Por qué son importantes los bosques tropicales en la lucha contra el cambio climático

Desforestación en un bosque tropical en la República Democrática del Congo. Autor: Pau Coll, RUIDO Photo.
Desforestación en un bosque tropical en la República Democrática del Congo. Autor: Pau Coll, RUIDO Photo.

Mantener un clima estable pasa por conservar la naturaleza y, con ella, los bosques tropicales primarios son una de las prioridades. En este contexto, desde el CREAF asistimos a la COP 27 para poner énfasis en que la lucha contra el cambio climático y la degradación de la naturaleza son dos retos hermanos, dos caras de la misma moneda, y que deben encararse de forma conjunta. Además, la COP 27 coincide con el final del proyecto PRIMARY, en el que el CREAF y los fotoperiodistas de RUIDO Photo hemos estado dos años realizando viajes a bosques de Congo, Brasil e Indonesia para fotografiar y sensibilizar sobre la deforestación de bosques tropicales primarios. El objetivo del proyecto es utilizar la fotografía para concienciar y fomentar políticas y decisiones informadas, que pongan el foco en detener la deforestación y hacer explícita la vulneración de derechos humanos en estos territorios. El resultado de este proyecto es, por una parte, una gran exposición fotográfica que se inaugura el próximo 10 de noviembre en la Glorieta del Parque de la Ciudadela de Barcelona y, por otra, una serie de infografías sobre la importancia de los bosques tropicales primarios en la lucha contra el cambio climático y las principales amenazas que sufren. La deforestación importada es una de las principales

El uso de la tierra puede contribuir significativamente a mitigar el cambio climático mediante la gestión sostenible de los bosques y océanos, así como de otros ecosistemas terrestres, costeros y marinos. 

La degradación de la naturaleza va muy ligada al uso de la tierra, y la deforestación para obtener tierras de cultivo es un ejemplo de ello. En este sentido, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC en sus siglas en inglés) ha propuesto el uso de la tierra como un tema clave de la COP 27. La UNFCCC reconoce que el uso de la tierra puede contribuir significativamente a mitigar el cambio climático mediante la gestión sostenible de los bosques y océanos, así como de otros ecosistemas terrestres, costeros y marinos. Asimismo, el artículo 5 del Acuerdo de París reitera la importancia de conservar los bosques y mantener la REDD+, el marco que engloba las actividades del sector forestal que reduzcan las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal.

“La salud de los ecosistemas terrestres y marinos es clave para solucionar la crisis climática y biodiversidad. El conocimiento científico es inherente a la solución: para entender el contexto y colaborar poniendo el foco en las posibilidades”, afirma Alicia Pérez-Porro, coordinadora científica del CREAF que asistirá a la COP 27.

Reguladores del clima global

Infografía sobre bosques tropicales primarios. Autora: Laura Fraile.

Los bosques primarios tropicales son entornos vírgenes que no han sido alterados por la acción humana. Se encuentran en los trópicos, en concreto en el Amazonas, la cuenca del Congo y el sureste asiático. Representan el 26% de la cobertura forestal y contiene dos tercios de la biodiversidad del planeta. Son reguladores climáticos a alcance local, regional y global y tienen una capacidad para almacenar casi el 68% del stock de carbono global. Pero el cambio climático, la deforestación y la degradación están alterando esta facultad y los está convirtiendo en emisores de carbono. Esto provoca un aumento de las temperaturas que retroalimenta el cambio climático.

Los stocks de carbono en bosques primigenios pueden llegar a acaparar el 68% del stock global de carbono

Ana María Yáñez, investigadora del IDAEA y asociada al CREAF, apunta que «los stocks de carbono en bosques primigenios pueden llegar a acaparar el 68% del stock global de carbono (Bebber and Butt, 2017). Por ejemplo, se ha calculado que el Amazonas contiene 150-200 billones de toneladas de carbono (Nobre et al., 2016), comparado con la emisión de CO2 debida a la actividad humana en 2019 que fue de 43.1 billones de toneladas de CO2. Además, hay que tener en cuenta las emisiones de CO2 que producen los incendios forestales causados ​​al deforestar el bosque y la disminución de árboles capaces de absorber carbono a raíz de esta deforestación. El cambio climático aumenta la mortalidad de los árboles y disminuye ésta capacidad de absorción y almacenamiento de carbono”.

En 2020 se deforestó una extensión de bosques tropicales primarios que equivale al territorio de los Países Bajos, un 19% más que en 2019. A lo largo de la historia, el sureste asiático ha perdido aproximadamente el 50% de su cobertura forestal de bosques tropicales, África el 22% y el Amazonas el 20%.

En el ámbito forestal, en el contexto de la COP 26 se llegó a un acuerdo clave en este tema: más de 100 países apoyaron un acuerdo mundial para poner fin a la deforestación, una de las mayores amenazas si queremos mantener esos porcentajes y no empeorar la situación. Detrás de este acuerdo había más de 130 líderes que representan a más del 85% de los bosques del mundo, que quieren revertir la deforestación en 2030. Sin entrar a valorar cómo se implementarán y la efectividad de las medidas, el CREAF valora positivamente los acuerdos que se tomaron en Glasgow en relación a no deforestar y esperamos a conocer los efectos del acuerdo un año después.

Bosques que refrescan la atmósfera

El investigador del CREAF y profesor de la Universidad de Barcelona Santiago Sabaté afirma que “es muy importante detener la deforestación y concretamente la de los bosques tropicales, porque son sistemas naturales que no sólo contienen mucho carbono almacenado, sino que también ofrecen otros servicios de regulación relacionados con el clima, imprescindibles para preservar la estabilidad climática. Uno de ellos es el efecto de refrescar el planeta, el efecto botijo«.

Los bosques tropicales son los grandes botijos del planeta. ¿Cómo se explica ese efecto? Una vez lleno de agua, el botijo ​​transpira gracias a su material poroso. Al evaporarse el agua transpirada, refresca la superficie del recipiente y mantiene el líquido interior más frío que el ambiente exterior. Lo mismo que cuando notamos la frescura del viento al evaporarse el sudor de nuestro cuerpo. Los bosques tropicales, por su dimensión y cantidad de agua evaporada, refrescan estas zonas tropicales y mitigan el calentamiento de la superficie.

Deforestación en un bosque tropical en Congo
Desforestación en un bosque tropical en la República Democrática del Congo. Autor: Pau Coll, RUIDO Photo.
Els boscos tropicals, per la seva dimensió i quantitat d’aigua evaporada, refresquen aquestes zones tropicals i mitiguen l’escalfament de la superfície.

Poder transpirar agua es esencial para refrigerar las superficies terrestres. Por tanto, más que el pulmón del planeta, podemos decir que los bosques tropicales juegan un efecto refrigerador clave. A escala científica, se considera que los bosques tropicales o pluvisilvas tienen un papel fundamental en la termo-regulación porque son espacios naturales donde se produce una transpiración constante y a muy gran escala, la capacidad de enfriar beneficia al clima global. Son bosques donde llueve mucho, entra mucha energía de radiación y hace mucho calor.

“El vapor de agua de la atmósfera del Amazonas contiene 1/3 de agua reciclada por el bosque y 2/3 de vapor de agua proveniente del océano Atlántico. Esta masa de aire con alto contenido de vapor de agua llega a la cordillera de los Andes donde cambia de dirección hacia el sudeste de América del Sur, llevando lluvia a esta región. Si no fuera por el bosque tropical Amazónico, esta zona sería árida. De forma similar, parte del agua que llega al Sahel y al altiplano Etíope donde nace el río Nilo proviene en parte de los bosques primarios tropicales africanos de la cuenca del Congo”, explica Ana María Yáñez, investigadora del IDAEA y asociada al CREAF.

El agua entra y sale de forma continua y se recicla en sentido vertical, clave para disipar la energía absorbida en superficie sin que aumente tanto la temperatura. “Si deforestamos perdemos parte del circuito de agua de lluvia y perdemos capacidad de disipar energía, sin que estos bosques contribuyan tanto como ahora a refrigerar el planeta. En este sentido, su papel global es muy relevante”, concluye Santiago Sabaté.

¿Bosques tropicales o sabanas?

Infografía sobre las amenazas de los bosques tropicales. Autora: Laura Fraile.

El cambio climático y la intervención humana están degradando a ritmos acelerados los bosques tropicales. Estudios recientes ya han puesto de manifiesto que la capacidad de absorber carbono por parte de los bosques tropicales podría tener fecha de caducidad, y en 2022 un artículo en Nature adelantaba que cada vez estamos más cerca de que los bosques tropicales se conviertan en sabanas. En esta situación, los bosques tropicales podrían pasar a ser neutros (lo que absorberían durante la fotosíntesis sería igual que a lo que emitirían por la noche al respirar) o incluso, en el peor de los casos, a emitir CO2 hacia la atmósfera (harían mayor respiración que fotosíntesis y el balance global de CO2 no sería negativo, sino positivo). Si esto ocurriera, las consecuencias para el planeta serían imprevisibles, tal como ya ha alertado la comunidad científica. En estos estudios, se apunta que la deforestación es uno de los motivos por los que los bosques tropicales cada vez acumulan menos CO2. Por ejemplo, en zonas como el sur del Amazonas, la República Democrática del Congo o en Indonesia se han detectado grandes pérdidas anuales de carbono debido a la deforestación. Por otra parte, las regiones que no han sido sometidas a una deforestación masiva siguen actuando como sumideros y almacenes de carbono orgánico.

Carbono que da vida

Pero no sólo hablemos del clima: cuando hablamos de bosques tropicales, es importante hablar también de vida. El carbono en los bosques tropicales se compacta en forma de especies vegetales diferentes y muy bien ensambladas, con mucho recorrido evolutivo que las hace irrepetibles, que conforman espacios de altísima biodiversidad y que nos proporcionan servicios ambientales y ecosistémicos vitales. En estos ecosistemas, el carbono y otros elementos nutren y mantienen esa gran riqueza vegetal y animal con ciclos de la materia muy eficientes. Estos ecosistemas tan irrigados por las lluvias concentran la mayor parte de los nutrientes en la biomasa y en la materia orgánica muerta, que será reciclada rápidamente con una gran eficiencia. De ahí también la gran importancia de mantener sus redes tróficas tan bien ensambladas y eficientes.

Imagen de la exposición PRIMARY, Brasil. Autor: Toni Arnau.
Imagen de la exposición PRIMARY, Brasil. Autor: Toni Arnau, RUIDO Photo.
La selva tropical es una red de seres vivos fascinante por su riqueza y gran actividad. 

La red de seres vivos del bosque tropical procesa y absorbe rápidamente la materia orgánica y los nutrientes que contiene, en un ciclo que va de las plantas a los insectos o herbívoros, de los herbívoros o insectos a los depredadores, ya los descomponedores que los acaban poniendo de nuevo a disposición de las plantas. La selva tropical es una red de seres vivos fascinante por su riqueza y gran actividad. Dado que en las selvas tropicales no hay nutrientes en el suelo esperando ser consumidos, ni materia orgánica latente, sino que mayormente circula de manera eficiente por las diversas biomasas, si perdemos estas partes vivas por la deforestación, también perdemos sus nutrientes empobreciéndolos en la mayoría de casos de forma irreversible. Cuando hacemos esto, estamos degradando, amputando y empobreciendo de forma irreversible la biodiversidad del planeta, con la pérdida de una riqueza irrepetible en nuestra escala temporal.

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