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Oriol Lapiedra, un apasionado de la naturaleza a quien las oportunidades atrapan currando

El trabajo de campo fue la chispa que vinculó a Oriol Lapiedra con la investigación, así como leer artículos científicos e intentar identificar problemas. Imagen: CREAF.
El trabajo de campo fue la chispa que vinculó a Oriol Lapiedra con la investigación, así como leer artículos científicos e intentar identificar problemas. Imagen: CREAF.

Oportunidad es una de las palabras que salpican constantemente el discurso del investigador del CREAF Oriol Lapiedra: cuando habla de su primer trabajo de campo para estudiar un pájaro amenazado en Lleida (trabajando en el Departamento de Fisiología Animal de la Universitat de Barcelona), cuando recuerda su doctorado en el CREAF con el investigador Daniel Sol Rueda y cuando explica cómo a continuación inició un período de 5 años en la Universidad de Harvard, a partir de haber contactado en un congreso con los biólogos evolutivos Jonathan Losos y Jason J Kolbe. Sigue hablando de oportunidad cuando explica su regreso a Europa y al CREAF como investigador post doctoral, para crear su propio laboratorio, y también cuando detalla su designación 2 veces como National Geographic Explorer a raíz de su investigación con lagartos Anolis. Incluso habla de oportunidad al rememorar estancias en el Pirineo de pequeño y en familia, unas vacaciones que le servían para seguir observando aves. Y escuchándole, una se cuestiona si resulta que está ante un apasionado al que las oportunidades atrapan currando.

Plantas, minerales y dinosaurios fueron parte de su fascinación infantil por la naturaleza, hasta que los pájaros ocuparon un espacio fundamental. «Los pájaros se convirtieron en un refugio, siempre los tenía en la cabeza y eran mi mundo. Viajando en coche siempre me hacía una lista mental de pájaros. Siempre los estaba escuchando: si no me interesaban las conversaciones o si hacía alguna tarea mecánica», rememora. La influencia de unos abuelos propietarios de una pajarería parece un buen inicio del cuento de un niño cautivado por las aves, que guardaba sus sonidos en la memoria. Pero esta fábula tiene su dosis de fantasía, porque el propio Lapiedra reconoce que dedicar su tesis doctoral a investigar la conducta de los pájaros no es el resultado de un legado familiar.

"El corto plazo y la falta de estabilidad son tan habituales hoy en ciencia, que con demasiada frecuencia pensamos más en la productividad que en hacer ciencia relevante, que significa responder a preguntas relevantes"

“Mi doctorado giró en torno al papel del comportamiento animal en la evolución. Identificamos patrones evolutivos de más de 300 especies de palomas, un tema que me cautivó pero faltaba una respuesta crucial: ¿las diferencias en el comportamiento pueden implicar una selección natural? Dicho de otra forma: ¿la selección natural actúa sobre el comportamiento? Por ejemplo, en largos períodos de sequía sólo sobreviven los pinzones de las Galápagos con picos más grandes y fuertes para romper semillas endurecidas”. En el laboratorio donde hizo la tesis doctoral se focalizó en contestar preguntas y retos en una etapa de aprendizaje profundo: “Aprendí cosas que nunca hubiera pensado que iba a tratar, como métodos filogenéticos, trabajo con datos… y curré mucho”.

Cuando un artículo te cambia la vida

El trabajo de campo fue la chispa que le conectó con la investigación y, seguidamente, leer artículos científicos e intentar identificar problemas. Justamente, leer un artículo sobre lagartos Anolis le cambió la vida profundamente en 2012: no sólo marcó el inicio de su trabajo científico con saurios dejando de lado las aves, sino que abrió la puerta a 5 años de colaboración con sus autores –los investigadores Jonathan Losos y Jason J Kolbe– en la Universidad de Harvard. «Me puse en contacto con ellos, les conocí en un congreso en Estados Unidos y tuvieron el detalle de contestarme y reunirse conmigo», explica. «Fue una decisión muy meditada y nada impulsiva y se convirtió en una de esas situaciones en las que recibir respuesta a un correo electrónico me cambió la vida».

"Me considero naturalista, es decir, las cosas me han ido bien cuando he observado la naturaleza y me he preguntado el por qué de determinados patrones"

El recién doctorado Oriol Lapiedra seguía teniendo pendiente contestar si la selección natural actúa sobre el comportamiento. Pero era necesario cambiar de animal: con pájaros era imposible y no quería trabajar con peces. Losos y Kolbe utilizaban pequeñas islas de las Bahamas como cápsulas de petri, donde introducían poblaciones de lagartos Anolis para observar su comportamiento bajo diferentes condiciones. La fascinación de Lapiedra fue tal, que desde entonces los movimientos sincopados propios de las lagartijas de sangre fría centran su vida científica.

Los lagartos anolis de Ibiza (Baleares) son uno de los focos de la investigación científica de Oriol Lapiedra. Imagen de Guillem Casbas Pinto, colaborador del trabajo de campo del proyecto Beecoevo, liderado por Oriol Lapiedra.
Las lagartijas de Ibiza (Baleares) son uno de los focos de la investigación científica de Oriol Lapiedra. Imagen de Guillem Casbas Pinto, colaborador del trabajo de campo del proyecto Beecoevo, liderado por Oriol Lapiedra.

«Se habla mucho sobre personalidad animal, yo prefiero hablar de variación individual del comportamiento: el primer reto es cómo encontramos comportamientos en libertad con garantía de ser ecológicamente relevantes y, el segundo, cómo evaluamos el comportamiento». Y apunta lo que parece una declaración de intenciones y una autodefinición: «me considero naturalista, es decir, las cosas me han ido bien cuando he observado la naturaleza y me he preguntado por qué se producen determinados patrones».

Investigar en EEUU

Trabajó casi 5 años en la Universidad de Harvard, financiados mediante un premio a su tesis doctoral, becas (como su primera National Geographic Explorer) y contratos laborales que le aportaron suficiente estabilidad. «Al laboratorio de Jonathan Losos llegué con mucho empuje y, si bien los primeros 6 meses me los financié con un premio, rápidamente obtuve estabilidad». La colaboración culminó con la publicación en la revista Science del artículo Predator-driven natural selection on risk-taking behavior in anole lizards.

«El trabajo realizado y los resultados obtenidos cerraron un ciclo científico, un antes y un después en la carrera científica», afirma con absoluta naturalidad. Y añade: “de hecho, el día en que se publicó el trabajo, nació mi primera hija. Y volver a Europa fue una decisión ligada al convencimiento de que ya había demostrado lo necesario: empezar una investigación de cero, desvinculada de mi tesis, con toda la implicación personal que supuso por tener pocos recursos…”. Una beca permitió a la familia regresar a Europa, teniendo en cuenta que una de las prioridades también era la reubicación profesional de su pareja, una investigadora científica principal que ganó una plaza en Catalunya. Si bien Lausanne, en Suiza, era una opción, finalmente Oriol Lapiedra decidió volver al CREAF: “se está constituyendo como un centro de investigación europeo de referencia en ecología. Tiene muy buenos investigadores e investigadoras en cambio global, invasiones biológicas y urbanización, aspectos que me interesan mucho”, argumenta.

Pensar en grande

La principal enseñanza que Lapiedra se lleva de Estados Unidos es cambiar la forma de pensar, ser capaz de plantear los proyectos con alcance y sin limitaciones iniciales. Y, además, un refuerzo sólido y persistente sobre la necesaria diversidad de las personas que integran grupos de investigación, sobre todo de género pero también de edad, nacionalidad y habilidades.“Una de las cosas más importantes que me llevo de los Estados Unidos es un cambio de mentalidad para aprender pensar en grande. Primero pensar con ambición en las preguntas a contestar y, a continuación, tener en cuenta las limitaciones… pero nunca al revés”. Y, dado que nombra sin tapujos la precariedad del sistema científico, a continuación afirma que “el corto plazo y la falta de estabilidad son tan habituales hoy en investigación, que demasiado a menudo pensamos más en la productividad que en hacer ciencia relevante, que significa responder a preguntas relevantes”.

La diversidad de género, experiencia, formación, edad y nacionalidad de los equipos es esencial para el investigador Oriol Lapiedra, que la cuida y promueve al máximo en su laboratorio. Imagen: CREAF.
La diversidad de género, experiencia, formación, edad y nacionalidad de los equipos es esencial para el investigador Oriol Lapiedra, que la cuida y promueve al máximo en su laboratorio. Imagen: CREAF.
"Si un grupo de investigación se compone de hombres de raza blanca como ha sido tradicionalmente... eso no es innovación, es más de lo mismo"

En su discurso la necesidad de diversificar los equipos es casi un mantra y, cuando le pregunto a qué se refiere, lo tiene claro: en primer lugar, género. Y, a continuación, defiende una heterogénea experiencia profesional, distintas formaciones, edad, nacionalidad… “Yo estudio la variación individual en el comportamiento y detecto que la diversidad de perfiles beneficia a las poblaciones, por sus diferentes maneras de hacer frente a depredadores. Es la diversidad lo que les permite salir adelante”. Y asegura que presta especial atención a la internacionalización y, por eso, en su equipo hoy cuenta con personas de Polonia, Estados Unidos y Grecia, entre otras. “Diferentes culturas en el laboratorio ponen en común maneras complementarias de plantear problemas e identificar soluciones, lo tengo clarísimo”, afirma, al tiempo que lamenta que en Europa no hayan llegado todavía a la universidad y a la investigación las segundas generaciones de familias inmigradas. «Si un grupo de investigación se compone de hombres de raza blanca como ha sido tradicionalmente… eso no es innovación, es más de lo mismo».

"Diferentes culturas en el laboratorio ponen en común formas complementarias de plantear problemas e identificar soluciones, lo tengo clarísimo"

Los desafortunados ejemplos de diferencia de oportunidades entre científicas y científicos, las micro agresiones cotidianas y la necesaria resiliencia por parte de las mujeres en ciencia forman parte también de una realidad que le preocupa, que ha observado tanto en Estados Unidos como en Europa.

"La investigación debe servir para responder preguntas, no para publicar"

En paralelo a la preocupación sobre género sobrevuela un pensamiento sobre cómo funciona la ciencia: “Desgraciadamente, el sistema científico nos fuerza mucho a publicar, sobre todo a investigadores e investigadoras jóvenes, y esto no es ni bueno ni malo pero no ayuda cuando hace perder el foco y quita tiempo para plantearse preguntas grandes. Y la investigación debe servir para responder preguntas, no para publicar”. Y un agradecimiento a los referentes que le han acompañado. De nuevo, las oportunidades. “He tenido la suerte de tener cerca a personas de referencia que me han ayudado a orientarme, a contestar preguntas más que a publicar artículos”.

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