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¿Qué es la desertificación y cómo prevenirla?

Paisaje del Valle de Òdena después del incendio de 2015. Imagen: Galdric Mossoll
Paisaje del Valle de Òdena después del incendio de 2015. Imagen: Galdric Mossoll

¿Sabías que en Cataluña dos tercios del territorio son vulnerables a la desertificación? Este fenómeno se da en zonas de clima árido o semiárido y conduce a un ciclo vicioso donde el suelo acaba degradándose totalmente y es muy difícil salir de ello. Las comarcas de la cuenca del Ebro y las comarcas centrales de Tarragona y Lérida serían las zonas más vulnerables de Cataluña si tomamos como referencia el clima actual que tienen y el que experimentarán en los próximos años por el efecto del cambio climático.  

Son zonas que presentan un clima subhúmedo seco y semiárido mediterráneo, donde el cambio climático está provocando sequías más frecuentes y de mayor duración, y donde en algunos lugares se ha dado un uso intensivo de la tierra poco sostenible que conlleva mayor riesgo de erosión. 

Mapa de la media del Índice de aridez entre 1991-2020. Los colores anaranjados indican incremento de la aridez y los colores azules al contrario. Fuente: S. Beguería (EAD-CSIC). Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).

La prevención es clave para no llegar a este punto y en este post del blog, en el Día Mundial Contra la Desertificación, queremos explicártelo. ¡Vamos paso a paso! 

Es en los primeros 10 centímetros de tierra que tenemos debajo de los pies donde se concentra la mayor parte de la vida terrestre de nuestro planeta.

Los primeros 10 centímetros de tierra que tenemos bajo los pies son donde se concentra la vida terrestre en nuestro planeta. A esta primera capa la llamamos horizonte A u organomineral, y a menudo está cubierta por la hojarasca (el horizonte O), unas capas delgadas pero muy ricas en materia orgánica que son claves para almacenar los nutrientes y el agua que luego absorberán las plantas. 

En el suelo encontramos otras capas más profundas, como los horizontes minerales (B) seguidos de un horizonte de roca madre ya bastante alterado (C) justo encima de la roca madre. Y es que el suelo no es más que el resultado de la fragmentación y alteración de los minerales primarios de la roca madre en secundarios que, al mezclarse con residuos vegetales, va creando esta mezcla fértil que da lugar a la vida, las plantas, los hongos, los microorganismos y el resto de seres vivos que dependen de él. 

Imagen de los diferentes horizontes en un suelo de Galícia. Imagen: Anna Ramon, CREAF

¿Cómo se forma el suelo?

Cómo será el suelo de un lugar depende de 5 factores diferentes 

  • Material parental: Como lo llaman los edafólogos, puede ser desde una roca madre hasta otros materiales como aluviones o coluviones. Este material se va rompiendo y deshaciendo, siendo el inicio del ciclo de formación del suelo. La formación del suelo se dará más o menos rápido según la calidad de la roca madre, que puede ser más dura o blanda dependiendo del material. 
  • Clima: En un clima muy lluvioso y con temperaturas altas la degradación de la roca madre puede llevarse a cabo de manera más rápida. 
  • Materia orgánica: Cuanta más vegetación haya sobre el suelo o cerca, mayor probabilidad de que se vaya creando o engrosando el suelo. Esta materia orgánica hace el suelo más capaz de retener e infiltrar suficiente agua, ayudando a que se forme el suelo y aumentando la actividad biológica. 
  • Topografía: A mayor pendiente, más difícil será que se cree un suelo, porque la gravedad y la erosión contrarrestan la formación del suelo. En cambio, en hondonadas, estos procesos acumulan materiales y el suelo allí es más grueso. 

¿Cuanto tarda a formarse el suelo?

El suelo se forma más o menos rápido según estos 5 factores, no hay una velocidad estándar. Sin embargo, dado que el suelo no es un recurso renovable y cuesta muchos años formarse desde la escala de tiempo humana, se suele decir que para cada centímetro de suelo creado se necesitan 100 años. Una aproximación pedagógica que no está muy lejos de la realidad y que ayuda a entender que cuando perdemos suelo en un lugar, no lo recuperaremos en siglos. 

«Decimos que para cada centímetro de suelo creado se necesitan 100 años. Una aproximación pedagógica que no está muy lejos de la realidad.»

XAVIER DOMENE, investigador del grupo de edafología del CREAF.

Consecuencias de la degradación del suelo

Perder suelo implica perder funciones vital como el reciclaje de restos vegetales y animales en materia orgánica estable que aporta nutrientes por las plantas, o la capacidad de filtrar el agua.

El suelo es un sistema vivo que cumple funciones muy relevantes para el funcionamiento de la vida en la tierra. Por ejemplo, recicla los restos vegetales que recibe (madera muerta, hojas, ramas, animales, etc.) en un proceso de descomposición y mineralización que permite la creación de materia orgánica estable a largo plazo y que aporta nutrientes que luego son claves para las plantas. Gracias a este proceso, el suelo es un almacén de carbono increíble, capaz de secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera durante siglos. Además, gracias al suelo, el agua se filtra y se limpia, funcionando como una gran esponja que retiene el agua para las plantas y los animales. 

Cuando perdemos suelo perdemos estas funciones, por lo que su pérdida es una preocupación muy grande en la que el CREAF trabaja desde hace años. 

Causas de la degradación de los suelos 

Sabemos que un suelo aún no se ha degradado permanentemente cuando con acciones suaves el suelo mejora. Una acción suave, por ejemplo, sería dejar de cultivar un suelo que se está comenzando a erosionar y destinarlo a actividades forestales. Otra acción sería aportarle compost para mejorar su estructura y reducir la erosión. Cuando un suelo ya no mejora ni con las acciones más duras decimos que su degradación es irreversible, como la situación que se da en las minas a cielo abierto. En estos casos hay que rehacer el suelo desde cero, mediante la construcción de suelos artificiales o tecnosuelos

Los procesos que degradan los suelos son muy variados. Por poner algunos ejemplos encontramos: 

  • Contaminación: Provocada por productos o residuos de actividades industriales, vertidos incontrolados de residuos, escombros, vertidos incontrolados de aguas residuales, uso incorrecto de pesticidas y/o abonos, alcantarillado antiguo en mal estado, deposición de contaminantes atmosféricos, etc. 
  • Salinización: Provocada por la alta concentración de sales por la reducción de la precipitación o por el riego con aguas de mala calidad. 
  • Compactación: Causada por el uso de maquinaria pesada o por otros elementos que compactan (animales de pastoreo, aparcamientos de coches, frecuentación humana, etc.). 
  • Mala gestión agrícola: Si los suelos han sido cultivados de manera intensiva, con arados profundos y constantes, uso de pesticidas y otros químicos, riego constante, el suelo pierde vida interna y fertilidad. 
  • Erosión: Cuando un suelo pierde material, sobre todo de la capa más superficial, la más rica, pierde también funciones y se degrada. 
  • Desertificación: Un proceso que se da en zonas áridas donde llueve poco y donde se puede observar un círculo vicioso de erosión unido a pérdida de materia orgánica del suelo. 
Bioconstrucción en forma de entramado y malla compostable para evitar la erosión de un talud en el Parque Natural del Alt Pirineu. Imagen: Marta Josa, CustForest

¿Qué es la erosión? 

La erosión es la pérdida de suelo de un lugar hacia otro. Para que se dé la erosión el material debe ser arrastrado por un fluido, sea aire o agua. Así, podemos decir que hay una erosión provocada por el viento, la erosión eólica, poco frecuente en Cataluña, o por el agua, la más frecuente en nuestra tierra. 

La pendiente, la vegetación y la porosidad del suelo son las características que marcan el riesgo de erosión de un suelo.

El agua erosiona a medida que desliza superficialmente por un terreno (escorrentía), así habrá más erosión cuanto más agua caiga, pero también según la pendiente que tenga un lugar, ya que acelera este deslizamiento. Por otro lado, la capacidad del suelo para absorber agua (infiltración) también será importante para saber si será fácilmente erosionable o no. Un suelo que tiene una buena estructura, es decir, poroso y poco compactado, tendrá más capacidad de absorber más agua y también retenerla, haciendo más difícil la erosión. Por último, la cantidad de vegetación también es muy importante. Un terreno con muchas plantas será capaz de frenar más el agua y será una protección para evitar perder tierra cuando llueve, pero también esponja el terreno con el aporte de materia orgánica y los canales que dejan sus raíces al morir. 

Erosión y cambio climático, un pez que se muerde la cola 

Por culpa del cambio climático, en Catalunya también estamos viviendo un aumento de la erosión provocada por el incremento en la cantidad e intensidad de las lluvias torrenciales.

Sin embargo, en Cataluña hay que tener presente que debido al cambio climático también estamos viviendo un aumento de la erosión provocada por el incremento en la cantidad e intensidad de las lluvias torrenciales. Además, con el aumento de temperaturas también se espera menos crecimiento vegetal en la zona mediterránea, lo que hace disminuir la materia orgánica del suelo y que este sea menos poroso. Un hecho colateral que también hay que tener en cuenta es el de los incendios, el cambio climático puede provocar más incendios en determinadas zonas que dejarían un suelo desprotegido y más vulnerable a la erosión

Fuente: Dirección General de Conservación de la Naturaleza, año 2000.

¿Cómo podemos prevenir la erosión? 

En este sentido, la lucha contra el cambio climático es clave para revertir los procesos de erosión, especialmente en el mediterráneo. 

Sin embargo, para prevenir la erosión desde hoy mismo, lo mejor que podemos hacer es pedagogía sobre las mejores maneras de gestión del suelo y del paisaje, la prevención es la clave para evitar que una tierra se erosione. Por ejemplo: 

  • No segar los taludes y dejar que crezca la vegetación para reducir la escorrentía superficial. Esto significa mantener cubiertas verdes en terrenos vulnerables a la erosión (zonas con pendientes, cultivos, etc.). 
  • Promover la agricultura regenerativa, una forma de cultivar que al no arar y promover el aumento de la materia orgánica, compacta menos porque entra menos maquinaria, ni la contamina, porque no se utilizan químicos. 
  • Realizar una silvopastura (pastoreo dentro del bosque) sostenible, regenerativa o holística, para que los animales se alimenten pero no eliminen toda la cubierta verde, ni compacten tanto el suelo excesivamente. 
  • Gestionar la sobrefrecuentación y actuaciones en el medio natural en zonas con pendientes vulnerables. Diseñar correctamente los caminos y sobre todo su drenaje para minimizar que generen puntos de erosión. 
La agricultura regenerativa promueve el aumento de materia orgánica en el suelo, lo que le confiere una mayor estructura y potencia la biodiversidad. Imagen: Galdric Mossoll

¿Qué es la desertificación? 

La desertificación es un proceso de degradación total del suelo que se da exclusivamente en zonas áridas (con poca lluvia) y tiene implicaciones para la biodiversidad.

La desertificación es un proceso de degradación total del suelo que se da exclusivamente en zonas áridas (con poca lluvia) y que tiene implicaciones para la biodiversidad. En este proceso, el suelo tiene un papel clave y hablamos de un fenómeno que se retroalimenta. Te lo explicamos: 

Cuando no llueve en un territorio hay menos vegetación, o crece menos, y por tanto entra menos materia orgánica al suelo, sin tanta materia orgánica el suelo se compacta porque pierde estructura (los típicos conglomerados de tierra que hacen que quede porosa), esto provoca que se pierda capacidad de infiltrar agua y que el agua que cae al final acabe provocando erosión y la pérdida de la materia orgánica de la capa superficial. El poco agua que cae no se infiltra y por tanto no la puede aprovechar ni la poca vegetación que queda, reduciéndose por tanto los aportes de materia orgánica al suelo. 

Fuente: Instituto Geográfico Nacional de España

Aunque es un proceso que se ha dado de manera natural ante cambios climáticos del pasado, la desertificación se está acelerando en todo el mundo (o dándose en lugares donde no debería) por la actividad humana y el cambio climático actual. Algunos de los motores de la desertificación en la península Ibérica son: 

  • Incremento de la aridez y de los fenómenos meteorológicos adversos (sequías y lluvias torrenciales) debido al cambio climático. 
  • Disminución generalizada de la rentabilidad de gran parte de las actividades agropecuarias y forestales. 
  • Intensificación de los sistemas agrícolas: expansión de regadíos y cultivos leñosos en zonas marginales o de cultivo anual sin una estrategia clara de manejo sostenible según las condiciones locales. 
  • Aumento de la demanda de agua para uso agrícola, tanto subterránea como superficial, en muchas cuencas de España. 
  • Abandono de la agricultura de secano y de los sistemas agrosilvopastoriles. 
  • Abandono de prácticas de conservación de suelos y agua, especialmente en los sistemas agrarios intensivos. 
  • Ausencia de gestión en masas forestales. 
  • Incremento del riesgo de incendios por expansión de biomasa vegetal. 
  • Ocupación de suelos productivos por expansión urbana, uso industrial y desarrollo de infraestructuras. 
  • Despoblación en zonas rurales y pérdida de capital humano y social: mayores dificultades en implementar medidas de gestión sostenible del territorio y pérdida de conocimiento local en la conservación de suelos y agua. 
  • Creciente desvinculación de los sistemas de producción primaria con los recursos del territorio, incluida su dimensión cultural y emocional. 

¿La desertificación es irreversible? 

La desertificación se puede revertir con planes de larga duración que pongan el foco en aumentar la vegetación del lugar. Los ejemplos que han funcionado han comenzado la restauración del lugar desertificado plantando especies resistentes a estas condiciones áridas. Con estas plantaciones se busca activar de nuevo el ciclo de la materia orgánica, la resistencia a la erosión y una mayor retención de agua en el suelo de cuando hay precipitaciones, lo que permite el retorno de especies menos resistentes. 

Además de esto, a escala local también se puede intervenir a nivel topográfico, intentando reducir la pendiente con terrazas o implementando el keyline, una técnica orientada a recuperar el máximo de agua que cae en un espacio concreto, mediante canales, balsas o incisiones en el suelo. 

Vicenç Carabassa, investigador del grupo de restauración de suelos del CREAF visitando un proyecto de restauración en una cantera. Imagen: Galdric Mossoll

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