundador del mapa mundial de la mortalidad de los bosques, concluye que es probable que sigan produciéndose las muertes repentinas e inesperadas de árboles, «pronto, en un bosque cercano a nosotros».

Artículo

Climate Change Risks to Global Forest Health: Emergence of Unexpected Events of Elevated Tree Mortality Worldwide

Henrik Hartmann, Ana Bastos, Adrian J. Das, Adriane Esquivel-Muelbert, William M. Hammond, Jordi Martínez-Vilalta, Nate G. McDowell, Jennifer S. Powers, Thomas A.M. Pugh, Katinka X. Ruthrof, Craig D. Allen

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