La falta de gestión de los bosques mediterráneos está acelerando la sustitución de pinos por encinas

Un estudio liderado por el CREAF constata que la colonización de encinas, y otros árboles de hoja ancha, en la Península Ibérica es mucho más rápida de lo esperado. Las causas principales son el abandono de la gestión forestal y el cambio climático.

Hoja de encina en el Montseny. Autor: Jose Luís Ordóñez.
Hoja de encina en el Montseny. Autor: Jose Luís Ordóñez.

Los árboles de hoja ancha (frondosas) de la Península Ibérica -encinas y robles principalmente- se han mantenido normalmente en segundo término bajo las copas de diferentes especies de pinos. Pese a esto, las sequías repetidas y el aumento del número de incendios, consecuencias del cambio climático, han hecho que las frondosas cogieran protagonismo frente los pinares, porque se adaptan mejor a estas perturbaciones. Ahora, un estudio publicado en la revista Global Change Biology advierte que el abandono de la gestión forestal también decanta la balanza hacia los frondosas, especialmente los encinares, que están colonizando los bosques mediterráneos más rápido de lo previsto. El estudio se ha llevado a cabo con los datos de unas 33.000 parcelas de los Inventarios Forestales Nacionales (IFNs).

Esta sustitución podría ser considerada, de hecho, una reocupación: «La encina es una especie típicamente mediterránea que ya hace años que podría haber ocupado grandes extensiones de la península, pero con la gestión forestal y por razones económicas han favorecido los pinos ─en detrimento de las alzines─, porque la madera se pagaba mejor», recuerda el autor principal del artículo, Jordi Vayreda.

Los bosques del norte y de las montañas medias son los más perjudicados por esta sustitución, ya que podrían no resistir las sequías previstas para un futuro.

Queda por demostrar si estos cambios en la gestión podrían derivar en un problema para la estabilidad de los bosques, sobre todo en el norte de España. En esta región predominan especies típicas del centro de Europa y, por tanto, menos adaptadas al clima mediterráneo, como es el caso de los pinares de pino silvestre. También aquí se está dando la sustitución y los pinares están desapareciendo en favor del haya. Los hayedos no están adaptados a las sequías acusadas y, si se cumplen las predicciones de aridez generada por el cambio climático, podrían tener graves problemas para sobrevivir.

Pineda de pino silvestre con frondosas creciendo en el sotobosque. Autor: Lluís Comas.
Pineda de pino silvestre con frondosas creciendo en el sotobosque. Autor: Lluís Comas.

Los animales dispersores de semillas y la resistencia a la sombra también favorecen los encinares

El estudio destaca al menos dos motivos más, aparte del abandono forestal, por los que se está dando la sustitución de los pinos por hayas, robles y encinas. El primero es que las semillas de las frondosas se dispersan gracias a animales, por lo tanto tienen un alcance de colonización más grande y más rápido. Y el segundo es que la mayoría de frondosas pueden germinar y crecer en condiciones de sombra, mientras que la mayor parte de pinos sólo pueden hacerlo bajo condiciones de mucha luz.

También la temperatura tiene relación. Se ha visto que a más altura, donde el clima es más frío, el ritmo de colonización de las frondosas es más rápido y, en cambio, los pinos desaparecen más velozmente de las altitudes bajas.

En definitiva, sin el calentamiento global también se produciría esta sustitución de especies, aunque probablemente no tan rápido como ahora. «Este estudio pone de relieve, una vez más, la importancia de la gestión forestal para adaptar nuestros bosques al cambio climático», concluye Vayreda.

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